Como rosca sin mono

Pagando el tributo de una tradición del día de Reyes, el equipo de casa (Proceso Jalisco) encargó la rosca, calentó el cafecito y se dispuso a troncharla en pedacitos. Al que le tocara el monito, sería el pagano de los tamales el día de la Candelaria. Mas, ¡oh sorpresa!, la rosca no traía monito. Informada de la falla, la casa pastelera (Neufeld) sustituyó la pieza de pan por otra y zanjó el mal paso. No pasa ésta de ser una anécdota chusca, perdida en tantas otras minucias diarias de nuestro acontecer. Mas su gracia ingenua sugiere el nombre de esta entrega, para dedicarla a nuestras cosas públicas.

Si detiene uno por la calle a quien sea, para preguntarle por el pulso que hace de la situación social en la que se desenvuelve, no recibirá respuesta lejana a la desilusión. Como eso de estar cortando roscas de reyes que no traigan monito. A quienes andaban trapeando la cobija por cuestión de amores, o hablando con las piedras por mor de bancarrota, nuestros viejos los pintaban como moscas sin alas o como perritos sin dueño. Por desgracia, para los días que corren, la amargura y la tristeza parecen predominar en todos los semblantes. Llevamos ya muchos días encarando los fraudes y las estafas que las generan. Estos desaires o burlas se nos han vuelto moneda corriente. No podemos alegrarnos de ello.

Ejemplos a la mano sobran. Las reformas estructurales, para no ir más lejos, eran la nota. Sabemos que fueron metidas con calzador en la mente colectiva, a golpe de fanfarrias y de cajas propagandísticas, acompasadas de billete generoso en el bolsillo de sus autores formales. Por la fuerza del embute, no se detuvieron los señores legisladores a revisar contemplación alguna ya no digamos de carácter patriótico, sino tan siquiera de viabilidad financiera. Pusieron en riesgo hasta la propia fuente de ingresos con que se les pagan estos cochupos. Con la aberración parlamentaria, que aprobaron al vapor y sin leer, echaron por la borda los esfuerzos de varias generaciones y nos cerraron a todos la opción de seguir construyendo un espacio digno que reciba el nombre de nación mexicana. El estrepitoso desplome en el precio del barril de petróleo en el mundo vino a ponernos a punto de turrón. Otra vez quedamos expuestos a la orfandad.

La prometida inversión extranjera en cosa de energéticos siempre no llegará. Tampoco bajarán los precios de las gasolinas, ni el del consumo eléctrico, ni se cumplirá ninguna de todas las donosas promesas elaboradas en medio del ruido de la propaganda. Fueron cálculos mal hechos, cuyo error de fondo estuvo en buscar engañarnos a todos con el garlito de modernizar al país, o de globalizarlo, o de hacerlo más eficiente. Por efectos retóricos no pararon. Lo único que no se hizo fue hablarnos nunca con la verdad escueta. Ahí están los resultados ahora que se desploma el negocio de los hidrocarburos.

Vinieron a dar por tierra todos sus estrafalarios embustes. De valer el barril de petróleo más de un centenar de dólares, hoy su precio ronda apenas los 40 billetes verdes. Da lo mismo que se hable de la extracción de crudo, o que se dirija la atención al gas shale. Se nos dijo que carecemos de la técnica para explotar las vetas profundas del crudo o para obtener el gas natural de lutitas cuya explotación, por cierto, está siendo combatida en la propia unión americana. Había que invitar a extranjeros peritos en tales artes, aunque lo son también en el del despojo y del saqueo. Nuestros diputados y senadores adelgazaron la soberanía nacional hasta tornarla invisible.

Estamos lucidos pues. Si vienen a saquearnos unos vivales extranjeros, nos va mal. Pero si no vienen, porque se les entrampó el viaje, tampoco mejora nuestra situación. ¿De qué hemos de agarrarnos pues? Por eso decimos que andamos como perros en medio del viaducto. Y si le pasamos la lupa analítica a las demás reformas cacareadas, de seguro que salimos igual de mal librados. El desempleo es una asignatura reprobada de nuestra economía desde hace ya varios lustros. Con la reforma laboral se dijo que se iba a corregir la plana. Pero los números no avalan tales dichos legislativos. Tampoco se redujo el umbral de la pobreza, sino que se nos disparó en serio. Y en cuanto a los montos de la retribución salarial, ya no tiene caso señalarlos. El cuerpo financiero de la nación padece una enfermedad terminal.

Los conflictos más recientes que estamos viviendo con la desaparición de los muchachos de Ayotzinapa, tienen que ver con la dinámica impregnada a las reformas en el campo educativo. Es tan complejo el tema que es preferible abordarlo con más calma. La sensación de engaño, de mentira, de ocultamiento de la verdad es lo que ha puesto de cabeza a las autoridades frente a toda la población. El nivel de credibilidad de las instancias judiciales no conoce nivel más bajo en muchas décadas. Quizás se le empareje apenas al aciago año de 1968, en el que no se daba un comino más por las autoridades. El paquete de aclaraciones otorgado por la PGR en torno a los casos de Tlatlaya e Iguala sacudió la adormilada conciencia nacional. En el primero, suscribió la información castrense de que las bajas de 22 civiles fueron resultado de un enfrentamiento. Más adelante trascendió que los militares fusilaron a los muchachos que ya se habían rendido. Hay una distancia abisal entre una y otra versión. ¿A dónde se lanza la confianza de quien ostenta el poder, cuando de su boca sólo brotan embustes y engaños?

En Iguala no mejora el cuadro. Hubo ahí seis asesinados, una veintena de heridos y 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos. Primero se nos quiso hacer creer que había sido una escaramuza entre cárteles de la droga: Los Rojos contra Guerreros Unidos. El desconcierto vino por el hecho de que tuvieron que aparecer, entre los asesinos, unos policías, tanto de Iguala como de Cocula, Guerrero. Pero luego se vino a empeorar el cuadro, con el transcurso de los días, cuando se fue documentando la participación criminal de la policía estatal, de la federal y del Ejército. El clamor por semejante atrocidad tiene doble tono. Reclama al mismo cielo. Primero por el hecho mismo de haber masacrado a muchachos inermes, a estudiantes, que son la esperanza de un país. Y luego por mentir en cuanto a los autores, materiales e intelectuales.

Se busca escabullir con el manto del gobierno, que debería esclarecer los hechos y castigar lo punible, a los participantes de las esferas del poder establecido. Ya es escándalo internacional. Pero nuestro gobierno no se da por aludido. Tal tozudez pinta a sus cuadros de cuerpo entero. Siempre han sido así, pero era rostro procaz no de todos conocido: expertos en mentir; en escabullir las responsabilidades propias y de sus favorecidos; embaucadores, falsarios, en fin… Pareciera ser que el sentido crítico del mexicano medio ha despertado. La larga lista de embustes por parte de las autoridades pudiera estar tocando a su fin. Hagamos votos por que así sea.