De Marco Antonio Morquecho

Señor director:

El señor Javier Sicilia tuvo a bien contestar mi carta; por su respuesta y el tono de descalificación que en ella es manifiesto, pues me acusa de no haber leído con atención sus argumentos ni sus artículos y de ser un mal lector, su enojo es evidente, pero todo lo que dice no tiene solidez para ser considerado como argumento, y procedo a explicar mis razones.

A la política y al pensamiento los deben regir la razón, no la fe y las emociones; la fe se la dejo a los creyentes (como son las personas que creen que si no votan dañarán al Estado de alguna forma –si esta tesis tuviese fundamento, hace muchos años los Estados hubiesen dejado de existir), a los que creían que con la alternancia y la llegada de Vicente Fox al poder todo sería maravilloso, y a los que creen todo lo que dicen los comentaristas de Televisa y TV Azteca.

Thomas Hobbes no engendró el Estado que rechaza Sicilia. La obra Leviatán o La materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil es una crítica a los Estados ya existentes, y además es una propuesta para subsanar los males que en su sociedad existían, como la guerra y la miseria. Con la Ilustración sucede lo mismo: ésta no engendra el actual Estado; sólo plasma un hecho histórico, que es la búsqueda de formas de regular una sociedad de manera más justa.

El voto es nada más un medio administrativo; la acción de votar es la que refleja la ideología de la persona, su formación, esperanzas y postura ante los problemas de su sociedad. El ciudadano que no vota es una persona que sabe que está descontenta, pero carece de la comprensión política para cambiar su situación personal y social, por lo que responde de la forma en que una criatura silvestre lo hace, por instinto.

Es preocupante que el señor Sicilia me adjudique una fe para con el voto que no profeso, pues entiendo el voto no como un medio para elegir un representante, como lo expresa Sicilia, sino como una responsabilidad de asumir una postura ideológica. ¿Tendré que explicar qué es postura ideológica para que el señor Sicilia no asuma que profeso algún otro tipo de fe? Espero que no.

En el caso del señor Sicilia, tenemos a un individuo que descalifica cualquier opción que no provenga de él o no coincida con su pensamiento. Según el articulista, el Estado está acabado: lo repite una y otra vez. Pareciera creer que si repite muchas veces algo como un artículo de fe terminará por convertirse en verdad.

El problema es que todo el pensamiento de Sicilia es tan desordenado que incurre en errores, o más bien manipulaciones. Por ejemplo: mal uso de la abstracción que aleja a la ciudadanía del Estado, y separar a instituciones como el INE del mismo Estado del cual forma parte. Los equívocos resultan tan evidentes que me hacen sospechar que son realmente intencionales para manipular a sus lectores.

La descalificación del Estado es ardorosa, intensa, y le sirve al señor Sicilia para apuntalar su dogma de que nada ni nadie, salvo él, sus amigos y los ciudadanos que se sumen a su boicot electoral son los únicos capaces de corregir los males de la sociedad.

¿Cómo? Pues mediante la formación de un comité ciudadano de salvación nacional con (cito textual a Sicilia) “hombres y mujeres absolutamente morales y ciudadanos que llamen a un nuevo Constituyente”. ¿Quién que no se sienta absolutamente moral se sumará a Sicilia y compañía? Pero más adelante el nuevo teórico del nuevo Estado va más allá y afirma categórico que un nuevo Constituyente no necesariamente tiene que ser igual al del Estado-nación (Proceso 1988, página 96) ¿Por qué de pronto metió el concepto de Estado nación, que es distinto de la categoría Estado? Sólo el señor Sicilia lo sabrá; aunque podríamos aplicarle a sus  “hombres y mujeres absolutamente morales” las mismas dudas que él aplica a los integrantes de los partidos, particularmente a los de Morena.

Para finalizar, señor Sicilia: ¿Cuándo escribí que los partidos fueran verdaderos representantes del pueblo? Mi señalamiento fue que los ciudadanos no se interesan en la vida interna de los partidos, cosa muy distinta a lo que usted, señor Sicilia, inventa y me adjudica; por lo cual lo invito a que siga su propio consejo y lea con atención para no inventar argumentos ni decir mentiras con el fin de refutar. No debería intentar engañar a sus lectores. Siempre ha sido evidente su postura derechista, muy cercana al Partido Acción Nacional y absolutamente contraria a la del licenciado Andrés Manuel López Obrador y Morena.

El ciudadano debe ser cuidadoso al analizar la realidad. Una recomendación es adoptar la duda metódica de René Descartes como eje de nuestro pensamiento. La duda debe ser nuestro punto de partida, y si el ciudadano, después de sus reflexiones, decide apoyar a cualquier organización o intelectual, debe estar preparado para afrontar las consecuencias de sus actos.

Atentamente

Marco Antonio Morquecho Camacho