Densos nubarrones en el horizonte

Apenas comienza 2015 y los operadores de la administración federal no tienen cómo paliar las adversidades económicas: la drástica caída del precio del petróleo, la depreciación del peso frente al dólar, la amenaza de un incremento en las tasas de interés de Estados Unidos y la probable fuga de capitales… Todo indica que la reforma energética –la madre de todas las reformas estructurales, a la cual tanto apostó el presidente Enrique Peña Nieto– saldrá severamente dañada en esta coyuntura, según advirtió el propio Banco de México.

En este 2015 el gobierno de Enrique Peña Nieto no sólo deberá enfrentar la crispación nacional por el recrudecimiento de la violencia y la impunidad, o la irritación generalizada por el regreso, más visible ahora, de las prácticas más ladinas del priismo de siempre: La Casa Blanca de Angélica Rivera; la opaca licitación del tren rápido a Querétaro; los “moches” para los diputados, prohijados por Hacienda; la casa de campo de Luis Videgaray en Mali­nalco; el Porsche del Infonavit…

También deberá enfrentar los nubarrones que se avecinan en la economía por el desplome de los precios del petróleo y la consecuente pérdida de ingresos para el gobierno, así como la fuerte depreciación del peso –ya rebasa 13%– que tiene con los pelos de punta a las empresas endeudadas en dólares y al propio gobierno, el cual deberá destinar más recursos de los contribuyentes para el servicio de la deuda externa.

Todo ello en medio de una economía internacional que no levanta y, peor, con la amenaza de un próximo aumento en las tasas de interés en Estados Unidos, lo cual podría traducirse en una salida de capitales del país.

No será cualquier cosa, toda vez que del total de valores gubernamentales en circulación –Certificados de la Tesorería y diversos tipos de bonos del gobierno–, 38% (unos 2.2 billones de pesos) está en manos de inversionistas extranjeros, quienes ante el incierto derrotero de la economía mexicana, pero sobre todo frente a un aumento de las tasas de interés en Estados Unidos, no dudarán en abandonar el país y refugiarse en el dólar y en los bonos del Tesoro estadunidense.

Y si se suma a ese panorama el muy lento crecimiento de la economía nacional de los dos últimos años, se estarán dando las condiciones para la liquidación, ahora sí completa, del proyecto económico del actual gobierno, el cual prometió un aumento tal de la productividad que la economía crecería “tres veces el mediocre crecimiento de 2% de las últimas tres décadas”.

En 2013 la economía creció 1.4%; en 2014 apenas rebasó 2%. El gobierno había proyectado 3.5% para el primer año y 3.9% para el segundo.

Una caída que no preocupa

No obstante, públicamente el gobierno federal dice no estar preocupado por la situación; que no hay ningún drama, por lo menos en el caso del derrumbe petrolero, han dicho los titulares de Hacienda y de Energía, Luis Videgaray y Pedro Joaquín Coldwell, respectivamente, y también el director general de Pemex, Emilio Lozoya Austin.

No les preocupa, pues, que el barril del crudo mexicano se esté vendiendo a menos de la mitad del precio de un año antes. El 31 de diciembre de 2013 la mezcla mexicana se vendía en 92.51 dólares el barril y en la misma fecha de 2014 se vendía en 45.45 dólares.

Es decir, entre una fecha y otra, el crudo mexicano perdió 47.06 dólares por barril, una disminución de 51%.

Y no les preocupa, dicen, porque no habrá pérdida de ingresos pues, así como en 2014 y en los años anteriores, también para este año se compraron coberturas petroleras que garantizan ingresos petroleros, cualquiera sea el precio en el mercado, como si el barril se vendiera en 79 dólares.

El pasado 13 de noviembre, la Secretaría de Hacienda informó de la adquisición de “opciones de venta de petróleo (tipo put)” y explicó:

“Las opciones de venta funcionan como un seguro, por el cual se paga una prima al momento de su adquisición y en caso de que el precio promedio de la mezcla mexicana observado durante el año se ubique por debajo del precio pactado, otorgarían un pago al gobierno de la República que compensaría la disminución en los ingresos presupuestarios”.

También, que “la estrategia de cobertura adoptada para el ejercicio 2015 cubre por completo el precio de 79 dólares por barril contenido en la Ley de Ingresos de la Federación. Ello implica que el Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio 2015 no está expuesto al riesgo de reducciones en el precio del petróleo”.

Las coberturas para 2015, dijo Hacienda, costaron al gobierno –a los contribuyentes mexicanos, en realidad– 773 millones de dólares, equivalentes a 10 mil 467 millones de pesos. Y con ellas se cubren en total 228 millones de barriles, “que representan la exposición de los ingresos petroleros del gobierno federal a fluctuaciones en el precio del crudo”.

Bien por las coberturas, pero sin duda la profundidad de la caída de los precios petroleros ha sorprendido al gobierno mexicano, el cual proyectó un precio de 82 dólares por barril en el paquete económico para 2015 –luego Hacienda obligó a los legisladores a dejarlo definitivamente en 79 dólares–, que entregó al Congreso el 5 de septiembre pasado.

Peso en picada

Pero el problema de la baja brutal en los precios del petróleo no sólo es si están cubiertos o no los ingresos que dejarán de percibirse por la venta de crudo. Tienen que ver también las implicaciones de esa baja en otras variables financieras, como el tipo de cambio, el cual no deja de subir.

El viernes 2, primer día hábil de 2015, el dólar al mayoreo, el interbancario, cerró en 14.8290 pesos, según la información del día del Banco de México. En la misma fecha del año pasado se cotizó en 13.1011 pesos. El dólar que se vende en ventanillas de bancos y casas de cambio ya tiene semanas sobre los 15 pesos. El viernes 2 cerró en 15.11 pesos por dólar.

Es decir, ese día un dólar al mayoreo costaba 1.73 pesos más que hace un año, lo que implica una depreciación del peso de 13.2% en un año… y de casi 10% sólo entre noviembre y diciembre.

Eso por decirlo de modo sencillo. Pero, por ejemplo, por cada millón de dólares que el gobierno o las empresas destinaron al pago de su deuda externa en enero de 2014, debían desembolsar 13 millones 101 mil 100 pesos. Ahora tendrían que desembolsar 14 millones 829 mil pesos.

Y no son pocos los millones de dólares que destinan empresas y gobierno para cubrir sus obligaciones externas. En el caso del gobierno, y en general todo el sector público, se gastaron entre enero y noviembre del año pasado 5 mil 902 millones 300 mil dólares para pagar los intereses y comisiones de una deuda externa que de cerrar en 2013 en 130 mil 950 millones de dólares, terminó en noviembre pasado –último dato disponible de la Secretaría de Hacienda– en 145 mil 461 millones de dólares.

Un agregadito, nada más, de 14 mil 511 millones de dólares en 11 meses.

Otro de los problemas de la caída de los precios petroleros es que se suma a la menor producción nacional de crudo. Entre enero y noviembre los ingresos petroleros ascendieron a 1 billón 99 mil 400 millones de pesos, unos 38 mil 500 millones de pesos menos –3.5%– que en igual periodo del año anterior.

Explicó Hacienda en su último informe sobre las finanzas públicas, del 30 de diciembre, que esa reducción se debió a una caída de 3.1% en la producción de petróleo y de 1.8% en la producción de gas, aparte de la baja en el precio del barril, que todavía se vendió en ese lapso en un promedio de 91.9 dólares, contra los 99.7 dólares por barril del mismo periodo de 2013.

Pero si a Hacienda, y a todo el gabinete económico, no les preocupan, al menos públicamente, los efectos de la baja del precio del crudo, combinada con la disminución de la producción petrolera y la depreciación del peso, al Banco de México sí.

En la última reunión de su Junta de Gobierno, del 5 de diciembre –cuya minuta se difundió el día 19–, los integrantes de ese órgano, “en su mayoría”, consideraron que ya es un riesgo para la economía nacional la baja en la producción petrolera, además de que “afectaría negativamente la cuenta corriente”.

Alertaron, ante todo, sobre el mayor riesgo que puede tener la continua baja en los precios del crudo. Y que toca en lo más íntimo de las ilusiones vendidas por el gobierno con la reforma energética, la madre de todas las reformas estructurales.

Se dijo así en la reunión del banco central: “Los menores precios del petróleo podrían reducir la rentabilidad de los proyectos que resultarían de la reforma energética, y con ello disminuir los efectos que ésta podría tener sobre la actividad (económica)… en general, existe el riesgo de que otras reformas estructurales, como la de competencia, no tengan el impacto esperado”.

No es lo mismo extraer un barril de petróleo en menos de 10 dólares y venderlo a 100 que rematarlo a 45 dólares.

Además no hay demanda. La Agencia Internacional de Energía señaló hace un par de semanas que se ha registrado en el mundo una “inesperada menor demanda” por petróleo, hecho que por sí solo explica entre 20% y 35% de la caída actual en los petroprecios.

La menor demanda y los precios muy bajos son un fuerte golpe a la reforma energética, pues quitan incentivos a las empresas, extranjeras y nacionales, para entrar al mercado petrolero nacional, según el Banco de México.

Y será peor, pues el llamado “petróleo fácil”, el de aguas someras o aun en tierra, prácticamente se acabó. El costo de extracción y de producción necesariamente será más alto cuanto más se avance sobre el mar. El “tesoro” de las aguas profundas se vislumbra complicado.

Y el petróleo no convencional, como el shale, el obtenido mediante el fracking o fractura hidráulica de rocas, será para México un mero sueño. El costo de producción de ese tipo de petróleo es de poco más 50 dólares por barril en Estados Unidos, que lidera esa tecnología.

A ver quién se anima a invertir con los precios actuales. Según el Fondo Monetario Internacional, los mercados de futuros del crudo sugieren que el precio del petróleo podría recuperarse hacia los 73 dólares por barril… ¡en 2019!

Nada pinta bien para la economía nacional este año. Y son muchos los riesgos que enfrentará, además del derrumbe petrolero, la volatilidad del tipo de cambio y la anunciada subida de tasas de interés en Estados Unidos.

Según los miembros de la Junta de Gobierno del banco central, “los acontecimientos sociales recientes” (Tlatlaya, Iguala-Ayotzinapa y La Ruana, entre otros), que afectarán la confianza de consumidores e inversionistas”, son uno de los riesgos visibles para el crecimiento de la economía.

Otros, más fuertes, son “el empleo, que se mantiene débil”, y también “la masa salarial real, que continúa disminuyendo”. Ambos, dice el banco, “pueden obstaculizar la expansión del consumo”.

En la reunión del Banco de México el pasado 5 se dijo que “si la economía creciera a una tasa de alrededor de 3% en 2015, el promedio de expansión entre 2013 y ese año sería apenas cercano al que se observó en promedio entre 2000 y 2014, de 2.3%”.

La misma mediocridad que criticaron Peña Nieto y Luis Videgaray desde la campaña electoral.

Es decir, según el Banco de México, “no parecería haber mucho espacio en el corto plazo para que se presente una fuerte aceleración de la economía, como parecerían estar esperando algunos analistas económicos”.

Y el gobierno, que no pierde el optimismo.