América Latina pinta la ira

Dos cintas de realizadores sudamericanos nos enfrentan al horror de la violencia humana. Relatos salvajes, que se exhibe en la Cineteca Nacional y cines comerciales del país, mezcla la comedia, el drama y el suspenso para retratarla en su expresión cotidiana mediante seis historias. A su vez, la uruguaya La guerra de Manuela Jankovic se enfoca en los excesos de una guerra como la de Los Balcanes y su conexión con la violencia que está viviendo México. Damián Szifrón y Diana Cardozo, sus autores, describen su experiencia en sendas conversaciones.

La guerra de Manuela Jankovic es un filme de ficción sobre las consecuencias de la guerra en la vida íntima de las personas.

“Cuando callan las balas, la guerra sigue por dentro a través de varias generaciones, es la tragedia invisible”, asegura la directora Diana Cardozo, también realizadora de 12 mujeres en pugna (2006) y Siete instantes (2004).

Para Cardozo, “la epidemia de la violencia termina impregnando cada resquicio de la vida cotidiana e individuos comunes escalan hasta cometer actos atroces”.

Acepta que el filme dialoga indirectamente con el momento histórico que vive México, “la violencia casi generalizada, y lo que es peor, la naturalización de la misma”. Sigue:

“Más allá de la tragedia que esto implica, es un asunto que requiere la reflexión de todos los actores sociales, también del cine. A mí me interesaba hablar de ese proceso que se vive en México, sin duda, ¿cómo vamos a cargar con esta tragedia todos nosotros? Esas son nuestras historias y es nuestra responsabilidad contarlas, no tan literales, pero que sí nos reflejen lo que nos sucede.”

El largometraje expone la vida de Manuela, una cocinera que vive con su abuela, migrante serbia que llegó a México huyendo de la Segunda Guerra Mundial. A miles de kilómetros se desata el conflicto de Los Balcanes y la locura se instala alrededor de estas dos mujeres que reproducen su propia contienda en este rincón del mundo.

Esta cinta se encuentra en la cartelera de la Cineteca Nacional y luego viajará por el resto del país. Las protagonistas son la mexicana Karina Gidi y la serbia Mima Vukovic Kuric, acompañandas por Carlos Corona, Kristyan Ferrer y José Caballero. Producen la historia Agalma, Fidecine, CTT y Zamora Films. Ricardo Garfias es el director de fotografía y la edición estuvo a cargo de Paloma López Carrillo.

Una relación castrante

–¿Cómo nace hablar de la relación entre una abuela y su nieta?

–Para armar una relación con estas características quería mostrar a una mujer idolatrada, y Manuela es adorada por su abuela, pero es muy castrante la relación con la señora de la tercera edad. Manuela deja su vida por su abuela. Tenía que haber un salto generacional, por eso falta la madre. En esta película la abuela cría a la nieta, una situación muy mexicana, y me daba la posibilidad de una relación mucho más excesiva, lo cual yo quería. Es una relación llena de excesos, por todos lados; por ejemplo, el patrón con la empleada en el restaurante… en fin.

“Manuela se encuentra bajo una presión brutal todo el tiempo y encima la guerra que carga la abuela, lo que llamamos la cruda de la guerra. Por ejemplo, yo viví la dictadura en Uruguay, por suerte pasó, pero hay cosas de ese conflicto que no pasan tan rápido, se tardan años, y a mí me interesaba hablar de ese transcurso.”

–Actualmente en México, en el mundo en general, se denuncia un exceso de violencia, de injusticia, de la corrupción, de insensibilidad en los políticos hacia los problemas sociales y económicos y de la explotación de las grandes empresas. ¿Era su propósito hablar de esos excesos?

–Sí, es una película que apuesta por eso, por el exceso. No estoy hablando contra nadie, lo que digo es que estamos en un momento de excesos. Parece barroco, churrigueresco, estamos donde abunda la corrupción, la violencia, el descaro, los cuerpos mutilados… Estamos en un momento de verdad perplejo…

“No es nada aséptica nuestra realidad, y no estamos tan anestesiados, ya se vio con lo de Ayotzinapa. Mirar el horror es parte de lo que nos toca a nosotros, somos individuos de este tiempo histórico y hay que hablar de eso también con otras herramientas. También es una película que le apuesta a la belleza en todo este rodeo.”

Cardozo estudió realización en el Centro de Capacitación Cinematográfica de México y Ciencias de la Comunicación en la Universidad Dámaso Antonio Larranaga en Uruguay, país donde nació. Pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte de México (Fonca 2012-2015). Ella asistió al Laboratorio de Guión en Sundance-Toscano, con el guión Más de diez mil días (2004) y recibió una beca de la Fundación Instituto Rockefeller de Cine de Tribeca en Nueva York (2005) con su película Siete Instantes.

Sus historias están ancladas en episodios históricos muy reconocibles, que desencadenan los conflictos personales en sus personajes. Cuentan historias de capturados dentro de sí mismos y hacen énfasis en dilemas éticos.

Confiesa en entrevista las dificultades de la edición:

“López Carrillo es una estupenda editora. Fue difícil porque tenía dos subtramas grandes el filme, el relato del restaurante y la historia íntima de Manuela y la abuela, y en determinado momento estaban compitiendo. Se tuvo que elegir la historia íntima. Se levantó ésa porque ahí estaba el corazón del conflicto que había que contar al principio. Trabajé con gente fantástica, solidaria y que ama lo que realiza.”

–¿Cómo logra que la fotografía presente imágenes agobiantes?

–Sí, es muy opresiva la película. Eso se trabajó como un año antes de filmar. Está muy trabajada la atmósfera de la cinta, fue muy cuidada, desde los tonos de las paredes, el vestuario, la luz, el maquillaje, todo está combinado. El largometraje es el trabajo de mucha gente en función de una cosa que nace, no sé por qué, en la cabeza de alguien y después te persigue la historia. Como El perseguidor, de Julio Cortázar, así me persiguen las historias. Y cuando me dejan de perseguir, yo las persigo. Hablar de lo que está pasando no es un exceso en mi película, pero en medio del horror puede haber momentos destellantes… Manuela se enamora. Puede haber puertas.

La guerra de Manuela Jankovic le deja la experiencia de asumir el riesgo de filmar:

“Uno puede tomar la palabra pocas veces en el cine porque es muy caro, si fuera un poco más económico, podríamos tomar la palabra más seguido, pero levantar un proyecto cinematográfico lleva muchos años, cinco o seis años.”

Entonces concluye:

“Es un privilegio tomar la palabra, pero al asumir el riesgo se está en las brasas y tienes que apostar, con la posibilidad del error o del acierto, por tu mirada personal, ser capaz de que no se parezca a otras películas que se están realizando. Hay que animarse a decir cómo uno ve al mundo.”

Karina Gidi

¿Cómo construyó la actriz Karina Gidi a Manuela, su personaje?

“Traté de abordarlo por varios frentes, sabía que había una herencia cultural para el personaje, porque aunque nace en México es criado por una abuela serbia. Entonces, esa era una pincelada importante. Al principio quería probar que esa fuera la línea central, y después pensé que no, que Manuela tenía que ver más con la psicología que con su herencia cultural, porque ella ha estado a lo largo de su vida expuesta a muy pocas experiencias. Su edad emocional era como la de una niña de primaria y, sin embargo, es una mujer adulta que se mueve en dos esferas muy cerradas, el departamento con su abuela y el restaurante en el que trabaja.

“Así encontré su manera de ser, pensé ¿cómo se volvió callada con los años?, ¿cómo se volvió una solitaria?, para luego tener como un terreno de base, para después permitirle aceptarse cuando ambos universos se le modifican, uno porque estalla la guerra de Los Balcanes y se pone muy mal, y en su trabajo, después de un pequeño accidente, le ponen un asistente en la cocina y de pronto hay un hombre cerca de ella del cual se enamora.”

–¿Le gustó cómo aborda la directora las secuelas de la guerra en la historia?

–Diana Cardozo sabe que el arte tiene una labor de sacudir, confrontar y preguntar. Es mentira que pueda desactivarse la violencia así como si nada. Se hereda, crece, se nutre y se vuelve más peligrosa. No necesitamos ir a 1990 a la guerra de Los Balcanes para sentirla, ahora es muy enfadosa la forma como estamos percibiendo las cosas, por lo menos aquí en la Ciudad de México, con una impotencia grande, con un nivel de frustración, un deseo de que las cosas se modifiquen sin saber bien cómo. Y hay enojo, encono e indignación.

Redondea la también actriz de teatro:

“La directora respira las escenas de otra forma, no padece prisa por conseguir lo que se quiere conseguir, que por cierto escapa constantemente a cualquier lugar común, y eso lo hace una delicia para mí para trabajar, porque me obliga a jalar hacia lugares que son de una mayor profundidad, que son de una belleza diferente, donde nada es explicativo, nada es demostrativo. O sea, lo coloquial está construido también, no hay una cosa coloquial contemporánea que vemos en muchas cintas y muchas obras de teatro, está construida desde otro lugar. Eso, para mí, lo hace un largometraje muy inteligente y muy profundo, y también demanda de cierta manera la participación del espectador.”