Señor director:
Leyendo el mensaje de Patricia Gutiérrez Otero dirigido a Javier Sicilia en Proceso 1984, me atrevo a plantear lo siguiente a ambos.
Estimados Patricia y Javier: Estoy convencido de que la democracia no ha llegado a México, pues desde hace tiempo ha habido ganadores de elecciones que se han quedado con las ganas de gobernar, como Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador. Mientras tanto, la monstruosa maquinaria gubernamental llamada Televisa entretiene a la gente con sus cuentos electorales y su denigrante programación de melodramas refritos y quemados.
¡Necesitamos hacer algo concreto y efectivo! Necesitamos ser revolucionarios como Mahatma Gandhi, como Martin Luther King, como el Che Guevara, como el único ser perfecto que ha pisado este planeta… como Jesús.
Analicen la propuesta y vean que, si los integrantes de la prole nos unimos, nuestros hijos y nuestros abuelos tendrán un mejor trato. Fuimos niños y seremos abuelos que necesitamos un trato digno.
Un abrazo fuerte a Rafael Rodríguez Castañeda, a Patricia Gutiérrez Otero y a Javier Sicilia.
Atentamente
Gabriel Suárez Pacheco
egabriel75@icloud.com
Respuestas de Javier Sicilia
Señor director:
Me gustaría dedicar las siguientes contrarréplicas a las cartas precedentes.
Querido Martí Batres: El PRD que ahora critica, pero del que formó parte y del que lleva su huella, tiene su origen, al igual que Morena, en una amplia coalición de gente muy honesta y con una larga trayectoria en las luchas políticas de la izquierda –usted, como le digo, y Andrés Manuel vienen de allí; yo, de alguna manera, también; soy de aquellos ciudadanos que se volcaron a las calles para apoyarlo y defenderlo.
Mire, sin embargo, en lo que se convirtió. En este sentido, cuando usted completa “el par de atrocidades cometidas por el PRD” que mencioné en mi respuesta anterior, me da la razón de que Morena seguirá, por desgracia, el mismo camino. El PRI –hemos tenido que aprenderlo con mucho sufrimiento en estos largos años de la mal llamada “transición democrática”– no es un partido, es una cultura delincuencial que permeó todo el Estado, incluyendo a los partidos y a una buena parte de la sociedad. La causa es tan simple como compleja: Quien administra un Estado es maestro de la vida política y civil. Los resultados de esa enseñanza están allí: un pudrimiento estructural y una degradación moral de los que Morena, como partido político, no está exento, porque el problema se encuentra en la base misma del Estado y de los partidos que lo administran y lo han conformado a imagen y semejanza de esa enseñanza delincuencial.
Por ello celebro el gesto de Cuauhtémoc Cárdenas y no el suyo (por cierto, querido Martí Batres, jamás he dicho que AMLO “sabía qué clase de persona era José Luis Abarca” ni que interviniera “para que fuera candidato”; dije simplemente que él, como usted, formaban parte del PRD cuando Abarca llegó mediante elecciones a la Presidencia Municipal de Iguala; esto lo señalé para ilustrar el pudrimiento de los partidos y del propio Estado). El ingeniero Cárdenas tuvo la claridad de renunciar al PRD y no formar un partido. Eso, para mí, es un gesto moral inequívoco en las condiciones en que se encuentra el sistema político. Lo único que le reprocho es que no haya renunciado aún a su cargo de coordinador de Asuntos Internacionales en el Gobierno del Distrito Federal. Necesita hacerlo para que su gesto moral sea completo.
En este orden de cosas, por supuesto que juega un papel el tema de “la entrega del petróleo…” (no “el tema estructural más importante” –cuando dice eso se parece, en sentido inverso y en su atroz reduccionismo, a Peña Nieto, quien lo coloca en el “desarrollo”–; el tema estructural más importante, permítame recordarle, son las víctimas, esas por las que ustedes sólo se han preocupado recientemente, y sólo por cuestiones electorales, y la violación de sus derechos humanos, que existen desde antes de las reformas estructurales del peñismo y son la dolorosa consecuencia de la corrupción del Estado).
Sobre ese orden (el petrolero), no sólo he hablado en un sentido más amplio –desde hace mucho no he dejado de analizar y señalar las relaciones profundas que hay entre el modelo neoliberal (la economía moderna, la llamo yo) y el crimen organizado–, sino que también he participado en las protestas contra la reforma energética, la de telecomunicaciones y la educativa. Pero para llegar a buenas políticas en esos rubros es necesario antes encontrar la paz y la justicia para las víctimas. Eso nada más puede hacerse mediante una refundación nacional que, insisto, no debe pasar ya por los canales consabidos.
Quienes nos han representado –los sucesos de Iguala, las atrocidades del PRD que usted menciona y la manera en que ustedes se desempeñaron cuando tuvieron cargos de representación son inequívocos– “se aislaron de los ciudadanos –cito un artículo de Tomás Clavillo (“¿Qué hacer?.. estamos de pie”, Sin embargo, 10 de diciembre de 2014), perdieron su tiempo y su lugar, se volvieron ajenos y hostiles y extraviaron el camino (…) dejando que la paz se resquebrajara y el horror amenazara regiones enteras del país. Esto ha sido posible porque convirtieron la fuente de legitimación del sistema electoral en una máquina de reciclamiento de los partidos políticos que han expropiado la representación nacional a los habitantes de México.
Por ello es necesario boicotear el proceso electoral, no con el voto en blanco –eso legitima las urnas y el sistema que produce la violencia y el sufrimiento de las víctimas–, sino con la abstención y la disuasión en las urnas a quienes aún viven de esa ilusión democrática; es necesario también, como una continuación del boicot, el llamado a un nuevo Constituyente cuya representación –vuelvo a Calvillo– “deberá tener raíces en las comunidades y células sociales básicas y en un entramado político-jurídico que refleje la complejidad y diversidad de los pueblos, comunidades y habitantes de la nación entera”. Un entramado, como no han dejado de decirlo los zapatistas, “donde quepan muchos mundos”.
Para ello, querido Martí Batres, se necesita simplemente la democracia, que es el poder de la gente, y no las instituciones que las partidocracias han degradado. En este sentido, cuando Tomás Calvillo o yo hacemos un llamado a la creación de una nueva Constitución, no estamos pensando, como usted cree –de allí su pregunta: “¿Y cómo se conforma un Constituyente si no es con diputados votados por el pueblo?”–, en el Constituyente Permanente, sino en uno originario como el de 1917.
Ese Constituyente originario, le recuerdo, no nació de las urnas, sino de los jefes revolucionarios, y dio origen al Constituyente Permanente, cuya función es –no ha dejado de serlo– reformar esa Constitución que se ha vuelto inoperante. En el que pensamos ahora no debe nacer esta vez de los jefes revolucionarios –ya no existen; están, como los partidos, superados por la realidad de la historia y su crisis civilizatoria–, sino de las organizaciones y de los pueblos que den la espalda a las elecciones.
Morena, tiene razón, no se parece al PRI, pero, al igual que le sucedió al PRD, no tardará en parecérsele. AMLO viene de allí de origen. Baste una anécdota para reconocerlo: En los momentos más altos del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad me ofreció, sin entender nada de lo que hacíamos y en el más puro estilo priista –es su impronta– la senaduría de Morelos, ¿Qué más puedo decirle?
u u u
Querida Patricia Gutiérrez-Otero y querido Gabriel Suárez Pacheco:
Me parece que algunas de sus preguntas están contestadas en la respuesta a Martí Batres.
Respondo a las otras. Lo hago en la misma misiva por falta de espacio:
Aunque te duela, querida Paty, quienes fuimos a las urnas en 2012 –me incluyo entre ellos porque acudí a depositar mi voto en blanco; debí desde entonces llamar al boicot– somos, por ceguera política, responsables, junto con “aquellos que no han gritado por la injusticia”, de la masacre de Iguala. Te guste o no, con ese gesto legitimamos las urnas que llevaron a Abarca y a otros imbéciles como él –no olvides Tlatlaya– al poder. Es una responsabilidad atenuada, pero una responsabilidad. Repetir ese acto en 2015, cuando ahora todo está claro como el horror que vivimos, sería ser un cómplice absoluto de las muertes y las desapariciones que sucedan.
Estoy muy cerca de don Raúl Vera y de sus tareas para la construcción de ese nuevo Constituyente. De hecho, Magdiel Sánchez, miembro fundamental del Movimiento por la Paz, es uno de sus más activos colaboradores.
En cuanto a la pregunta por “el convocante a las acciones que propones”, estamos trabajando en eso. Estas cosas requieren de un trabajo político con muchas organizaciones que no se hace de la noche a la mañana. Lo estamos desarrollando desde hace tiempo. Si logramos un consenso, lo haremos saber. Todo eso, querido Gabriel, busca, a partir de lo que hemos aprendido de los seres humanos a quienes usted nombra, unir a “los integrantes de la prole” para recuperar el suelo y la dignidad de las manos de quienes han despojado a nuestros hijos y a nuestros nietos.
Atentamente
Javier Sicilia
Paz, Fuerza y Gozo a los tres








