De excepcional, por varias razones, puede calificarse el concierto único que, para celebrar los 70 años de vida del compositor Michel Nyman, se efectuó la noche del lunes 1 de diciembre en Bellas Artes con la presencia y participación –esta última fuera de programa– del propio Nyman y la plana mayor del Conaculta.
Excepcional el concierto porque, celebrado justamente al cumplirse dos años de la presente administración, en las calles aledañas se efectuaba una gran manifestación en contra del titular de la misma administración y en reclamo de la aparición con vida de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa secuestrados la noche del 26 de septiembre, y, en el interior del teatro, el público mostró reconocimiento y cariño al compositor, respeto a los funcionarios que con su presencia hablaron de la apertura que la cultura y el arte pueden dar, y del no desconocimiento ni alejamiento de la situación nacional.
Excepcional también porque se trata de un gran compositor que ha obtenido resonantes triunfos, como el ser el autor de la música para la película El piano, ganadora del Festival de Cannes de 1993. Creador del término “minimalista”, ya sólo eso lo hace pertenecer a la historia de la música para siempre, a más de ser creador cinematográfico y otras mil cosas como escritor y crítico que le han valido reconocimiento internacional.
Por otra parte, el programa integrado con solo dos obras suyas, The piano concert, el que se utilizó en la película, y el estreno en México de la Segunda Sinfonía, Distinto amanecer que, en palabras del mismo Nyman, “nació en la Ciudad de México, específicamente en el Palacio de Bellas Artes antes de viajar a Londres, pasar por Polonia (tierra de mis abuelos) y venir de regreso a México, donde se presenta por primera vez”, fue un programa también de excepción: interpretado por la juvenil Orquesta Escuela Carlos Chávez, cuyos integrantes de mayor edad no pasan de 29 años, dirigida esta vez por Guillermo Salvador, quien tenía largo tiempo de no presentarse en esta sala, y llevando como solista al pianista ruso Dimitri Dudin.
Sinfonía bella que vale por sí misma, Distinto amanecer tiene ahora –y eso fue lo que vimos en su estreno en México– el magnífico agregado de una cinta fílmica que, con recortes de muchas otras, es en verdad una hermosa, dinámica e ilustrativa historia del cine nacional desde ¡Que viva México!, de Eisenstein, filmada en 1930, y Allá en el rancho grande, de Fernando de Fuentes, de 1936, hasta Amores perros de González Iñárritu, de 2000, y Luz silenciosa, de 2007, dirigida por Carlos Reygadas, pasando por, entre muchas otras, la inolvidable Mujer del puerto, las icónicas Reed, México insurgente, Como agua para chocolate, La Ley de Herodes y, por supuesto, las inexcusables Nosotros los pobres con Pedrito Infante, el inefable Santo contra las mujeres vampiro y Viridiana.
Empero, si ya todo eso era fuera de lo común, lo impensable sucedió después, ya que, fuera de programa y ante los aplausos, el maestro Nyman se sentó al piano y empezó a tocar, mientras que en el fondo del escenario, ocupando todo el espacio, en la enorme pantalla empezó a proyectarse Witness (Testigos) y las fotos de los 43 estudiantes de Ayotzinapa hasta este momento desaparecidos.








