La inmo ralidad

Lo busqué en 2002 por la reedición en el Fondo de Cultura Económica de A fuerza de palabras, para que me contara la historia de su primera novela. Al final de la conversación, Vicente Leñero me entregó dos documentos que aún conservo. Uno es una tarjeta en que se rechaza la publicación del libro; el otro una reseña aparecida en La palabra y el hombre y que él guardaba en copia mecanográfica.

Del primer documento me dijo lo siguiente: llevó la novela a la editorial Jus, pues Salvador Abascal le había publicado ahí los relatos de La polvareda. “Con él tenía muy buena relación”, contaba Leñero, “nos llevábamos muy bien. Yo iba mucha a platicar con él, era un tipo maravilloso, ultraconservador pero maravilloso”.

Salvador Abascal dejó sus impresiones de la lectura en una tarjeta manuscrita, en la que apuntaba: “Notable como estudio psicológico pero terriblemente deprimente. Son muchos temas pero narrados en un mismo tono ¡y el de un loco! No se puede dejar de leer pero sin dejar de sentir fatiga y depresión”.

Y fue claro al decirle:

–No se la puedo publicar, ¡es una novela inmoral!

Días después Salvador Abascal llamó por teléfono a Leñero.

–No se la puedo publicar pero si usted la paga la publicamos acá sin pie de imprenta.

Escandalizado, Leñero se negó:

–Don Salvador, ¡eso es una inmoralidad! No puedo aceptar un arreglo así.

Al final, la novela fue editada por la colección Ficción de la Universidad Veracruzana. En diciembre de 1961 llegaron a la Ciudad de México los primeros ejemplares de La voz adolorida (rebautizada en 1976 como A fuerza de palabras). Una de las pocas reseñas que se publicaron sobre el libro fue de Ramón Xirau y apareció en la revista La palabra y el hombre de abril-junio de 1962, texto al que Leñero le tenía gran aprecio. Xirau es un personaje importante en su carrera literaria: en el tiempo en que fue becario del Centro Mexicano de Escritores lo ayudará a encontrar su camino en la escritura de Los albañiles.