La receta cubana

El deporte en Cuba enfrenta un torrente de problemas: hay poquísimo dinero, sus instalaciones deportivas están cayéndose, los atletas no pueden salir a foguearse, carecen de equipo y suplementos alimenticios, hay deserciones durante los compromisos internacionales… Aun así, ese país volvió a dominar en Juegos Centroamericanos. Como contrapeso a esos conflictos, el gobierno de la isla realiza una temprana detección de talentos y les da seguimiento, profesionaliza a los entrenadores y crea escuelas especializadas.

Los resultados de Cuba en los XXII Juegos Centroamericanos y del Caribe (JCC), celebrados en Veracruz, demuestran que la calidad deportiva no necesariamente se obtiene invirtiendo cantidades millonarias, sino que se basa en la planeación, el uso eficiente de los recursos y en un sistema de captación, desarrollo y seguimiento de atletas entrenados por profesionales.

Al cierre de esta edición, cuando faltaban dos días de competencias, Cuba aventajaba a México en el medallero con 108 preseas de oro por 103 de los tricolores, y aunque la cosecha de los isleños está lejos de su mejor resultado –227 metales áureos en Ponce, Puerto Rico, en 1993–, el número es suficiente para imponerse a un país de 115 millones de habitantes que opera con presupuestos deportivos superiores a los 7 mil millones de pesos anuales.

El martes 25, el director de alto rendimiento del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación de Cuba (Inder), Norge Marrero, adelantó la victoria de sus compatriotas. “Ya el 28 o 29 de noviembre estaremos en la cima, para cerrar el 30 con el deseado primer lugar por países”, declaró al diario Granma. Sólo el viernes 28, la delegación cubana ganó 20 oros.

Además, en sus 14 participaciones en Juegos Olímpicos, Cuba ha acumulado 72 medallas de oro, 67 de plata y 69 de bronce para un total de 208 preseas, que lo ubican entre los 20 países más ganadores en el certamen deportivo de mayor importancia a escala mundial.

Pedro Ignacio Gato Cruz, entrenador de origen cubano nacionalizado mexicano, explica que Cuba decide el presupuesto deportivo dependiendo de las necesidades del país y del calendario atlético. Por ejemplo, si es un año olímpico, se aumenta el dinero destinado al sector.

El pesista Bredni Roque, también naturalizado mexicano, comenzó en la halterofilia a los 11 años. Fue reclutado en la primaria donde estudiaba y se le dio seguimiento hasta que, primero, llegó a la selección juvenil y, después, a la mayor. Cuenta que las carencias en la isla son tantas que a él le tocó entrenar con palos de escoba.

Las instalaciones deportivas en Cuba operan con lo mínimo indispensable. Cualquier espacio deportivo estatal en México está en mejores condiciones. Los edificios son muy viejos y están carcomidos por la humedad; las albercas y fosas de clavados no siempre tienen agua caliente porque el combustible es muy costoso, y a veces tampoco alcanza para los químicos que mantienen el agua limpia. Los equipos de natación, polo acuático y clavados suelen entrenar en agua fría. Tampoco hay agua caliente en las regaderas. El equipamiento está desgastado por el tiempo y ya no se permite que patrocinadores como Adidas o Mizuno obsequien uniformes o material.

“En los centros de entrenamiento nos dan de comer, pero ya te puedes imaginar (cómo) con los pocos recursos que hay. De desayuno a veces sólo es un huevo hervido y un pan con mantequilla. Para el almuerzo huevos revueltos con arroz y frijoles y ya. Así funciona. Los medicamentos también están muy escasos. Los suplementos alimenticios nos los dan a partir de que somos atletas de calidad. Cuando entras al equipo nacional y puedes viajar y ganar dinero puedes comprártelos tú mismo”, dice el halterista.

Seguimiento y trabajo

El sistema deportivo cubano opera de la siguiente manera: desde que los niños ingresan a la primaria, los profesores que imparten las clases de educación física están obligados a buscar talentos deportivos. De acuerdo con su somatotipo y sus habilidades físicas los alumnos son seleccionados para que se especialicen en distintas disciplinas, sobre todo las de iniciación temprana, como gimnasia y clavados.

Los niños elegidos ya no toman las clases de educación física, sino que comienzan a entrenar en un área especial la disciplina para la cual tienen facultades. Son supervisados por instructores que, al menos, poseen una licenciatura. A los deportistas se les da un seguimiento específico cuando están en la secundaria y luego en la preparatoria. Participan en competencias municipales y regionales que les permiten conformar las selecciones de cada una de las 11 provincias en que se divide la isla.

Aquellos que comienzan a destacar son enviados a una Escuela de Iniciación Deportiva (Eide), donde viven, estudian y practican. Cuentan con nutriólogos, médicos y formadores de gran nivel. Sin importar la edad, los aspirantes a atletas están internos desde los domingos por la noche y sólo se les permite salir a sus casas los sábados.

Cada año, en julio, todas las provincias de Cuba realizan los Juegos Escolares Nacionales (JEN), competencias internas que funcionan como filtros y miden el desarrollo de todos los atletas, pues participan tanto los que están en las Eide como quienes no forman parte de ese sistema.

Los que consiguen los mejores resultados en los JEN obtienen el derecho a ingresar a la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA). Existe una por provincia y otras dos más donde se concentran los seleccionados nacionales de distintas categorías. Estas últimas se llaman Giraldo Córdova Cardín y Cerro Pelado, en La Habana.

Generalmente, quienes ya forman parte de las ESPA provinciales son quienes participan en los campeonatos nacionales juveniles, con la intención de, en el futuro, convertirse en seleccionados nacionales. Hasta ese momento siguen representando a sus provincias.

“Cuando un atleta ingresa a la ESPA nacional ya es un seleccionado nacional juvenil. Sin embargo, con sus resultados debe seguir ganándose su puesto en los campeonatos juveniles. Si los atletas de las ESPA provinciales le ganan, pierde su lugar y debe regresar a la provincia. Sólo están los mejores.

Cuba no acepta deportistas en las selecciones que no mantienen sus resultados: sólo por lesión se les dispensa.

Roque, por su parte, lamenta: “Como lo usual es que no hay dinero en el INDER (Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación), nadie viaja. Para la preparación de los atletas no hay viajes de fogueo a competencias para ver a otros competidores, conocer marcas, saber a quién te vas a enfrentar.

La racionalización de los recursos es tal que si el gobierno cubano autoriza un campamento al extranjero, exige que los resultados se correspondan con el gasto realizado. Por ejemplo, previo a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, permitió que la selección femenil de judo entrenara durante mes y medio en Japón, bajo las órdenes del entrenador Ronaldo Veitía, uno de los mejores en el mundo. A cambio, el preparador prometió tres medallas de oro. Cuba ganó cinco, pero sólo dos fueron doradas, una de plata y tres de bronce.

“El gobierno lo quiso destituir porque no consiguió las tres de oro que prometió a cambio del gasto. Ese mismo año la Federación Mundial de Judo lo nombró el mejor entrenador, pero en mi país fue cuestionado de forma muy dura. No le perdonaban el mal resultado”, cuenta Gato, entrenador de taekwondo que trabaja en México desde hace ocho años.

El hecho de que un atleta se convierta en seleccionado nacional no garantiza que asistirá a un campeonato mundial o Juegos Olímpicos. Debe medirse con aquellos atletas que ya son medallistas, superarlos por amplio margen y en varias ocasiones para confirmar que es el representante adecuado.

La decisión de quienes representarán a Cuba en las competencias internacionales no deja margen a la especulación ni a favoritismos. La elección se hace con base en criterios técnicos y metodológicos de un cuerpo de especialistas.

Además, los seleccionados nacionales tienen la obligación de estudiar. La mayoría se matricula en la Universidad de las Ciencias de la Cultura Física y el Deporte Manuel Fajardo (UCCFD), institución responsable de la formación de profesores deportivos, la educación física y la recreación en correspondencia con los objetivos establecidos por el Sistema Cubano de Cultura Física y Deportes.

En total, Cuba cuenta con 15 facultades donde laboran 54 doctores en ciencias del deporte, otros 319 con maestría y mil 200 profesores con licenciatura.

“Ningún atleta puede estar sin ir a la escuela. Si no estudia no puede seguir en los centros por más bueno que sea. La mayoría se prepara en temas deportivos y así se logra que haya una formación permanente de instructores. Un atleta que luego adquiere el conocimiento científico que lo forma como entrenador es lo ideal. No hay entrenadores empíricos en Cuba, todos están capacitados y hay muchos con maestría y doctorado”, refiere Gato.

Por el oro y la plata

Un entrenador nacional en Cuba gana, en promedio, el equivalente a 378 pesos mexicanos por mes. Si cuenta con maestría o doctorado y además realiza trabajos de metodología o administrativos puede obtener un poco más.

Desde que nació la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) hace más de 25 años, México ha contratado entrenadores cubanos. Hoy día, mediante un convenio de colaboración, 46 preparadores se desempeñan en 22 estados del país en atletismo, boxeo, ciclismo, esgrima, gimnasia, handball, judo, karate, levantamiento de pesas, luchas asociadas, natación, polo acuático, remo, taekwondo, tenis de mesa y tiro con arco. Además, hay ocho que laboran como metodólogos. Otros 33 llegarán en las próximas semanas.

En México, la mayoría de los entrenadores nacionales son empíricos; es decir, no cuentan con ninguna formación académica para ejercer su profesión. Por ejemplo, en el Centro Nacional de Desarrollo de Talentos Deportivos y Alto Rendimiento (CNAR) sólo 35 de 61 entrenadores tienen estudios de licenciatura. Cobran entre 12 mil y 45 mil pesos.

Los salarios de los deportistas se definen con base en el color de las medallas que obtengan. Un atleta con preseas centroamericanas o panamericanas cobra mensualmente entre 210 y 280 pesos mexicanos. Un medallista mundial de bronce recibe 50 dólares; uno de plata, 100, y el de oro, 150, es decir, entre 700 y 2 mil 100 pesos. Los campeones olímpicos obtienen el ingreso más alto: 300 dólares.

“Por eso en Cuba el deporte es por puro patriotismo, ganar para poder seguir representándolo. Puedes estar compitiendo por amor al arte un tiempo, pero no toda la vida. Muchos que estuvieron conmigo en Cerro Pelado están regados por diferentes países, tratando de competir porque ya no salen las cuentas. El pesista –que recientemente adquirió la nacionalidad mexicana porque se casó con la halterista quintanarroense Carolina Valencia– narra cómo ni siquiera la vigilancia tan estricta que el gobierno cubano despliega en los certámenes en el extranjero ha impedido que los competidores se escapen. Explica que, por cada deporte, hay un elemento de seguridad del Estado cuidando que los atletas no vayan a ningún lado sin autorización. Además, estos oficiales retienen los pasaportes:

“Si vas a cambiar dinero, (el vigilante) te acompaña a comprarlo. Te presta tu pasaporte y de inmediato hay que devolvérselo. Muchas veces hasta los mismos entrenadores y algunos atletas están instruidos por el Estado sólo para cuidarnos. Los tienen encubiertos para que se hagan tus amigos y, si detectan que te quieres ir, lo impiden o te acusan para que ni siquiera viajes. Si te cachan que te querías ir te quitan el salario, te castigan. Imagina en Cuba sin cobrar un centavo, sin estar en el equipo nacional, sin pertenecer a ninguna institución, ¿cómo sobrevives? Por eso se arriesgan a irse en balsa; ya sabes que primero morir antes que volver a Cuba, porque van a acabar contigo. Los llaman desertores y traidores y no creo que sean nada de eso, es sólo la necesidad de estar un poquito mejor económicamente.”

Hasta el cierre de esta edición y según datos extraoficiales, 10 deportistas cubanos que viajaron a Veracruz para participar en los JCC desaparecieron de su concentración: cuatro luchadores, un jugador de softball, una de tiro deportivo, dos de balonmano, una de tenis de mesa y uno cuya disciplina no se dio a conocer.