La reacción inicial del biógrafo de Gabriel García Márquez al conocer la noticia de que la familia del escritor había vendido su archivo personal a la Universidad de Austin, Texas, fue de rechazo, si bien cree que el dilema de que se conservara en México o Colombia era irresoluble. En entrevista, el inglés Gerald Martin razona ampliamente sobre esta “ironía” del destino final de los papeles de Gabo –como siempre le llama–, quien está en primer sitio en el imaginario colectivo de América Latina por su postura crítica frente a Estados Unidos, y con Cien años de soledad como símbolo identitario.
LONDRES- “Hubiera preferido que terminaran en América Latina.”
Así opinó el británico Gerald Martin, biógrafo oficial de Gabriel García Márquez y uno de los principales expertos mundiales sobre la obra del Nobel de Literatura, sobre la decisión de la familia de vender los archivos del escritor a la Universidad de Austin, Texas, Estados Unidos.
Franco, con amplio conocimiento sobre el asunto, el autor de Gabriel García Márquez: Una vida (2008) dialogó con Proceso sobre el legado, el carácter práctico de la decisión, lo que hubiera pensado el narrador al respecto y del nuevo libro que prepara sobre él.
“Habría que decir que el tema del archivo es enorme –enfatizó– porque de alguna manera implica toda la historia, no solamente cultural sino política de América Latina. Es algo complicadísimo. Yo siempre he sido una especie de chauvinista latinoamericano. Entonces, de alguna manera preferiría que estas cosas estuvieran en América Latina. Siempre. Ahora, en el caso de Gabo es especialmente complicado, porque primero vivió más tiempo en México que en Colombia, y segundo que la misma Colombia es un país muy complicado y Gabo es parte de esas peleas regionalistas e históricas. Yo he conocido muy bien a Miguel Angel Asturias cuando él dejó todos sus archivos, los legó a la Biblioteca Nacional de Francia. Era muy lógico porque vivía en Francia, estaba exiliado allí prácticamente durante toda su vida. Francia había hecho mucho por él, y sin embargo hubo una gran controversia en Guatemala. Primero porque dejó sus cartas a Francia, y segundo porque también estuvo enterrado en Francia, como Carlos Fuentes, que también está enterrado en París. Todo esto es muy complicado, y más en el caso de América Latina, porque todos los países latinoamericanos son lo que son, México, Colombia, Cuba, pero también son América Latina. Casi todos los grandes escritores latinoamericanos son primero latinoamericanos y después colombianos, mexicanos, etcétera. Es parte de la historia cultural de la literatura latinoamericana. Todo eso para empezar.
“Después, en el caso de Gabo, sus hijos, por ejemplo, son mexicanos. Pero uno de ellos vive en Francia y otro, a pesar de haber pasado mucho tiempo en México, vive en Estados Unidos, a unos 500 kilómetros de Austin. También complicado. Hay que decir que aunque uno pensaría que estamos comenzando todo esto de cero, los archivos de casi todos los escritores importantes latinoamericanos están en Estados Unidos. Yo, cada vez que un archivo literario de Inglaterra sale del país para ir a Estados Unidos, me duele. No me gusta. Los ingleses tenemos esos mármoles de Elgin del Partenón de Grecia en el Museo Británico, y hay una controversia que va a seguir durante toda la historia, a no ser que los devolvamos.”
–¿Cree que el envío de los archivos se trató primeramente de una decisión económica?
–Estas cosas son complicadas, porque primero son cuestiones económicas, hay que decir, y hay que ser muy claros: Estados Unidos paga muchísimo más que cualquier otro país. Es por ello que tienen casi todos los tesoros de los últimos 50 años del mundo ahí. Estados Unidos tiene el dinero, pero al mismo tiempo, teniendo el dinero, también tienen las facilidades. Los archivos de Carlos Fuentes están en Princeton, como probablemente saben. También los de Mario Vargas Llosa, José Donoso, como veinte o treinta escritores latinoamericanos muy importantes. Y Austin tiene muchas cosas latinoamericanas, pero más cosas globales, como los archivos de James Joyce, de Virginia Woolf, de William Faulkner y Ernest Hemingway. Entonces, en cierto sentido, que los archivos del más famoso de todos terminen en Austin no me parece sorprendente, me parece en ese sentido que está bien.
“Uno de los problemas que siempre tuve con Gabo, no exactamente una pelea porque comprendía perfectamente, es que a él estas cosas no le importaban mucho. Yo he trabajado bastante sobre ediciones críticas, por ejemplo hice en París esto con la Colección Archivos, he organizado allí ediciones críticas de grandes clásicos latinoamericanos. Y para hacer eso se necesitan todas las etapas de cada libro, todas las versiones, etcétera. A García Márquez, al contrario, cuando yo le dije que quería ver todo su archivo de cartas, él me dijo que era como pedirle ver su ropa interior. A él, como escritor, no le gustaba eso. Y además, nosotros los académicos tampoco éramos santos de su devoción. Él no era un personaje académico, no tenía esa concepción. Escritores como Fuentes, como Vargas Llosa, también eran de alguna manera académicos, profesores, teóricos. Pero Gabo no lo era. A él le interesaban mucho más sus lectores comunes y corrientes que el futuro académico. Todo esto para decir que me parece una cosa muy complicada. Obviamente conozco muy bien a la familia de Gabo. Es gente muy seria. Rodrigo estudió en Harvard. Es más, estudió en Harvard cuando Gabo todavía no podía entrar a Estados Unidos. Todo había que hacerlo con visas especiales y temporales. Yo creo que esto da para escribir un libro por lo complejo y complicado.
“Y su legado es tan importante que de alguna manera probablemente todos habríamos querido pasar cinco o diez años, decidiendo, peleando, argumentando dónde deberían haber terminado los archivos de Gabo. Y a lo mejor han querido hacer una cosa preventiva para evitar las peleas inevitables que iba a haber alrededor de este caso.”
–¿Qué piensa sobre el tema ideológico de esta venta de archivos? El caso de García Márquez no es el de algunos autores latinoamericanos como Jorge Luis Borges, que sí visitaron la Universidad de Austin y que tenían un vínculo más cercano con Estados Unidos, es muy diferente, ya que representa en el colectivo imaginario de América Latina una mirada mucho más crítica de Estados Unidos. Y teniendo en cuenta que además se vendieron los manuscritos de Cien años de soledad, una obra tan icónica y simbólica para América Latina, ¿piensa que debió haber habido un debate más profundo sobre el destino de estos documentos?
–No puedo negar lo que dices. Mi primera reacción fue indudablemente una especie de golpe al estómago. Y sobre todo yo pasé 20 años de mi vida estudiando sobre García Márquez, pero también tengo que confesar que he pasado por lo mismo, pues soy una persona infinitamente más latinoamericanista que norteamericana; sin embargo, pasé quince años de mi vida trabajando en Pittsburgh, donde tenían una biblioteca fabulosa y donde me pagaban mucho mejor que en Inglaterra. Estas son cosas complejas porque tenía que pensar si iba a seguir trabajando en un país dominado por Margaret Thatcher o si iba a vivir en otro lugar. Todos tenemos nuestras contradicciones, pero si vamos a pensar en la vida de Gabo, en la manera en que había sido gran aliado de Cuba durante una época muy importante de su vida, en que había tenido prohibida la entrada a Estados Unidos, lo menos que se puede decir es que es irónico. Es indudablemente irónico. Yo admiro a muchos escritores latinoamericanos, pero si hay un escritor que de alguna manera representa la identidad continental e histórica latinoamericana de los últimos 60 años, o por lo menos desde que apareció Cien años de soledad, es García Márquez. Esto es indudable.
“En México tienen a un Jorge Volpi que ha publicado un libro llamado El insomnio de Bolívar, que no sabemos si irónicamente o no, pero me temo que no, más o menos argumenta que México debería ser parte de Norteamérica en vez de América del Sur. Un debate muy fuerte de toda esta cuestión de la relación identitaria de América Latina, y específicamente de México con Estados Unidos. Acabamos de ver que el presidente Barack Obama con su decisión sobre la inmigración ha asegurado probablemente que el próximo presidente también será democrático. Todos sabemos que Estados Unidos va a ser un país más o menos latino. Austin está a unos 250 kilómetros de México, sin embargo ese archivo de Gabo está del lado de Estados Unidos. Creo que de aquí a 50 años sabremos lo que se va a pensar de todo esto. Estados Unidos puede que sea muy diferente para entonces.
“Pero si estamos hablando de una decisión estética, obviamente sería más lógico pensar que el archivo de Gabo estuviera en un país latinoamericano. ¿Pero cuál? Cuando murió Gabo se le hicieron dos homenajes. Uno extraordinario en México y al día siguiente otro en Colombia. Y en Colombia también se debatía si ese homenaje debía ser en Bogotá o si debió ser en Cartagena o Barranquilla. Estas cuestiones son mucho más difíciles en América Latina que en otros lugares. Los archivos de Gabo no podrían haber sido depositados en Francia, porque Europa no era tan importante en la concepción de García Márquez. Fue indudablemente un hombre del Nuevo Mundo.
“No sé qué pasó entre las tres personas de la familia que habrán tomado esta decisión de entregar los archivos. Son personas muy bien educadas, con una concepción muy lúcida de lo que es la cultura. Me imagino que era más fácil de lo que nosotros podríamos pensar. Porque creo que decidir entre México –y los hijos son mexicanos, y Mercedes Barcha ha vivido 40 años en México– y Colombia, habría sido casi imposible. Incluso confesar que se estaba decidiendo entre México y Colombia habría sido dificilísimo. No es descabellado pensar que terminarían en Estados Unidos, donde primero pagan más, para ser francos, pero al mismo tiempo donde saben hacer estas cosas, donde no hay guerras culturales, donde nadie va a tratar de destruir el archivo de García Márquez porque García Márquez fue comunista, traidor a su patria, a América Latina. Ninguna de esas cosas iban a pasar tampoco. Hay razones positivas y negativas para hacerlo. Realmente, ahora que te estoy hablando, estoy procesando esto de otra manera. Y me parece que decidir entre Colombia y México hubiera sido casi imposible. Y sin embargo esos fueron los dos lugares más obvios.”
–Usted está trabajando en un nuevo libro sobre García Márquez con todos los materiales y archivos que le quedaron fuera en su biografía. ¿Piensa que visitaría la Universidad de Austin para analizar en detalle esos archivos?
–Ahora tendría que ir a Austin porque evidentemente hay toda una serie de cosas que yo no he visto. Creo que probablemente en dos o tres días podría revisar los manuscritos, aunque no para hacer una edición crítica. Sería cuestión de procesar cuáles son las bases, sin entrar en detalles. Además, según entiendo, pero no sé, lo que hay sobre todo son cartas escritas a García Márquez, y me imagino que hay muy pocas cartas de García Márquez a otras personas. Yo no sé si esas cartas serían para mí muy interesantes o no, aunque tendría que ir, porque en el próximo libro si yo me he equivocado en alguna manera, entonces obviamente tendré que corregirlo. Gerald Martin seguramente estará viajando a Austin como habría viajado a la Ciudad de México si los archivos estuvieran allá, o a Bogotá si estuvieran en Colombia. Eso es indudable. Básicamente quiero saber si ese archivo es tan interesante e importante que merece dos o tres visitas. Quién sabe.”








