Partidero

En boca de los que están bien y lo tienen todo no hay por qué preocuparse. ¡Claro!, ellos no son pueblo ni padecen las estrecheces del ciudadano de a pie ni los abusos policiacos ni el maltrato y atropellos de los conductores del transporte urbano, menos aún pasan las de Caín de las mujeres y hombres comunes y corrientes –muchos de los cuales no tienen trabajo o bien perciben salarios ínfimos–; y además de andar bien guarecidos –por aquello de los guaruras– ganan salarios exorbitantes, merecida o inmerecidamente, e ignoran las manifestaciones de inconformidad –cada vez más frecuentes e intensas–. Para ellos que viven en la holgura y la indiferencia hacia la sociedad, incluidos algunos líderes sindicales, es muy fácil afirmar que México en general y Jalisco en particular viven felizmente. Y es que esa clase de políticos es feliz mirando hacia abajo.

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La semana pasada, en la inauguración del Foro Internacional de Políticas de Bienestar y Desarrollo, el titular de Desarrollo e Integración Social de Jalisco, Salvador Rizo Castelo, aseveró: “En términos generales, México es un país con niveles de felicidad altos… Jalisco, al igual que a nivel nacional, se identifica con niveles de felicidad altos. Poco le faltó para decir que estamos en la gloria y que todo se debe a los programas Bienestar, del gobernador Jorge Aristóteles Sandoval, y al de México sin Hambre, de Enrique Peña Nieto. En suma, ésta había sido la postura del Observatorio Ciudadano de Calidad de Vida “Jalisco Cómo Vamos”, nacido durante el sexenio pasado y que le sirvió de plataforma a quien fuera su coordinador, David Gómez Álvarez, convertido ahora en subsecretario de Planeación.

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La ordeña de combustible en gasoductos ya está tipificada como delito grave y enmarcada dentro de la delincuencia organizada –aunque con penas que sólo van de dos a 10 años de prisión–; sin embargo, la reforma sobre este asunto no augura buenos resultados mientras siga habiendo colusión de algunas autoridades, señaladamente policiacas y, en algunos casos, de empleados y funcionarios de alto nivel de Pemex. El robo de gasolina y diésel ha sido tan excelente negocio que tan sólo en cuatro entidades, que en orden de importancia por el número de tomas clandestinas: Tamaulipas (251), Jalisco (150), Sinaloa (90) y Guanajuato (50) sumaron en el primer semestre de este año 500, independientemente de las que hay en Tabasco, Veracruz y otros estados.

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Después de los asesinatos y la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en Iguala que nadie ha podido localizar, la consecuente caída del gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, y la tardía partida de Cuauhtémoc Cárdenas, ¿tendrá el PRD algún líder moral en quien puedan sus seguidores confiar? En Jalisco, sin duda, todo seguirá igual y como máxima autoridad, el exrector Raúl Padilla López. Aquí, este partido está casi desmantelado desde hace mucho tiempo, pero sigue siendo refugio –y tal vez importante fuente de ingresos vía subsidios oficiales– para algunos de los amigos del Grupo UdeG.

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Cercanos al director del Instituto Tecnológico Superior de Puerto Vallarta (ITSPV), Luis Alberto González Gutiérrez, que llegaron a cargos administrativos vía amiguismo, amenazan con ubicar y vengarse de alguna manera de los maestros inconformes que denunciaron haber convertido a la institución en un refugio de recomendados priistas (Proceso Jalisco 522 y 523). Insiste el cuerpo magisterial en que en torno del plantel, el equipo del director sigue haciendo proselitismo en pro del partido tricolor, a costa de la calidad de la educación. Por otro lado informan que la Dirección aún está convocando a los alumnos a que se tomen la foto para darles su credencial, por lo que contradicen lo dicho por González Gutiérrez en el sentido de que la credencialización ya había terminado. Además, informan los profesores que no es exacto lo que en una parte de la carta publicada en el número anterior les contradice el director en el sentido de que las certificaciones de calidad se han ido perdiendo una a una. Él asegura que “hemos renovado y conservado cada uno de los certificados y acreditaciones de calidad”, entre los que cita el de arquitectura, carrera que por cierto ya no se imparte en el Tec Vallarta, aseveran los denunciantes.

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