De Martí Medina Hernández

Señor director:

Pido a la Redacción publicar este texto en la sección Palabra de Lector, a modo de respuesta a Javier Sicilia, Martí Batres (Proceso 1985) y Patricia Gutiérrez-Otero (edición número 1984).

Leí con gran impresión la disputa surgida de la pregunta de Patricia Gutiérrez-Otero sobre cómo hacer que un boicot electoral tenga un efecto real en las elecciones sin favorecer al partido en el poder. Sinceramente, yo creo que no hay forma factible de que el boicot funcione, pero tampoco creo que Morena sea la panacea en este rubro.

Debemos tener en cuenta que las opiniones de Batres y Sicilia son muy similares en cuanto al estado del país. Los dos opinan que la violencia actual es intolerable desde cualquier punto de vista y que su principal causa es la corrupción de los dirigentes políticos.

La disputa se encuentra en las vías de acción para cambiar al sistema. El análisis de Sicilia sobre el Estado y de cómo los partidos políticos y las elecciones lo legitiman es completamente cierto. Necesitamos una organización social diferente al Estado, que esté basada en la comunidad y la democracia. Para lograrlo, según Sicilia, lo que se necesita es dejar de votar con el fin de que el sistema no se legitime. Sin embargo, históricamente el Estado ha encontrado y seguirá encontrando la forma de legitimarse, ya sea usando el tradicional clientelismo electoral, las fuerzas armadas, el poder económico o incluso el apoyo de potencias extranjeras.

Pensemos: Si se quiere lograr una verdadera unidad a través del abstencionismo sería necesario concientizar a toda la población (o por lo menos a una grandísima mayoría) de que no debe votar, para lo cual se requieren no años, sino décadas, y México no puede esperar más tiempo.

En segundo lugar, sería indispensable librarnos de la pobreza, porque la pobreza es la que hace que la compra de votos funcione y se perpetúe. También, concientizar al brazo armado estatal, que es el que permitiría al Estado actuar en una situación de crisis, y que además inhibe la movilización social.

En tercero, se requeriría un proyecto de construcción social antiestatal (no improvisado) al que la población pudiera adherirse, de modo que en el caos resultante de tal abstencionismo masivo no fuera cooptada por sectores ya organizados con intereses particulares.

Si no se cumplen la mayoría de estos requisitos, lo único que estaríamos consiguiendo (y es lo que ha pasado en casi todas las elecciones) es perpetuar el engranaje del sistema político mexicano.

Por otra parte, Morena no es una solución a largo plazo. Convengo en que tal vez el partido esté fundado bajo la vigilancia moral de López Obrador y muchas otras personas dignas de la calidad moral de Sicilia. Sin embargo, también forman parte del aparato que legitima al Estado. Aun cuando empiecen bien, debido a que carecen (¡y demasiado!) de organización verdaderamente de base, Morena se corromperá. ¿Funcionará Morena aun cuando –toquemos madera– López Obrador tenga que rendirle cuentas a la parca? ¿No será cooptado, como el PRD, por el sistema estatal? Morena puede funcionar por unos años, y ahí es donde tenemos una oportunidad.

Concuerdo con Sicilia en que el Estado ya no debe ser nuestra forma de organización social, pero para construir una nueva se impone, mientras tanto, votar no por un partido, sino por un candidato que sepamos que tiene los mínimos requerimientos éticos para gobernar democráticamente.

Mas no conformarnos con eso. Evidentemente, si Morena llega a la Presidencia no va a significar un cambio radical en el Estado, y menos si se perpetúa en el poder, aunque va a ser mucho más fácil combatirlo desde dos frentes (arriba y abajo) que sólo desde uno. Repito: no será un cambio radical, pero es un paso importantísimo para lograr tal cambio.

Ahora bien, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, y la sociedad en general, tenemos la tarea de organizarnos, de pensar, de no dejar al aire ni a la improvisación la creación de una organización social diferente al Estado. Recordemos que sin teoría no hay praxis.

La ilusión mayor es creer que nosotros tenemos la razón. Batres y Sicilia son dos frentes que luchan por los mismos objetivos; no hay que ponerle piedritas al otro, sino hay que sumarlo a nuestros esfuerzos.

Atentamente

Martí Medina Hernández

asimov_skin@hotmail.com