Señor director:
Soy una profesora jubilada que cumplió con 28 años de servicios ininterrumpidos, los cuales me hacen acreedora a recibir un premio denominado “Maestro Rafael Ramírez”, que consiste en una medalla de reconocimiento y un estímulo económico.
Tras casi 12 meses de haberme jubilado y después de 28 años de desempeño cabal como docente (que me valieron diversos reconocimientos), la Dirección de Educación Primaria Número 5 en el DF, primero, y después la propia Administración Federal de Servicios Educativos en el DF, me lo niegan bajo la objeción verbal de que he perdido el derecho a reclamarlo por no haberlo solicitado el mismo año en que me jubilé. Dicho argumento se basa en la interpretación subjetiva de una de las bases de la convocatoria.
En la Dirección de Educación Primaria Número 5 no me querían recibir mi solicitud del premio, pero como no me pudieron demostrar con la convocatoria ni con sus fundamentos jurídicos que no tengo derecho al mismo (hasta hace poco, quienes por una u otra razón no podían solicitarlo el mismo año en que se jubilaban, podían hacerlo al año siguiente sin ningún problema), tuvieron que recibirla, pero me advirtieron que no procedería.
Luego de haber ingresado un oficio de inconformidad, la Administración Federal de Servicios Educativos en el Distrito Federal (la que vía telefónica ha dado por extraviado mi oficio, aunque yo conservo el acuse de recibo correspondiente) publicó un Adéndum a la convocatoria, esta vez dirigida exclusivamente a quienes mencionaban en la anterior base como candidatos, excluyéndonos a quienes no entramos en esa descripción o llamado.
Una de las bases de la convocatoria que se presta a malas interpretaciones (la decimonovena) menciona que el derecho a recibir el premio prescribe al término de un año contado a partir de cierta fecha especificada en la misma base; esto no quiere decir que jubilados en una situación como la mía carezcamos del mismo, pues se refiere (al igual que las convocatorias de años anteriores) a aquellos docentes “acreedores” (cuyas solicitudes proceden) que luego no reclaman su premio.
Realmente es injusto que por omisiones en el aviso de la convocatoria, cambios de última hora a la misma y malas interpretaciones de las bases (sin fundamentos jurídicos y de manera ambigua), a profesores jubilados que dedicamos 28 o 30 años de nuestra vida a dar formación académica a tantas generaciones de niños nos nieguen este premio con valor económico y simbólico. (Carta resumida.)
Atentamente
Profesora María Guadalupe
Flores Flores
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