“Arroz congrí”

Un gran amor a la música y a la comida cubanas es lo que se respira en la puesta en escena de Arroz congrí que se presenta en el Círculo Teatral todos los lunes, en donde lo que prevalece son las canciones que corren a lo largo de la obra.

Dos mujeres ocultan ser mexicanas por sus deseos de llegar a ser grandes cantantes como Celia Cruz, a quien tanto admiran. Mercedes y Clara, interpretadas por Isabel Bazán y Alejandra Marín cantan, bailan y se convierten en dos cubanas que mezclan entonaciones en este juego de intentar ser y que no se descubra su verdadera nacionalidad. En monólogos intercalados, cuentan su historia y cómo las unió la vida hasta arribar a un restaurante donde, siendo meseras y cocineras, esperan una oportunidad para mostrar sus cualidades vocales.

Escrita por Alfonso Cárcamo, la anécdota es mínima, sólo el pretexto para que se sucedan canciones típicas de la isla, como “El manicero”, “Son de la loma” o “Lágrimas negras”. Se disfruta la interpretación musical de las doce canciones, aunque se extraña una trama más atractiva. Dado que los recursos de la puesta en escena son mínimos, no se presenta asertivamente lo sustancial de la obra, que son las peripecias de estas dos mujeres para preparar un platillo, ofrecérselo al crítico culinario que vendrá esa noche e intentar realizar su sueño colándose en el rol de amenizar el lugar, pues la cantante no se presentará.

Las resoluciones escénicas del director Tereke Ortiz son muy básicas; con poca creatividad para dar variedad al trazo escénico en cuanto a los movimientos de las actrices en el espacio y dar ritmo a la obra. La escenografía está organizada de manera poco funcional y no hay una preocupación por hacer verosímiles las acciones que plantea el texto. Hacen que cocinan, aparecen trastes, platos o cacerolas de manera fortuita y no podemos ubicarnos en la acción del acontecimiento

La dramaturgia de Arroz congrí cuenta con una estructura sencilla en la que se intercalan a los sones de La Habana, diálogos y monólogos. Si en un principio se desarrolla con tiempo y sin prisa la presentación de los personajes, cuando inician los conflictos la historia se precipita y en un dos por tres se plantean y se resuelven. El desequilibrio dramático y el final forzado hacen que la obra pierda fuerza y el ritmo sea desigual.

A los personajes de las dos meseras y cocineras hay que agregar el del sobrino del dueño del restaurante, el dueño y el crítico culinario. Estos tres personajes son interpretados por Nicolás de Llaca, y para diferenciarlos se hace una marcada caracterización: lentes, peluca, sombrero, bastón. Se logra el objetivo de dar personalidad a cada uno de los personajes, gracias a la versatilidad del actor. Las dos actrices, que tienen buena voz y cantan con gracia, logran personajes entrañables, aunque requieren de una dirección actoral precisa y con guías de movimiento diversas.

Lo más afortunado de Arroz congrí es la música. A las dos actrices las acompañan los músicos y cantantes Bienvenido Capote en la guitarra y Juan Cisneros en el bongó. Capote sobresale musicalmente por su voz y su presencia escénica, además de componer algunas de las canciones, como es “Ese perro no me va a morder”. Ellos, junto con la voz y el baile de las actrices, alegran el espectáculo y lo hacen disfrutable.