Voto de castigo a Obama: republicanos le quitan el control del Congreso federal

Mitch McConnell, el aspirante a liderar la mayoría republicana del Senado en EU.
Foto: AP

WASHINGTON (apro) – El partido republicano se anotó este martes una sólida victoria sobre el Partido Demócrata, obteniendo con ello la mayoría representativa en la Cámara de Senadores y de Representantes, al concluir las elecciones federales de medio periodo celebradas este martes.

La nueva conformación de la Cámara de Senadores establece 52 de las 100 curules para los republicanos, 45 para los demócratas y tres independientes. En la Cámara de Representantes, y faltando aun el resultado en varios distritos en distintas entidades, los republicanos reafirmaron su mayoría representativa con por lo menos 242, de los 435 puestos, dejando el resto a los demócratas.

Para el presidente Barack Obama, según los analistas políticos, el resultado de las elecciones de medio periodo fue un repudio y rechazo total a su mandato, por parte de los electores estadunidenses quienes con esto envían un mensaje alentador a los republicanos, respecto a sus aspiraciones de recuperar la Casa Blanca en los comicios de 2016.

El referéndum a las políticas de Obama no solo reprobó a favor de la propuesta republicana en el Congreso federal, sino también en la mayoría de las contiendas por las 36 gubernaturas que estuvieron en juego, y de las cuales, faltando el resultado final en varias, los republicanos asestaron derrotas importantes a los demócratas.

El rechazo a la labor de Obama como presidente bajo el espectro electoral, se consolidó cuando se dio a conocer que los republicanos ganaron la gubernatura del estado de Illinois, donde el mandatario fungiera como senador federal antes de ganar hace seis años la Casa Blanca.

Además, los republicanos obtuvieron triunfos en las elecciones a gobernadores en estados como Maryland, Wisconsin y Pensilvania (entre otros); entidades que por años se habían posicionado como bastiones totalmente demócratas.

La clave de la victoria republicana, que recuperó la mayoría representativa del Senado, después de que en 2007 se la quitaran los demócratas, fueron los triunfos en siete estados donde sus candidatos, aunque en contiendas cerradas, derrotaron a sus contrincantes: Arkansas, Colorado, Carolina del Norte, Dakota del Sur, Iowa, Montana y Virginia del Oeste.

La voz de rechazo a Obama y a los demócratas se escuchó en términos generales en toda la Unión Americana. El cambio del control de poder en Washington, deja a Obama como un presidente sin capital político en los dos últimos años de su segundo mandato presidencial. Con un Congreso federal totalmente en manos de la oposición, y con la mayoría de las gubernaturas en manos de los republicanos, Obama queda políticamente incapacitado para promover y lograr la aprobación de cualquiera de sus iniciativas.

Con un nivel de aprobación de solo el 40 por ciento por parte del electorado y de acuerdo al resultado promedio de mas de 50 sondeos nacionales, el presidente Obama se transforma incluso en un elemento de negatividad para su partido, y para quien vaya a ser el candidato presidencial de este, en las elecciones federales de noviembre de 2016.

Sin la mayoría representativa en las dos cámaras del Congreso federal, el futuro de Obama se pinta bastante pesimista, tomando cuenta que a partir del 20 de enero de 2015, cuando inicia la próxima legislatura, los republicanos intentarán rematar al presidente y a los demócratas, posiblemente revocando algunas de las leyes patrocinadas y promulgadas por el mandatario.

Como parte de sus promesas electorales que los ayudaron a consolidarse como la fuerza política más poderosa en Washington, los republicanos tienen ahora la posibilidad de revocar la ley de salud pública de Obama, echar atrás las iniciativas de cambio climático, reducir los presupuestos para programas sociales, cambiar las reglas del sistema tributario e incluso, reformular una propuesta de cambios a las leyes de inmigración, todo, con miras a las elecciones presidenciales de 2016.

Al presidente Obama y a los demócratas, el mensaje de los electores los relega a meros espectadores del poder republicano, ya que el único recurso que le queda al mandatario, es promulgar leyes vía el poder Ejecutivo que le otorga la Constitución.

Sin embargo, los republicanos, y especialmente en el tema de la reforma migratoria, habían advertido a Obama que si cumple su promesa de emitir una orden ejecutiva antes de que termine este año para modificar las reglas de inmigración, podría ser sometido a un juicio político por abuso de poder.

Tal amenaza republicana puede ser una realidad, aunque no llegaría a revocar del puesto al mandatario, pero si le permitiría a los republicanos echarle en cara a Obama, que durante seis años de promesas a los votantes hispanos no pudo sacar adelante una reforma a las leyes migratorias y que ellos en menos de dos años, con el nuevo mandato, están dispuestos a hacerlo.

Como mayoría total en el Congreso, los republicanos tienen a partir de enero el poder de aprobar una reforma migratoria, aunque no muy favorable para unos 11 millones de inmigrantes indocumentados que se verían afectados por ello.

De aquí a enero de 2015, plazo que le queda a los demócratas como mayoría en el Senado, Obama tiene la última oportunidad de incluso lograr la aprobación de quien vaya a ser su nominado para secretario de Justicia, y la confirmación de María Echaveste, la exfuncionaria del gobierno del expresidente Bill Clinton, a quien presentó como su candidata para ser embajadora en México. Si esto no lo logra Obama antes de mediados de enero del próximo año, con los republicanos se reducen mucho las posibilidades de conseguir con facilidad que le aprueben a su candidato al Departamento de Justicia, y Echaveste podría pasar varios sinsabores ante los republicanos. De ahora en adelante y hasta noviembre de 2016, cualquier error de Obama será en detrimento de su partido y a favor de los republicanos en sus aspiraciones por recuperar, también, el control de la Casa Blanca.

En una de las elecciones más costosas y cerradas de la historia moderna de Estados Unidos, el Partido Republicano se apoderó este martes del control total del Congreso federal, luego de derrotar al Partido Demócrata y al presidente Barack Obama, en los comicios federales de medio periodo.

La victoria de los republicanos en la contienda senatorial en los estados de Arkansas, Colorado, Carolina del Norte, Dakota del Sur, Montana y Virginia del Oeste permitieron a este partido arrebatarle a los demócratas el control de la Cámara alta.

Al cierre de la edición, la nueva composición del Senado quedaría con 51 espacios para los republicanos, 47 para los demócratas y la indefinición de una curul, correspondiente al estado de Lousiana que se definirá dentro de un mes, y tomando en cuenta que en Iowa el Partido Republicano también iba adelante en el conteo que, de confirmarse el triunfo, éste les permitiría sumar 52 senadores.

En los comicios de este martes, los republicanos también se reconfirmaron como el partido dominante en la Cámara de Representantes lo que, aunado a la victoria en el Senado, los convierte en la fuerza política en control total del Congreso federal, por lo menos durante los últimos dos años del segundo mandato presidencial de Obama.

Pese a que en Louisiana la contienda por el Senado se definirá en una segunda vuelta el próximo 6 de diciembre, el resultado de esa elección no tendrá efecto alguno respecto de la conformación mayoritaria en la Cámara alta.

Los comicios de este martes dejaron en claro la inconformidad del electorado estadunidense con el presidente Obama y el Partido Demócrata.

La sólida victoria de los republicanos, que ganaron las seis curules que requerían en el Senado para convertirse en mayoría representativa, abre incluso a este partido nuevas perspectivas, de cara a los comicios de noviembre de 2016, de también recuperar la Casa Blanca.

El voto en las urnas para estas elecciones federales de medio periodo deja a Obama básicamente solo, en términos políticos, ya que gobernará sus dos últimos años con un Congreso completamente dominado por la oposición republicana.

“Por mucho tiempo este gobierno (el de Obama) trató de decirle al pueblo estadunidense lo que era bueno para ellos, y culpaba a cualquier otro si sus políticas no funcionaban, pero los ciudadanos se cansaron de ello”, declaró Mith McConnell, senador republicano de Kentucky, quien no sólo se reeligió seis años más al Senado, sino a partir de enero también será el líder la mayoría en esa Cámara.

Los republicanos, que antes de las elecciones tenían 45 de los 100 lugares en el Senado, lograron arrebatarle seis puestos a los demócratas que poseían 53 escaños, más los dos independientes alineados con ellos.

En Arkansas, Tom Cotton; en Colorado, Cory Gardner; Shelly Moore Capito, en Virginia del Oeste; Steve Daines, en Montana; en Dakota del Sur, Mike Rounds, y Thom Tillis en Carolina del Norte son los nuevos senadores republicanos que consiguieron la victoria que le arrebata a los demócratas la mayoría representativa.

La derrota de Obama y los demócratas marca una nueva era en el poder político en Washington, bajo el cual en los últimos dos años del actual presidente se enfrentará posiblemente a una negativa total a cualquiera de sus iniciativas de ley.

Con mira a las elecciones presidenciales de noviembre de 2016 los republicanos, como dueños del control de todo el Congreso federal, no permitirán a Obama el más mínimo triunfo político y, al contrario, harán de su victoria de este martes el eje de lanzamiento de su plataforma presidencial.

Analistas políticos pronostican que los republicanos incluso tendrán más posibilidades políticas de revocar algunas leyes promovidas y promulgadas por Obama gracias al control que tenía en el Senado, como la reforma al sistema de salud pública.

En paralelo, se considera incluso que los republicanos, con claros objetivos electorales, ahora podrían diseñar un nuevo proyecto de cambio a las leyes de inmigración enfocado a recoger el voto del electorado hispano, que aunque en estos comicios de medio periodo no tuvo mayor impacto, en términos porcentuales sí podría definir las elecciones para presidente de Estados Unidos en noviembre de 2016.