Israel-EU: Crisis diplomática entre aliados

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
Foto: AP

MÉXICO, D.F. (apro).- Al reconocer oficialmente el Estado de Palestina el pasado jueves 30, el gobierno sueco desató la ira de su homólogo israelí, cuya cancillería censuró la decisión que calificó de “desafortunada”.

Y señaló que Medio Oriente “es más complicado que montar un mueble Ikea”, en referencia a la empresa transnacional sueca de muebles desarmables.

Suecia se agregó a la lista de 134 países que ya reconocieron a Palestina como Estado, tal como la casi totalidad de países latinoamericanos –con excepción de México, Panamá y Colombia—, de Europa Oriental, de Asia y de África.

Horas después de la adopción del decreto que otorgó el reconocimiento diplomático a Palestina, el gobierno israelí llamó a “consultas” al embajador sueco, lo que “ilustra nuestra irritación y nuestra molestia ante una decisión inútil que no contribuye a la posibilidad de volver a las negociaciones”, declaró a la AFP el vocero de la cancillería israelí.

El pasado lunes 27, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu autorizó un nuevo plan de colonización en Jerusalén Este, en violación al derecho internacional e ignorando los repetidos exhortos de Washington para detener estos proyectos.

El integrante de la Comisión de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Cees Flinterman, denunció el viernes 31 que el número de colonias israelíes en los territorios palestinos ocupados se había duplicado en los últimos cuatro años, y, en nombre de la comisión, declaró: “Estamos preocupados por el nivel de violencia que utilizan los colonos contra los civiles palestinos y propietarios inmobiliarios en Jerusalén Este y en Cisjordania”.

Desde el pasado 8 de julio cuando iniciaron los bombardeos israelíes sobre Gaza, Jerusalén Este se convirtió en un escenario de enfrentamientos diarios, cuya tensión crece inalterablemente y pavimenta el camino hacia una nueva Intifada (insurrección) urbana, según los analistas.

 

Provocaciones

La tensión en Jerusalén Este llegó a un punto crítico el pasado miércoles 29, a raíz de un atentado fallido contra el rabino ultraortodoxo y nacionalista de origen estadunidense, Yehuda Glick.

Al día siguiente Netanyahu desplegó un amplio operativo policíaco-militar en la Ciudad Vieja y Jerusalén Este, a raíz del cual los uniformados localizaron y asesinaron al perpetrador del atentado, Muataz Hijazi, en su casa.

En el momento de recibir los disparos, Glick salía de una conferencia titulada Israel vuelve al Monte del Templo, en la que abogó para cambiar el estatus quo que rige el Haram Al-Charfi (el “noble santuario”) o Monte del Templo, la explanada que domina el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén y sobre el cual se encuentra la mezquita Al Aqsa.

Desde 1967 la seguridad de este lugar sagrado –tanto para los musulmanes como para los judíos–, se encuentra bajo el resguardo de las autoridades de Jordania y la vigilancia externa de la policía israelí. El estatus quo prohíbe a los no-musulmánes rezar en este lugar para evitar enfrentamientos.

Por lo anterior, se convirtió en un lugar simbólico para los ortodoxos religiosos judíos y musulmanes, al que se añadió un fuerte carácter político, ya que se multiplican las iniciativas de los parlamentarios y rabinos israelíes para poner fin al estatus quo, lo que los palestinos consideran como claros intentos de provocación. De hecho, la visita que Ariel Sharon realizó al Monte del Templo en septiembre de 2000 desató la segunda Intifada.

En su editorial del viernes 31 el diario israelí Haaretz explicó que el Monte del Templo es un “polvorín” y que desde hace dos años las autoridades “advirtieron en un sinnúmero de ocasiones sobre los peligros inherentes al cambio del estatus quo (…) así como sobre los peligros de las iniciativas de la extrema derecha para llegar a este fin”.

El jueves 30, Netanyahu decidió cerrar el acceso al Monte del Templo a todos los visitantes, por primera vez desde 1967, según las autoridades de Jordania.

El presidente palestino Mahmud Abbas reaccionó de inmediato y consideró la medida como una “declaración de guerra” contra el pueblo palestino. La organización Hamas publicó un comunicado en el que llamó a los palestinos a levantarse para defender la mezquita de Al-Aqsa.

Ese mismo día el canciller estadunidense John Kerry urgió a Israel a abrir de nuevo el sitio religioso. “Cualquier decisión o acción que cambie (el estatuto histórico del sitio) sería provocativo y peligroso”, advirtió Kerry, al añadir que el acceso al Monte del Templo “debe ser reabierto a los musulmanes”.

Ante la presión, tanto interna como internacional, que desató la cerradura de la explanada, Netanyahu dio marcha atrás y volvió a abrir el sitio sagrado en la noche de ese mismo jueves 30, aunque sólo permitió el acceso a las mujeres y a los hombres mayores de 50 años.

Pero el ala derecha de Netanyahu ya está instrumentalizando el atentado, al responsabilizar a Abbas. El viernes 31, por ejemplo, el ministro de la Defensa, Moshe Ya’alon, aseveró que “Abbas es conocido por difundir alegatos y acusaciones falsas en contra de los derechos del pueblo judío hacia sus tierras y sus derechos a rezar en Al-Aqsa, y (el atentado) es el resultado de esas declaraciones”.

La clausura del sitio sagrado, sumado a la autorización de expandir la colonización en Jerusalén Este, desesperaron a Washington, ya que Kerry, en reiteradas ocasiones, se comprometió en lograr un acuerdo de paz entre palestinos e israelíes, con una solución de dos Estados.

El propio ministro de finanzas israelí, Yair Lapid, condenó de inmediato el plan de colonización. Aseveró que “llevará a una crisis diplomática seria en las relaciones entre Israel y Estados Unidos”.

Y sí.

Al día siguiente, la vocera del Departamento de Estado de Estados Unidos, Jen Psaki, declaró que “si Israel quiere vivir en una sociedad en paz, debe tomar medidas para reducir las tensiones. Continuar con este tipo de medidas será incompatible con la búsqueda de la paz”.

El pasado 25 de noviembre el mismo Lapid ya había señalado que dichas relaciones enfrentaban problemas, ya que la administración de Obama negó a Ya’alon el permiso de llevar a cabo una reunión con las autoridades de seguridad nacional estadunidenses.

 

“Cagón”

En un artículo publicado en The Atlantic el pasado martes 28, una fuente diplomática estadunidense calificó al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, de “cagón” y aseveró que “no tiene cojones”.

“Lo bueno con Netanyahu es que tiene demasiado miedo de declarar guerras. Lo malo con él es que no hará nada para llegar a un acuerdo con los palestinos o con los estados árabes sunitas”, abundó.

Según Jeffrey Goldberg, el autor de la nota, quién entrevistó tanto a Barack Obama como a Netanyahu y husmea en los arcanos de Washington, estas declaraciones ilustran el estado de deterioro avanzado de las relaciones entre Israel y Estados Unidos.

Las relaciones bilaterales, según Goldberg, “son peores que nunca, y se empeorarán de manera significativa después de las elecciones de mitad de mandato” que se llevarán a cabo este martes 4 de noviembre, ya que, según el analista, después del escrutinio la Casa Blanca podría dejar de respaldar a Israel en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ante eventuales resoluciones que condenen nuevos asentamientos judíos en territorios palestinos.

Durante una alocución en el Parlamento Israelí después de la publicación del artículo, Netanyahu insistió en que se encontraba “atacado por el simple hecho de defender a Israel”.

El canciller estadunidense John Kerry trató enseguida de desinflar la polémica. Insistió en que las declaraciones de la fuente eran “inaceptables y dañinas” y que no representaban su punto de vista, ni menos el de Barack Obama. El viernes 31 envió un comunicado a Israel en el que reiteró sus quejas respecto a la entrevista.

 

Estado Islámico

La nueva situación geopolítica que desencadenó la rápida expansión del Estado Islámico (EI) en Medio Oriente constituye otro factor que explica la degradación de las relaciones entre Israel y Estados Unidos.

Israel no participa en la coalición internacional que lidera Estados Unidos contra el EI, y oficiales israelíes criticaron de forma severa la estrategia estadunidense para “detener y destruir” en Siria a esta organización extremista, ya que Washington está dando legitimidad a los enemigos de Israel en la región, reportó Haaretz el jueves 30.

“Una situación extraña se creó, en la que Estados Unidos, Canadá y Francia se encuentran del mismo lado de Hezbollah, Irán y (Bashar al) Assad”, dijo una fuente militar al impreso. “Esto no tiene sentido”, añadió.

“Era más fácil lidiar con el terrorismo (del EI) en sus primeros tiempos que enfrentar una amenaza iraní y a Hezbollah”, comentó a Haaretz. “Creo que Occidente intervino demasiado temprano y no necesariamente en la dirección correcta”, acotó.

Al revés, Irán está combatiendo de manera activa al EI en Irak y en Siria, a través del envío de milicias y de armamentos. Y si bien Washington nunca propuso a Teherán formar parte de la coalición, se abstuvo de criticar al régimen de Rouhani e, incluso, envió varios representantes a platicar con oficiales iraníes para coordinar los operativos contra el grupo yihadista.

A raíz de estos encuentros empezaron a revivir las relaciones entre Irán y los países occidentales, que flexibilizaron su postura ante Teherán. Así Irán y el grupo de seis países –formado por Estados Unidos, China, Rusia, Gran Bretaña, Francia y Alemania– ya sostuvieron varios encuentros diplomáticos para tratar del programa nuclear iraní.

Según las declaraciones posteriores a las reuniones, se perfila un acuerdo que incluye un punto otrora impensable: que parte de la infraestructura nuclear iraní –como miles de centrifugadoras que pueden ser usadas para enriquecer uranio– no será destruida o desmantelada.

Israel siempre ha adoptado una postura inflexible contra el programa nuclear iraní. Reclama el desmantelamiento de todas las centrifugadoras y el abandono del enriquecimiento del uranio. El año pasado emitió amenazas muy claras de bombardear los sitios nucleares en Irán, que respaldó Washington para presionar a Teherán.

Según el académico de origen iraní Majid Rafizadeh, “los líderes israelíes temen que el estrechamiento de los lazos de Irán con Estados Unidos y los demás poderes europeos lleven a Occidente a tomar una postura más suave respecto al programa nuclear en las negociaciones que se están llevando a cabo”, escribió en el diario Huffington Post el pasado 17 de octubre.