MÉRIDA, Yuc. (apro).- El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dio a conocer el hallazgo de numerosos vestigios arqueológicos, correspondientes a diversos periodos, distribuidos en terrenos donde particulares desarrollan un fraccionamiento en esta ciudad.
De acuerdo con la información proporcionada por el Centro INAH-Yucatán, algunos de los vestigios corresponden a la antigua Ichkansihó, “una especie de suburbio de la población principal T’hó, centro del poder político y económico de la región que hoy se conoce como Mérida”.
También explicó que el área, que perteneció al ejido de Sitpach y, desde el punto de vista histórico, su ocupación se remonta al año 700 a.C., periodo conocido como Preclásico.
En 2008, detalló la dependencia, la empresa Sadasi, que desarrolla una nueva etapa del fraccionamiento Los Héroes en una superficie de 600 hectáreas, siguiendo la norma, solicitó al INAH un estudio que verificara o descartara la presencia de vestigios arqueológicos.
Y como resultado del Proyecto Arqueológico Región de Mérida (Parme), que dirige el arqueólogo Luis Pantoja Díaz, se efectuó la prospección, y en 2009 se realizaron trabajos de salvamento arqueológico, se recopiló una muestra significativa de las estructuras registradas y se definieron los polígonos de protección.
Uno de los núcleos ubicados, al que se denominó “Oxmul”, contiene varias plataformas arqueológicas, “una cantidad considerable de información y piezas halladas mostró la importancia de este lugar”.
Así, en la estructura marcada como 316 se encontraron “75 contenedores funerarios o cistas, en un contexto único en su tipo”.
“Su importancia radica en que determina un patrón funerario especial con una variedad de individuos depositados de diversas edades, sexo y ofrendas diversas en el interior”, explicó el arqueólogo.
El especialista añadió que en las exploraciones realizadas “se determinó la ubicación de infantes y urnas funerarias que hacen de este contexto una oportunidad única de investigación en los pocos sitios que sobreviven al desarrollo urbano”.
El investigador añadió que “en el contexto de la estructura 317 se encuentra la número 318, que conserva aún mucha información y amerita su conservación mediante la restauración arquitectónica, lo que permitirá la pervivencia de estos datos arqueológicos”.
Luego agregó que en “Oxmul” también se cuentan la estructura 461 y sus anexas, que al igual que la estructura 318 fue explorada años antes, pero por la importancia de su contexto se realizaron mayores estudios y exploraciones, debido a la presencia de subestructuras de forma circular y con estuco, que representan espacios o altares ceremoniales.
También dijo que las recientes exploraciones sacaron a la luz nuevos datos y elementos: cuatro maquetas o representaciones en escala de edificios, entre ellos una pirámide con rasgos de la arquitectura Petén, y representaciones arquitectónicas de templos mayas.
“En su conjunto representarían alguna plaza de algún sitio cercano, posiblemente T’hó, en escala, o tal vez las maquetas hacen alusión al lugar de origen de las personas que habitaron ahí hace más de mil 300 años”.
No obstante, destacó, esta estructura y sus subestructuras “tienen una carga simbólica al estar asociadas a una oquedad natural en el costado sur de la plataforma, lo que podría coincidir con la creencia de la entrada al Xibalbá y hacer alusión a la ‘montaña sagrada’, representada en la pequeña maqueta de la pirámide, ubicada al norte de la cueva”.
Asimismo, indicó que la presencia de todos estos elementos y la enorme cantidad de depósitos funerarios, como cerámica de importación proveniente del Usumacinta y Guatemala, por ejemplo, como un cajete con escritura jeroglífica, uno policromo y objetos de concha trabajada en forma de batracio, hacen de este sitio uno punto de referencia de los asentamientos mayas en el Clásico Tardío (600/700 al 900 d.C.).









