Los desastrosos años ochenta

Para los normalistas de Ayotzinapa

El sólido oficio de periodista de Fabrizio Mejía Madrid (1968) le ha permitido disponer de información con la que no sólo ha escrito reportajes y crónicas, sino emprender una saga de novelas sobre momentos decisivos y lugares destacados de nuestro país, como Hombre al agua (2004), Disparos en la oscuridad (2010), Nación TV (2013) y Arde la calle (Suma de letras. México, 2014, 203 p.), de reciente entrega.

En Arde la calle, Fabrizio Mejía recupera los momentos más significativos de los años ochenta, y para hacerlo narra la historia de la familia Vives, iniciando con la participación del padre en la construcción del gasoducto.

En el proceso hay expropiaciones y daños ecológicos que implican indemnizaciones; grandes sumas son desviadas para los funcionarios altos y medios del gobierno y Pemex que se enriquecen al igual que el ingeniero Vives, por lo cual su familia modifica su situación social, compra coches, se cambia a una residencia en el Pedregal, contrata sirvientes… Asimismo, incorpora a su vida diaria nuevas tecnologías (Walkman, videocaseteras, microondas), gustos modernos, y experimenta el trastocamiento de las relaciones amorosas.

Todo lo anterior ocurre en un contexto donde suceden luchas sociales, como las de los trabajadores de la fábrica Pascual y el movimiento estudiantil del CEU; aparecen las bandas urbanas, ocurre el temblor de 1985, sobreviene la caída de la bolsa de valores y se consuma el fraude electoral de 1988.

En esa década la corrupción siguió sangrando al país e impuso a los políticos adecuados para continuar la entrega de la riqueza a las clases adineradas y empresas extranjeras. La concentración del poder político y económico facilitó mantener bajos los salarios, manipular a los trabajadores a través de los sindicatos e imponer en los medios masivos las imágenes convenientes para confundir e integrar, entre otras cosas.

No obstante, destacaron dos momentos principales: El terremoto de 1985 (que descubrió los niveles increíbles de explotación de miles de trabajadores y mostró la posibilidad de acciones colectivas) y la elección presidencial de 1988 (que por el fraude electoral radicalizó la lucha a través de formas como la emprendida por el EZLN).

El título fue tomado de un verso de la canción “Escuela de calor” de Radio Futura: “Arde la calle/ hace falta valor,/ quiero vivir del aire, quiero salir de aquí.”