Diálogo sobre las Bienales de Pintura

Anunciado como un Diálogo sobre las Bienales de Pintura, el evento realizado el martes 14 en el Museo Tamayo, en la Ciudad de México, rebasó la temática planteada al convertirse en un acalorado foro donde se plantearon problemáticas relacionadas con la creación, promoción, mecenazgo gubernamental y enseñanza de la pintura.

En el evento se denunció la prepotencia de la gestión de Magdalena Zavala como Coordinadora Nacional de Artes Visuales del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), se manifestó el desacuerdo de un sector creativo, y se evidenció la inexistencia de una autoridad cultural que sirva a la sociedad con soluciones pertinentes.

Organizado en el contexto de la XVI Bienal de Pintura Rufino Tamayo, el Diálogo sobresalió tanto por el inconformismo y exigencias del público como por la ausencia de funcionarios del INBA. Coordinado por el curador de la edición XVI, Erik Castillo, el panel de invitados estuvo constituido por dos miembros del jurado de premiación –los pintores Magali Lara y el también funcionario académico Saúl Villa–, y Pablo Rulfo, miembro del colectivo que desde 2010 ha defendido la existencia y concepto original del certamen.

Además de confirmar la importancia que tiene la pintura en México, señalar que el formato de bienal siempre es injusto y calificar la selección de la edición 2014 como muy rígida, Lara introdujo un aspecto relevante: el vicio que tienen las escuelas de organizar la enseñanza alrededor de un maestro.

Consciente de la responsabilidad social del gasto público, Rulfo planteó una problemática esencial: la inclusión de las obras premiadas en un acervo museístico.

Aspecto que incide en la premiación de la actual edición, ya que ni el ejercicio con base en harina de Sofía Hernández ni el ordinario hiperrealismo de Miguel Angel Vega merecen ocupar las bodegas y el presupuesto de un museo.

En lo que al público se refiere, además de las críticas a las irregularidades de la Bienal (Proceso, 973, 1974), el pintor Ulises García Ponce de León hizo referencia a una circunstancia que merece analizarse: la conversión de los creadores en maquiladores pictóricos. Con base en sus argumentos, los criterios curatoriales de la XVI Bienal fomentan la repetición de lenguajes institucionalizados por el mercado y el mainstream.

Y por último, una de las propuestas más pertinentes: la invitación de la pintora Teresa Velázquez a unirse como comunidad para manifestar su desaprobación por los desaparecidos de Ayotzinapa. Dispersos y con diferentes valores y actitudes artísticas, los creadores mexicanos no son una comunidad. A diferencia de otras disciplinas creativas que se distinguen por su compromiso social, las artes visuales se caracterizan, actualmente, por la frivolidad, banalidad y mercantilismo de su contexto.

Entre los pocos artistas que, como Velázquez, intentan reconstruir una función social para el arte, se encuentra Gabriel Macotela quien, en la Marcha nacional para exigir la aparición de los normalistas de Ayotzinapa del miércoles 8, intervino pictóricamente el piso del Paseo de la Reforma, a la altura del Ángel de la Independencia, con numerosas figuras blancas que evocaban ángeles para significar personas seguramente ya muertas. Titulada Rostros anónimos vivos y presentes, su intervención evidencia que no todo el arte, en México, es inmóvil.

El Diálogo sobre las Bienales puede consultarse en: https://bienaldepinturarufinotamayo.blogspot.mx/