El mayor rival de los esgrimistas: su dirigente

Para Jorge Castro Rea no hay imposibles: Documentos, exdeportistas y familiares de atletas confirman que lleva nueve años presidiendo la Federación Mexicana de Esgrima, pese a que sólo podía hacerlo durante ocho; manda a sus amigos a los campeonatos internacionales, aunque hay combatientes mejor clasificados, y ordena conseguir facturas falsas en el extranjero. Estas acusaciones, que se suman a las realizadas por el exentrenador nacional Alexander Lorente, evidencian que las lagunas legales y la indolencia de las autoridades le permiten a Castro mantener su cacicazgo.

El presidente de la Federación Mexicana de Esgrima (FME), Jorge Castro Rea, ha estado al frente de ese organismo durante nueve años, lo que contraviene el estatuto y el reglamento de esa organización, donde se indica que los miembros del Consejo Directivo podrán ejercer el cargo durante cuatro años y sólo podrán ser reelectos para un periodo más.

En enero de 2013, cuando Castro debía dejar la presidencia de la FME, llevó a cabo una Asamblea General Ordinaria con el aval del entonces titular de la Confederación Deportiva Mexicana (Codeme), Alonso Pérez, en la que no encontró oposición ni se presentó otra planilla. Ahí se reeligió por segunda ocasión. Los presidentes de las asociaciones estatales quedaron satisfechos con la explicación que Castro les dio: que el estatuto había sido modificado un mes antes. Sin embargo, no exhibió documentación que acreditara su dicho.

Por tratarse de asociaciones civiles, las federaciones deportivas nacionales están obligadas a formalizar mediante notario las actas de asambleas en las que se realicen elecciones o cambios al estatuto. En una búsqueda realizada en el Registro Público de la Propiedad y de Comercio del Distrito Federal, no aparece la reforma estatutaria que Castro “notificó” a sus afiliados.

Desde enero de 2005, cuando se convirtió en presidente de la FME, Castro ha realizado tres inscripciones ante el Registro Público. La más reciente es del 25 de abril de 2013, cuando protocolizó el acta de asamblea del 18 de enero de 2013. Entonces se asentó que el Consejo Directivo de la Federación Mexicana de Esgrima para el periodo 2013-2017 está integrado por Jorge Castro Rea, presidente; Ángel Gregorio Díaz Farfán, vicepresidente; María de los Ángeles Cervantes Saldaña, secretaria; Raúl Salvador Cruz Soto, tesorero; Eduardo Acosta García, comisario; Francisco Montes Guzmán, vocal directivo; Rafael Correa Vázquez, representante jurídico; y Benjamín Félix Benítez Lagos, vocal medallista.

Antes de ese movimiento, el 26 de junio de 2009, Castro inscribió el acta de la asamblea que se realizó el 20 de marzo de 2009, en la que fue reelegido por primera vez.

El primer movimiento registrado es del 4 de marzo de 2009. Según se lee en una copia que tiene este semanario, Jorge Castro inscribió la protocolización de la asamblea que se realizó el 29 de marzo de 2008. Aquella vez se realizaron modificaciones al artículo 54 bis del estatuto, para establecer: “La Conade podrá fiscalizar la correcta aplicación y ejercicio de los recursos públicos, así como evaluar los resultados de los programas operados con los mencionados recursos. Para ejercer en forma transparente los recursos provenientes del erario público, se deberá observar los siguientes lineamientos y criterios: 1. se deberán destinar a los programas y objetivos planteados en los convenios que al efecto suscriban; 2. su manejo se deberá hacer en una cuenta bancaria exclusiva en la que no deberán mezclarse recursos de una fuente diferente; 3. en caso de adquisición de bienes muebles o inmuebles” (sic).

Aunque la Codeme ya no forma parte del Sistema Nacional de Cultura Física y Deporte (Sinade) y, por lo tanto, de acuerdo con lo que marca la Ley General de Cultura Física y Deporte ya no tiene injerencia en los procesos electorales de las federaciones nacionales, en su página de internet todavía están disponibles los estatutos de estos organismos deportivos porque siguen afiliados a Codeme.

En el caso de la Federación Mexicana de Esgrima A.C., el estatuto y el reglamento vigentes son los que incluyen “las modificaciones acordadas en la Asamblea Extraordinaria del 29 de marzo de 1996”, en cuyo artículo 30 se lee: “Los miembros del Consejo Directivo serán electos por la Asamblea Ordinaria para un periodo de cuatro años y podrán ser reelectos un periodo más por mayoría simple”.

Como la Codeme, en teoría, ya no puede regular a las federaciones, ésta responsabilidad recae en el Consejo de Vigilancia Electoral Deportiva (Coved), organismo que, sin embargo, todavía no existe: la Conade no lo ha creado a pesar de que en abril de 2013 entró en vigor la nueva ley que lo contempla.

Como la máxima autoridad del deporte nacional no lo ha llamado al orden, Jorge Castro Rea continúa como presidente de la FME –tal como ocurre en muchas otras federaciones.

Las aristas de la iniquidad

En su edición 1978, Proceso publicó que el cubano Alexander Lorente –entrenador de la selección nacional de esgrima durante 26 meses– había renunciado a su cargo en mayo pasado debido a las irregularidades en la gestión de Castro. Antes de irse entregó en la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) una carta donde explicaba que Castro se había robado parte del salario de un grupo de entrenadores, que los trataba como esclavos, falsificaba facturas y se embolsaba lo que manda el gobierno federal, entre otras irregularidades. Ahora, son exatletas y familiares de deportistas los que confirman esa situación.

Georgina Simont forma parte de una familia cuyos integrantes, durante varias generaciones, han practicado la esgrima. Ella y sus hermanos Arturo, Soledad y Gustavo, coincidieron con Jorge Castro en la selección nacional. Castro era un espadista con quien convivieron en entrenamientos y competencias nacionales e internacionales.

Cuando en 2005 Castro asumió la presidencia de la FME por primera vez, en sustitución de Lourdes Lozano, comenzó lo que Georgina llama una persecución contra los Simont, de tal suerte que sus hermanos fueron “nulificados” y sus dos hijos, que estudian y entrenan en Estados Unidos, no pueden entrar a la selección nacional.

Narra que aunque sus hermanos ocupaban los primeros lugares del ranking nacional, Castro siempre encontraba una artimaña para no llevarlos a las competencias internacionales.

“Nosotros, hasta hoy, nunca dijimos nada. Siempre hemos aguantado lo que nos hizo. Es un tipo que no pudo soportar que nuestros resultados eran mejores que los suyos y como, además, él toda su vida ha hecho transas y nosotros lo sabemos, pues nos eliminó. Lo conocemos desde chiquitos, somos de la misma edad.

“Te puedo contar que en los viajes internacionales entraba a las tiendas y robaba chamarras, plumas, llaveros. Se metía las cosas entre la ropa o en su maleta. A mi hermano Gustavo, que entrenaba con él, le pedía que en las competencias le regalara los asaltos, que se dejara ganar, porque sólo así se podía mantener en la selección. Desafortunadamente a veces mi hermano cedía. Como le sabemos eso nos eliminó, yo creo que para que no se lo dijéramos a nadie. Mi mamá fue miembro de la federación y le dijo a Castro que él no podía ser presidente porque fue acusado de acoso sexual por una chilena. Lourdes Lozano escondió todo y permitió que llegara”, explica Simont.

La mujer añade que no tiene nada que perder, puesto que sus dos hijos ya decidieron no competir más por México. Asevera que no tiene empacho en denunciar las tropelías del federativo, como la que ocurrió con Omar Carrillo, de Jalisco, el primero en el ranking nacional de espada varonil. No lo llevó al Campeonato Panamericano de mayores en Costa Rica en junio pasado. Ese lugar fue para Erick Trujillo, el lugar 10 del ranking. Carrillo también quedó fuera del Campeonato Mundial de Kazán, celebrado en agosto.

“Castro dijo que todos los esgrimistas que están en Estados Unidos tienen que venir a los selectivos nacionales, pero no todos vienen, como Adriana Camacho y David Gómez Tanamachi, a quienes les da los pases a los campeonatos del mundo. No digo que no son buenos atletas, pero si hay reglas, hay que cumplirlas. A Aideé Hernández (de Jalisco) no la toma en cuenta, y aunque se ha ganado un puesto en la selección la deja fuera porque no quiere venir a entrenar al CNAR. ¡Está estudiando!”

Son muchos los ejemplos de cómo Castro elije por dedazo y no por ranking. En la modalidad de espada femenil, las esgrimistas que participaron en el Campeonato Panamericano Juvenil de Guatemala en febrero de este año fueron Gloria Pérez, Liliana Tejeda, Daniela Arrayales y Yessica Méndez. Sin embargo, en la clasificación nacional, Jocelyn Nahomi Cruz, de Baja California, finalizó en primer lugar después de dos selectivos, mientras que Liliana Tejeda ocupó el quinto sitio.

Para el Campeonato del Mundo de Bulgaria 2014, Jocelyn Cruz volvió a estar en el primer lugar del escalafón, pero por decisión de Castro no participó en dicha competencia. De nuevo envió a Liliana Tejeda, a pesar de que era la cuarta de la clasificación nacional.

Para esas dos competencias, pero en la rama varonil modalidad espada, el presidente de la FME determinó que Erick Trujillo, lugar 10 de la lista, y Darío Ibarra, séptimo, fueran los elegidos para competir en Guatemala. Dejó fuera a Juan Carlos Lizárraga y César Ovando, que eran segundo y tercer lugar. Para Bulgaria, aunque Trujillo estaba en tercer puesto, Castro decidió llevar a Darío Ibarra, quien ocupaba el cuarto.

Otros atletas agraviados son Alejandro y Jorge Díaz, de espada varonil categoría cadete. No fueron a Guatemala ni a Bulgaria, y sí Juan Carlos Lizárraga y Édgar Pacheco. Lo mismo ocurrió con Alexander Kunz, de florete varonil, quien durante 2013 y 2014 ha estado mejor colocado que el queretano Diego Marroquín. Este último esgrimista representó a México tanto en Guatemala como en Bulgaria a pesar de que, arriba de él, había al menos 10 competidores mejor evaluados.

Alberto y Andrés Linaldi, ambos de 22 años, tampoco pueden competir por México porque Jorge Castro no les otorga el aval. El federativo se enemistó con Daniela Linaldi, madre de los muchachos que entrenan en Estados Unidos, porque alojó en su casa a un entrenador ruso de nombre Sergei, a quien Castro no le pagó el tiempo que trabajó en México.

“Mis hijos fueron vetados. Sólo una vez, y eso porque le rogué, le permitieron a Alberto competir en la Coruña y yo corrí con todos los gastos. Castro es un hombre nefasto que ha arruinado la vida de muchos deportistas. Como mis hijos ya no tienen nada que perder, hoy levanto la voz”, lamenta Linaldi.

Poder y capricho

Andrea Millán ha sido una de las mejores espadistas de México. En 2012, a pesar de que ocupaba el primer lugar en el escalafón nacional, Jorge Castro decidió que no participaría en el preolímpico rumbo a los Juegos de Londres. En su lugar mandó a Alejandra Terán, tercera a escala nacional.

Aunque le aseguraron que obligarían a Castro a respetar las reglas que él mismo puso, ni el entonces director de Conade, Bernardo de la Garza, ni el presidente del Comité Olímpico Mexicano (COM), Felipe Muñoz, hicieron nada para evitar la arbitrariedad del federativo.

La esgrimista en retiro cuenta que esa decisión fue en venganza por haber denunciado que, rumbo a los Juegos Panamericanos de Guadalajara, Castro pidió dinero a la Conade para comprar uniformes de la marca alemana Uhlmann, pero en realidad entregó unos hechos en México de la marca Fire Sport, a los que sólo puso dos etiquetas (una de la FME y otra de la Federación Internacional de Esgrima, FIE).

“Fue un fraude, eran uniformes de bajísima calidad, se transparentaban. De los que participamos sólo dos se atrevieron a usarlo. También pidió dinero para tenis y hojas (espadas, sables y floretes) y no los recibimos. Mi espada se rompió media hora antes de la competencia y no tenía con qué participar. Éramos 18 atletas, hablamos de por lo menos unos 300 mil o 400 mil pesos nada más de uniformes.

“Como México es un país donde la esgrima está en desarrollo, la FIE manda materiales. Yo estuve casi 20 años en esgrima, ocho de ellos con Castro de presidente, y jamás me dio nada. Eso sí, en las competencias internacionales vendía los fajos con 20 o 30 hojas a los entrenadores de países más pobres que México.”

Millán recuerda que, en 1998, Jorge Castro viajó a Polonia con la selección nacional en calidad de delegado. En aquel tiempo, la Conade entregaba a la FME cinco dólares diarios por atleta que podían usar como viáticos, sin necesidad de comprobarlos. En aquella ocasión viajaron alrededor de 20 deportistas y estuvieron un mes entrenando. Castro nunca les entregó ese dinero. Es más, aunque era el responsable de los esgrimistas, los dejó a su suerte durante cinco días.

“Ya como presidente de la FME me tocó que, a través de los entrenadores, nos mandaba decir en los viajes internacionales que debíamos conseguir notas de consumo en blanco o nos daban hojas en blanco y nos decían ‘fírmala’. ‘¿Para qué es?’ ‘Tú fírmala. Es para comprobar un material’, por ejemplo. Cuidado si no firmábamos. Éramos un equipo como de 20, si sólo uno o dos se quejan de nada sirve. Todos firmábamos.”

–¿De qué eran esas notas que tenían que conseguir? –se le pregunta.

–De restaurantes y consumos. Pero era a fuerzas. ‘Para que comas hoy tienes que ir a conseguir notas por 30 o 40 euros’, nos decían. Teníamos que comprobar en realidad 20 euros, que era lo que nos asignaban, pero nos pedían más. Si no las conseguíamos no nos daban de comer. Cuando íbamos a Cuba a entrenar, con 40 grados y sin aire acondicionado, nos daban dos botellas de 250 mililitros para cada entrenamiento, que duraba tres horas. Conade le da dinero para que nos compre agua y Castro justifica ese dinero, pero siempre pasa que no nos llega completo ni el dinero ni el material.

–¿Cómo conseguían los comprobantes?

–Íbamos a los súper mercados a buscar tickets (en los botes de basura) que no tuvieran compras de alcohol, porque esos no los pagan. También en los restaurantes de comida rápida conseguíamos tickets o cuando comíamos le decíamos al mesero que dejara la nota en blanco o que, en vez de 20, le anotara 30 euros. No siempre era posible, porque dependiendo el país hay quien dice que no. Entonces entrenábamos, teníamos que estar en las competencias apoyando a los compañeros y además andábamos corriendo, consiguiendo notas y no sólo las tuyas, también las de los compañeros a los que ese día les tocaba competir, porque ellos no podían salir a buscar sus propios comprobantes.

La reportera hizo contacto vía telefónica con Jorge Castro el 25 de septiembre para solicitarle una entrevista. El federativo dijo que se encontraba en Cancún, pero se comprometió a atender la solicitud el martes 30 de septiembre. Desde el lunes 29 hasta el cierre de esta edición, el teléfono móvil del federativo ha estado apagado.