Entre las películas de este 18 Tour de Cine Francés destacan dos comedias que representan dos tradiciones humorísticas diferentes en la cultura francesa; la comedia popular del director Cédric Klapisch, y la comedia fina en la versión Guillaume Gallienne, actor de la Comédie Francaise, respetable institución que mantiene vivo el linaje de autores como Moliére o Marivaux.
Aunque una clasificación de este tipo resulte abusiva, ayuda a observar cómo estos géneros tan arraigados en la cultura francesa se adaptan al cine y lo fortalecen; la crítica política funciona en ambos, en uno de manera social, y en otro más personal y psicológica.
En Mi vida es un rompecabezas (Casse-tête chinois; Francia, 2013) reaparecen los personajes de dos cintas anteriores de Klapisch (La pensión española, Muñecas rusas). Xavier Rousseau (Romain Duris), escritor de éxito relativo, define la crisis de los cuarenta como el reto de pasar del punto A al punto B; cuando su mujer lo deja por otro tipo y se lleva a los hijos a vivir a Nueva York, decide mudarse ahí para estar cerca de ellos.
En la ciudad más multicultural del mundo, Xavier tiene que jugar todas las triquiñuelas posibles para obtener su permiso de residencia, falso matrimonio con una joven china y brincos de saltimbanqui para convencer a inspectores y jueces. Las situaciones cómicas, todas disfrutables, surgen de malentendidos y sorpresas culturales, lugares comunes de la crisis existencial, sentido de la vida, relación de pareja, nociones de éxito. Xavier, quien busca su lugar en plena globalización, es un tipo “cool”, un buen chavo que va desde ceder semen para una pareja de amigas lesbianas, hasta funcionar maternalmente en el cuidado de sus niños.
Cédric Klapish recurre a citas de cineastas estadunidense como Jarmusch, largos desplazamientos por las calles neoyorquinas como si Xavier deambulara por otro planeta, o laberintos de escaleras o azoteas para mostrar la entraña de la ciudad. Los momentos de crisis de identidad se zanjan con un pequeño toque surrealista, antigüedad cultural, o aparición, en persona, de Hegel o de Schopenhauer para tranquilizar a Xavier con el tema de la nada. Este vaudeville bien podía titularse “Merci, Shopenhauer”.
Chicos y Guillermo, ¡a comer! (Les garcons et Guillaume, à table!; Francia, 2013) es la adaptación al cine del espectáculo teatral one man show, de Guillaume Gallienne. Una forma de una autobiografía donde Guillaume escenifica la relación con una madre que lo hizo sentir, desde pequeño, que era niña; Guillaume personifica a su madre de la misma manera que personifica al chico adolescente, a Sissi emperatriz o va y viene entre el adolescente que fue y el hombre de cuarenta años de la actualidad.
Sin amargura, Gallienne combina un bello homenaje a su madre, y al encanto femenino, con una protesta contra el sometimiento del individuo a la construcción social de la identidad sexual.








