Eficaz como propuesta lúdica, interesante en el sustento teórico, y cuestionable por el lugar y tiempo de su emplazamiento en la Ciudad de México, la escalera musical ubicada en el interior de la estación Polanco de la Línea 7 del Metro, es un atractivo ejemplo de las expresiones –principalmente europeas– que vinculan creatividad, responsabilidad social y transformación de conductas habituales.
Constituida por 54 escalones de 16 metros de ancho cubiertos con mármol blanco y granito negro para aparentar la imagen de las teclas de un piano, la escalera de ocho metros de alto produce sonidos parecidos a los del instrumento cuando percibe pisadas en su superficie. Realizada a través de un proyecto conjunto entre el Sistema de Transporte Colectivo (STC) del Gobierno del Distrito Federal y el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la escalera reproduce el exitoso piano-stairs que, en 2009, patrocinó Volkswagen en el metro de Estocolmo. Una ubicación inteligentemente seleccionada ya que este transporte subterráneo sueco destaca por la espectacularidad de sus intervenciones artísticas.
Diseñado en el contexto de una estrategia de marketing emocional de la empresa automotriz alemana, el piano-stairs ha sido el producto más exitoso de la Teoría de la Diversión (Fun theory) que la acompaña. Basada en “la idea de que algo simple y divertido es el camino más fácil para cambiar el comportamiento humano hacia lo mejor”, esta teoría que vincula fortalecimiento de marca con resonancia global a través de la web, ha sido el sustento de atractivas propuestas de interacción y cuidado del entorno. Entre ellas, un contenedor para botellas de plástico que indica con luces intermitentes el hueco al que debe arrojarse el objeto, un bote de basura que suena cuando recibe su contenido y, el más exitoso y viral de todos: el piano escalera (https://www.thefuntheory.com).
Reproducidos en espacios públicos de ciudades como Milán en Italia, San Francisco en Estados Unidos, Sao Paulo en Brasil, Hangzhou en China y Monterrey en México, los piano-escaleras cimbran los valores del arte público contemporáneo. Relacionados con las estéticas que exploran la creación de nuevos significados del arte vinculando diversión, felicidad y transformación social, los pianos confirman el deterioro social del arte contemporáneo museístico e institucional. Concebidos originalmente para promover el ejercicio corporal a través del uso de escaleras, los pianos-escaleras trascienden esa función utilitaria compitiendo con estéticas artísticas.
Eficiente en la provocación de experiencias lúdicas, la escalera musical del Metro Polanco exige explicaciones sobre la pertinencia de su ubicación, costo, mantenimiento y temporalidad. Producido por estudiantes y profesores de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica Unidad Culhuacán (ESIME) del IPN, el proyecto, encomendado por los responsables del STC en noviembre de 2013, tuvo un costo programado de 2 millones 898 mil 466 pesos. Solicitada en una época de alarmante deterioro en los servicios que ofrece el organismo y emplazada en una de las zonas más elitistas de la capital del país, la pieza ya ha generado crítica negativas en las redes sociales.
Si bien es cierto que la ciudad necesita propuestas potentes de arte público, ¿no hubiera sido socialmente más apropiado colocar la pieza en otra estación?








