En su natal Durango, Ramón (Kristyan Ferrrer) sólo tiene dos opciones: trabajar para el narco o irse como bracero al norte. Después de cinco intentos fallidos, decide probar suerte en Alemania, adonde llega sin una palabra de alemán o inglés; las cosas van de mal en peor hasta que conoce a Ruth (Ingeborg Schöner), una anciana pensionada que lo ayuda y con quien establece una relación muy especial.
Según sugiere el director Jorge Ramírez-Suárez en la entrevista de Columba Vértiz (Proceso, 1970), la idea de hacer Guten Tag, Ramón (México-Alemania, 2013) surge como respuesta a la frustración del público ante el agobio de temas como la corrupción o la truculencia de indocumentados y narcos. La intención era ofrecer una visión positiva al abordar un tema como el de la enmigración.
No cabe duda que en la realidad ocurrirán cosas buenas, habrán migrantes con muy buena suerte, pero el estado general de las cosas es tan aterrador que no queda más que recurrir al cuento de hadas si se quiere contar una historia bonita. Dickens creó todo un género para denunciar la opresión de los pobres y el egoísmo de los ricos; sin proponérselo del todo, Guten Tag, Ramón resultó un auténtico “Cuento de invierno” (Christmas Carroll).
La aventura de Ramón ocurre en invierno, el chico padece frío y hambre en Wiesbaden, una ciudad pequeña de alto ingreso económico, los aparadores exhiben su abundancia; ante la indigencia de un desvalido se manifiestan los buenos y los malos sentimientos de la gente: no falta un tío Scrooge a cargo del viejo tacaño del edificio donde el chico encuentra refugio. La inocencia de Ramón conmueve a la comunidad, la moraleja pasa.
Para que una fábula moral convenza, se puede prescindir de lo verosímil, pero los personajes tienen que ser creíbles. Ramírez-Suarez vive desde hace mucho en Alemania, supo resaltar la mirada hacia otra cultura a través de los ojos azorados de Ramón, por ejemplo el proceso gradual de decodificación, el funcionamiento del transporte, la separación de la basura o cómo comprar chiles. Del lado alemán, todos los personajes, hasta el más trivial, se sienten de carne y hueso. El director aprovecha al máximo el talento de actor Krystian Ferrer con la emoción siempre a flor de piel, para mantener la corriente afectiva en cada encuentro y en cada escena. La química entre Ruth y Ramón compensa cualquier debilidad del guion.
Falla, inevitable diría yo, en el lado mexicano, con personajes estereotipados y actores desaprovechados; no es fácil matizar el horror, pero el contraste cultural funciona. Guten Tag, Ramón no es una pieza oscura de Fassbinder, se disfruta como cuento navideño bien narrado donde se vale lo tierno y lo divertido…
Mejor que 20 melodramas de Blockbuster.








