40 aniversario del Museo de Arte Carrillo Gil

La celebración de los 40 años del Museo de Arte Carrillo Gil puede ser una gran oportunidad tanto para analizar y depurar su acervo, como para redefinir su misión, vocación, actividades y servicios que ofrece.

Inaugurado el 30 de agosto de 1974 como sede de la colección que el doctor Alvar Carrillo Gil donó y vendió al Instituto Nacional de Bellas Artes –y en la cual se encuentran extraordinarias piezas de José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros–, el recinto expandió su vocación en los años ochenta, incluyendo la difusión del arte joven y su incorporación en el acervo.

Impulsada por Sylvia Pandolfi, directora de 1984 a 1998, esta vocación fortaleció y dio continuidad a los programas gubernamentales de mecenazgo por concurso para el arte emergente y experimental de esos años: el Carrillo se convirtió en la sede del Encuentro Nacional de Arte Joven y en sus salas se presentaron muestras individuales de creadores seleccionados en las distintas secciones de los Salones Nacionales de Artes Plásticas.

A finales de los noventa, Osvaldo Sánchez, director de 1998 a 2001, expulsó tal Encuentro, favoreció la promoción de firmas neoconceptuales de presencia o gusto internacional, y estableció una relación incluyente con el coleccionismo privado al exhibir una selección de la Colección Jumex de Arte Contemporáneo.

A partir de su gestión, la vocación del Carrillo Gil se ha caracterizado por la discrecionalidad de los directores en turno. En lo que corresponde al acervo que originó el museo, cabe destacar que a pesar de contar con numerosas obras maestras del arte moderno mexicano, en los últimos años y por largos periodos no ha sido expuesto en el museo.

Como parte de las celebraciones por estas 4 décadas se ofrecen dos muestras que giran en torno a la gestión del acervo y del museo:

Descriptiva y cuestionable en la pertinencia de su temática curatorial, Travesías 1948-1974 enumera las exposiciones internacionales en las que participaron las principales piezas de la colección Carrillo Gil antes de la creación del museo. Espectacular por el protagonismo visual de las pinturas y dibujos de Orozco, Siqueiros y Rivera, la exposición incomoda por la exaltación del coleccionista y las referencias indirectas de legitimación internacional. Sin proponer narrativas actuales o innovadoras sobre las piezas, en el conjunto participan también pinturas de Gerzso y Paalen.

Con un astuto discurso curatorial que define al Carrillo como una estructura cambiante que incuba talentos, alberga memorias, propicia experimentaciones y promueve itinerancias, la exposición Semblanza justifica acríticamente las desorientadas gestiones del museo. Dirigida curatorialmente por Guillermo Santamarina, su contenido, al carecer de criterios que justifiquen las autorías expuestas, demuestra la discrecionalidad de sus funcionarios. Integrado por obras de Abaroa, Jaurena, Santiago Sierra, Carlos Mérida, Felipe Ehrenberg y Giacomo Balla, entre otros, en el conjunto destacan los paneles de materia orgánica creados en 1981 in situ por Ginovart.

Silenciosa en lo que se refiere a la relevancia que tuvo el Carrillo en la casi desaparición del Encuentro Nacional de Arte Joven, la exhibición, escasa en público, evidencia que el museo no necesita ampliar sus instalaciones gastando recursos públicos como lo anunció el presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Rafael Tovar. Lo que necesita es una reestructura de su concepto y operación museística.