¿Cómo queda el sector cultural en las reformas a la Constitución aprobadas el 7 de julio?, preguntábamos aquí la semana pasada, y se planteaban dos puntos centrales:
a)El Derecho a la Cultura, conseguido gracias a la iniciativa de la diputada María Rojo el 30 de abril de 2009, brilla por su ausencia; y
b) A los objetivos institucionales que se consagraron en la Constitución de 1917 (libertad, igualdad y justicia social) se aumentó el elemento “competitividad”.
En su II Informe de gobierno, el lunes 1º. de septiembre, el presidente Enrique Peña Nieto agregó a los despropósitos señalados, que la cultura reestablece el tejido social. Se trata de un manejo erróneo del concepto por las siguientes razones:
1.- Todos los que trabajamos o lo hemos hecho en el sector cultura sabemos que ésta no puede reducirse a muchos eventos ni se constriñe a sólo organizar conciertos de artistas nacionales o extranjeros; para quienes laboran en el ámbito artístico o en el patrimonio cultural, en derechos de autor o en favor de los pueblos indígenas y las culturas populares, cultura es un término más amplio que incluye dichos campos más otros muchos que son omitidos en su atención.
2.- El discurso presidencial parte de una hipótesis errónea cuando estima que por medio de la organización de eventos artísticos y/o de talleres artísticos y/o por la mejor atención al patrimonio cultural se restaurará el tejido social.
Pero las actividades artísticas no son una terapia de restauración del tejido social (sin que esto signifique que se minusvalora la acción dignificante y critica de las mismas); las expresiones artísticas son una forma original y única de expresión del espíritu del creador, de una comunidad, de una generación, del género humano. El Estado suele y puede utilizarlas con diversos fines, incluidos los terapéuticos.
3.- En principio los habitantes de cada comunidad deben acordar las reglas de comportamiento, qué se debe hacer con su medio ambiente, con sus recursos naturales, determinar qué tipo de sociedad desean para el porvenir. Al Estado corresponde instrumentar las políticas públicas a fin de resolver lo que su sociedad le plantea. El desarrollo cultural de un proyecto o de un país sólo puede ser efectivo si se realiza a partir de los seres humanos que diariamente lo construyen.
4.- El Ejecutivo y los partidos políticos parten de una base falsa al estimar que el mercantilismo, la globalización competitiva, la modernización tecnológica e industrial (ya sea de origen estadunidense, chino o europeo) nos permitirán hacer efectivos los derechos y bienestar de los mexicanos.
Los negocios no nos harán libres, ni importan forzosamente el bienestar, y por el contrario generalmente conllevan el abatimiento de la calidad de la vida, el incremento de la pobreza y la vulnerabilidad de los más débiles económicamente en la sociedad. De conformidad a nuestra nueva Constitución el sistema económico mercantilista en vigor tiene como fin la concentración de la riqueza.
5.- La sociedad tiene sus propias formas culturales de interpretar el mundo, que enraizadas profundamente en nuestra compleja sociedad, expresan parámetros propios de desarrollo socio-económico, de interpretar la religiosidad y la historia, las reglas de comportamiento, los valores individuales, colectivos, de participación en la vida comunitaria, de alimentación, de vida familiar, etc. (todos ellos en proceso de cambio y afirmación). Pretender que la vía de los negocios y el mercantilismo global operará el cambio y se podrán hacer efectivos los derechos fundamentales y la sustentabilidad, es desconocer la realidad.
6.- Los miembros del gobierno debían saber (y ya conocen) lo anterior, en atención a que ello ya se ha experimentado varias veces (con fórmulas tales como el desarrollo estabilizador, la substitución de importaciones, el modelo neoliberal, el SAR, etc.), y es sorprendente que se insista en un proyecto económico colectivo planteado de arriba hacia abajo. Difícilmente dará frutos, máxime si está desarticulado de las culturas de nuestro país. El mercantilismo no es la solución para el desarrollo de la sociedad mexicana.
7.- La acción cultural (en sus mas diversas variantes y líneas de política pública) debiera comprender no sólo las manifestaciones artísticas y culturales sino además, entre otras, las formas de pensar, de sentir, de valorar al hombre local y al mismo tiempo global en una sociedad cambiante, alterada, modificada y enriquecida a través de los medios de telecomunicaciones y radiodifusión.
8.- Ya en 1929 el ilustre doctor Lucio Mendieta y Núñez sostenía que el principal problema del Derecho mexicano era la inobservancia, ocasionado porque se dictaba ajeno a la realidad sociocultural de sus destinatarios.
9.- El mercantilismo globalizador inhibe el desarrollo de cualesquier proyecto cultural local, regional, estatal, nacional propio; sólo serán aceptados por el gran capital (dentro de los procesos de producción, distribución, comercialización, exhibición, etc.) aquellos que producen ganancias.
Me señalaba un colega partidario del capitalismo salvaje: “Nuestros negocios no harán hombres libres, pero al menos tendrán trabajo asalariado acorde a la competitividad
Por “competitividad”–se indica en el articulo 25 de la Constitución– se entenderá el conjunto de condiciones necesarias para generar un mayor crecimiento económico.
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* Abogado especialista en legislación cultural y exdirector de Culturas Populares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.








