Comenzando por el título, Sebastián Hiriart corre el riesgo de ser pedante pero se sale con la suya, la lección cautiva; Filosofía natural del amor (México-Costa Rica, 2013), ensayo cinematográfico, como él mismo lo define, combina los tres temas en torno al amor que anuncia el título, punto de vista filosófico, documental sobre su naturaleza y poesía.
Ensayo y cine experimental, Filosofía natural del amor funciona como un laboratorio donde se trabaja con ficciones, entrevistas y observaciones directas sobre la conducta animal, principalmente la de los insectos en relación al sexo. La hipótesis la establece el comentario de Hugo Hiriart; la estrategia de la naturaleza, que utiliza al eros para continuar la vida, se convierte en algo muy complejo en la escala humana donde se mezclan odio, inseguridad, celos. Así que la cinta ilustra lo complejo de lo complejo, y el manglar de imágenes permanece en la mente del espectador.
Diferentes historias se yuxtaponen: una estudiante de secundaria entabla una relación con un hombre de 36 años; una pareja de turistas extranjeros descubre el infierno que esconde una costa paradisíaca; un taxista confronta sus fantasmas sexuales, y un estudiante de la UNAM se reencuentra, con funestas consecuencias, con quien se adivina oscuro objeto de su deseo. El tono desenfadado y fresco de las entrevistas no oculta la angustia, los celos, la lucha de poder entre las parejas; el director logra captar momentos donde se condensa la vida íntima de los entrevistados.
Sebastián Hiriart prueba la teoría del cine de autor, porque está a cargo de la dirección y la fotografía, intervine en el guión y en la edición, pero sobre todo porque asocia este trabajo a un proceso personal. Su cinta anterior, la estupenda A tiro de piedra, exploraba el impulso de aventura de un indocumentado, en forma de mito, a contracorriente de la denuncia y la sociología. Quizá por eso le atrajo la teoría de Rémy de Gourmont, anarquista de la literatura (como lo califica Daniel Oster), un escritor simbolista a quien los franceses no acaban de sacar del purgatorio. En su ensayo sobre la naturaleza (physique) del amor, Gourmont, estudioso de Darwin, sitúa la vida sexual del hombre en la perspectiva de la sexualidad universal, sin genealogías forzadas y lejos de cualquier moralismo.
Desde la pareja de brasileños que se comunica a base de gestos y sonidos animales (secuencia digna del difunto Resnais), hasta el encuentro del taxista y el transexual, queda claro que el hombre no puede vivir sin poesía ni metáforas, como si sólo así pudiera lidiar con la belleza y el horror que conjuga el amor (¿el sexo?); aunque le adviertan, como a los jóvenes turistas de la playa, no acercarse a los manglares porque ahí viven serpientes y cocodrilos, no es capaz de resistir darse una vueltecita por ahí.








