Hacer reír no sólo es lo que importa; el cómo implica todo un arte que el espectador aprecia y disfruta. Pero la televisión ha convertido al público en un público fácil que ríe con lo que acostumbra a ver a través de la estética e ideología del duopolio televisivo. El ejemplo de esta dinámica es Una semana. ¡Nada más! que se presenta en el teatro del Hotel HN en la Zona Rosa, donde los actores Violeta Isfel, Ricardo Margaleff y Ricardo Fastlicht se la pasan reiterando gags, gestos, lugares comunes, grititos y gritotes.
Una semana. ¡Nada más!, del joven dramaturgo francés Clément Michel, es una historia chusca de desamor a partir de una situación simple: Paul, después de vivir cuatro meses con Sofía, quiere “deshacerse de ella” y le pide a su amigo que viva con ellos una semana, les haga la vida imposible y así quedarse con el departamento.
El autor explota el humor a partir de los enredos que se suscitan, equívocos, dobles sentidos, intenciones contrapuestas y un ingenioso uso del lenguaje. Para justificar la presencia del amigo surge una mentira que se va complicando conforme se intenta sustentar; fundamental en la comedia de enredos. Los giros dramáticos ya avanzada la obra problematizan la situación haciendo que a Sofía le caiga simpático el amigo y se compadezca de él y quiere consolarlo por la reciente muerte “inventada” de su madre.
Es difícil empatizar con los personajes caricaturizados en esta puesta en escena, donde el joven director Mauricio Galaz, buen actor tanto de comedias como de obras experimentales, no consigue meter en cintura a los actores que compiten entre sí para hacer el chiste más efectivo y buscan sin descanso complacer al espectador.
Sofía es una mujer fresca, “sensible” e inteligente, editora y amante de los libros. En el papel, interpretado por Violeta Isfel, vemos a una mujer subrayadamente tonta, que tiene lentes para aparentar lo que es realmente el personaje. Paul, el que idea el plan, es un personaje cínico, flojo, el cual gusta humillar a su pareja y dominar a su amigo pero que nos debería ganar con su simpatía; lo que Ricardo Fastlicht no consigue. El amigo, interpretado por Ricardo Margaleff, que en un principio es “él débil” y cuya intención del autor es que sea el personaje amable y querible de la comedia, se convierte en un ser ridículo y falso; no un hombre que oculta una verdad y trata de mantener su amistad y no herir a la pareja.
La puesta en escena tiene también la dificultad de representarse en un teatro con problemas de isóptica y ser un espacio que funciona más como auditorio o para representar monólogos. Los actores y el director tienen que resolver el tránsito en un escenario reducido y hacer fluidas las entradas y salidas.
La escenografía, más que buscar una estética, resuelve los lugares que requiere la trama: una sala y un comedor; la habitación y la cocina están fuera de escena y se manejan eficazmente las voces en off y los objetos volando para indicarnos lo que allá sucede.
Clément Michel se conoció en México con anterioridad por su obra La caja, también producida por Ocesa. Ahora con Una semana. ¡Nada más! arranca carcajadas al público, provocadas más por la interpretación clownesca de los actores que por lo que provoca una comedia de equivocaciones.








