Uno de los escritores más importantes del occidente mexicano, el narrador, poeta y periodista Alfredo Montaño, falleció el pasado 2 de junio a los 59 años en Villa de Álvarez, Colima. Quienes lo conocieron y disfrutaron de su obra lo recuerdan como un artista obsesivo, comprometido con su trabajo y sus creaciones, a quien incluso la Real Academia Española tomó como referencia del uso correcto del idioma.
COLIMA, COL.- Autor de la novela Andanzas del indio Vicente Alonso, en la que recrea aspectos históricos y la tragedia amorosa del guerrillero villista que tuvo sus dominios en la región sur de Jalisco y norte de Colima a principios del siglo XX, Alfredo Montaño Hurtado –fallecido el 2 de junio– es considerado uno de los escritores más destacados de esta entidad.
“Ahí quedan sus libros publicados para su posterior evaluación, no sólo dentro de la literatura colimense, sino de la nacional también, porque algunos de sus textos son notables”, dijo el escritor Gerardo González Ramírez durante un reciente homenaje brindado a Montaño Hurtado en el Archivo Histórico del Municipio de Colima.
Abundó: “Su escritura precisa y exuberante, sus descripciones detallistas y poéticas, su manejo del lenguaje y sus formas, la recreación profunda del alma humana reflejada en sus personajes, son algunos de sus rasgos estilísticos que habrá que valorar para situarlo junto al nivel de otros escritores importantes”.
Para Gerardo González, Andanzas del indio Vicente Alonso (Edamex, 1995, y Universidad de Colima, 2006) sigue siendo la mejor novela colimense que se ha escrito.
Cuentista, poeta, novelista y periodista cultural nacido el 28 de octubre de 1954 en la capital del estado, Montaño publicó además, entre otras obras, la novela corta Las cenizas de los sueños (Edamex, 1990), el poemario Del agua mansa (edición marginal, 1985), los libros de cuentos La agresión (Universidad de Colima, 1983) y Zapatito de cristal y otras insolencias (Praxis, 2002), así como Los designios de la palabra (Universidad de Colima y Acento Editores 2009), una compilación de entrevistas propias con 36 escritores mexicanos que visitaron Colima en un periodo de casi 30 años, entre ellos Juan Rulfo, Fernando del Paso, Carlos Montemayor, Augusto Monterroso, José Emilio Pacheco, Rubén Bonifaz Nuño y Vicente Leñero.
En 2013 publicó el libro María de Jesús o la dulce tentación del beso mordelón (Puertabierta Editores), crónica periodística en la que recrea la historia de un actor homosexual colimense asesinado en los años sesenta, quien fue amigo cercano del famoso actor e intérprete musical Pedro Infante.
Montaño, de 59 años, vivía solo en una colonia periférica del municipio conurbado de Villa de Álvarez. Ahí fue encontrado sin vida por sus familiares que acudieron a buscarlo al no tener noticias suyas.
Organizado por el catedrático universitario Manuel Salvador González Villa, el homenaje póstumo a Montaño contó también con la participación de la poeta, actriz y dramaturga Magda Escareño Torres y del investigador David Oseguera Parra.
“Alfredo –expuso Escareño– estuvo y está en la memoria de las personas que escuchamos su respirar de historias emanadas de la conjunción de situaciones que se viven en las calles o en las casas de nuestro entorno, que no las vemos, pero Alfredo, con esa mirada transversal, que traspasa los muros, pudo entretejer lenguajes que reaniman los espíritus de los seres de pasiones extremas, o bien, conmovedoras.”
La artista describió a Montaño como “un ser que se daba entero en las minuciosidades para rescatar la memoria, en presente y/o en pasado, de personajes, de carne y hueso, que afinan los modos, los fondos y las formas de la esencia humana”.
Exigente y obsesivo
Amigo desde la infancia del fallecido escritor, Oseguera Parra contó anécdotas y experiencias de ambos, entre otras, que en los ochenta elaboraron un folleto de divulgación sobre las luchas campesinas en Colima, o cuando él le pedía apoyo para la revisión y corrección de textos académicos.
A juicio de David Oseguera, Montaño “no fue un escritor y maestro improvisado, ni un globo que se desinfla con los cambios sexenales o las modas literarias; sus metas y el reconocimiento externo los alcanzó gracias al estudio autodidacta, su oficio periodístico y su tenaz labor de escritor”.
La calidad literaria y lingüística de Montaño fue reconocida por la Real Academia Española (RAE) al citar pasajes de sus novelas Andanzas del indio Vicente Alonso y Las cenizas de los sueños en el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005) y la Nueva gramática de la lengua española (2009).
En un artículo publicado en 2010 en la revista colimense Avanzada, el escritor y catedrático universitario Octavio Romero expuso que en esta última obra, representativa de 500 millones de hispanoparlantes y a tono con la globalización de la cultura, ahora se han ejemplificado las conjugaciones y las construcciones gramaticales con textos narrativos de escritores del ámbito iberoamericano.
Según Romero, la nómina de escritores citados en la Nueva gramática de la lengua española es “admirable por el trabajo escrupuloso y agotador que supone el muestreo de lo más representativo de las naciones americanas y de España”, entre quienes, “desde Colima, en su tesonera labor periodística y literaria, Alfredo Montaño contribuye con dos obras narrativas (ahora ya prestigiosas) de las cuales se hacen 17 citas textuales”.
Explicó: “Vale decir que las referencias registradas ejemplifican procedimientos correctos de construcción gramatical, y se ilustran con citas literarias para mejor entendimiento del lector”.
En la letra M del índice de la Nueva gramática de la lengua española, Alfredo Montaño aparece junto a autores como Augusto Monterroso, Rosa Montero, Carlos Montemayor, Carlos Monsiváis y Vicente Molina.
A través de un texto publicado en el diario El Occidental en julio de 2011, el escritor y académico Wolfgang Vogt indicó que Alfredo Montaño ocupa un lugar importante en la literatura del occidente de México.
Después de comentar algunos de los datos biográficos y obras del escritor colimense, Vogt se refirió al que entonces era su libro más reciente, Los designios de la palabra, del que profundizó en las entrevistas realizadas a los poetas jaliscienses Elías Nandino y Ricardo Yáñez, y en general lo catalogó como “una obra de gran interés para estudiosos y aficionados de la literatura mexicana actual”.
Además de sus obras publicadas, Montaño dejó algunos libros inéditos, de los que habló en septiembre de 2009 en una entrevista concedida a este reportero.
Dijo entonces el escritor: “Quiero tiempo para seguir dedicándome a la narrativa, a mi trabajo. Por ahí tengo pendientes muchos temas. Hay un libro de cuentos que está participando en un certamen, por eso no puedo decir su título. Hay material para armar otro libro de cuentos y una novela inédita que se llama Manos de viento, ubicada en las costas de Colima y que trata de una relación amorosa, teniendo como fondo un mito basado en un animal que inicia mencionando que ‘Ella era una puerca y a pesar de eso la adoraban como una divinidad’. También tengo un tema para otra novela. Es que se viene de pronto, lo busca a uno la gente, le narra historias y propone trabajar en eso”.
Durante la selección de textos para su libro Los designios de la palabra, por razones de espacio Montaño se vio obligado a descartar entrevistas con personajes como Dionicio Morales, quien fue secretario particular del poeta Carlos Pellicer, con Rafael Ramírez Heredia y Germán List Arzubide.
Tampoco pudo incluir otras 20 entrevistas con alrededor de 20 autores colimenses, entre ellos Juan Macedo López, Víctor Manuel Cárdenas, Guillermina Cuevas, Efrén Rodríguez, Virgilio Herrera Núñez, Salvador Márquez Gileta y Gustavo Lupercio.
“Se podría publicar otro libro; esos materiales ya los tengo compilados, ya está listo el material, lo único que faltaría ver es si hay disposición de algún editor para sacar el libro”, mencionó.
—¿Ha tratado de publicar lo inédito? —le preguntó el reportero.
—Necesitaría ver, porque es muy difícil hablar ahorita de ediciones. Quisiera uno publicar a veces mejor en internet, decirles a los de Google que metan la edición electrónica, en lugar de tratar de… o recurrir a la Universidad Veracruzana, donde concursas y el premio es que te publican el libro, aunque no den ninguna regalía.
“Se requiere —añadió Alfredo Montaño en la entrevista— que las instituciones colimenses trabajen por una política de publicaciones más integral porque es muy difícil publicar en Colima. Hay gente que dice que no existe tradición literaria y yo pienso que no se ha sabido rescatar la tradición de escritores que ha habido.”
Gerardo González estima que la lección de Alfredo Montaño como escritor es de valentía y coraje para vivir con y para la literatura: “A pesar de las circunstancias adversas que la sociedad impone a los artistas para hacerles desistir de su vocación, Alfredo luchó y convirtió a la literatura en su forma de vida. Los trabajos para subsistir eran sólo necesarios para continuar sus lecturas y continuar escribiendo. A esta tarea le dedicaba la vida y en esto era exigente y obsesivo. En esa soledad a la que está destinado todo verdadero escritor buscaba contar historias que le hicieran entender el significado de la existencia humana, apostando la vida al sumergirse en las miserias y angustias de sus personajes”.
Puntualiza: “Montaño era un escritor comprometido con la literatura. Muchos nos creemos escritores porque escribimos un cuento o un poema e intentamos en nuestros ratos libres escribir alguna historia. Pero en realidad no somos más que aficionados literarios. Alfredo era de otro nivel, su interés por esta rama artística era más profunda, del nivel de los escritores que convierten la literatura en una vocación y un destino”.
Magda Escareño refiere a su vez que Montaño “no se dejó atiborrar de prejuicios socioeconómicos para realizar su tarea, a pesar de las indómitas circunstancias a las que se tiene que enfrentar un escritor, él, Alfredo, dio cumplimiento certero en su labor creativa y de investigación, sin permitir el ocio en su diario existir”.
Concluye: “Ahora que no está pero está en sus libros y en la memoria de la gente con la que compartió su excéntrica formación de escritor (…), tenemos ese derecho de que Alfredo siga vivaz de generación en generación, despertando el ánimo de descubrir y redescubrir las particularidades de su escritura, sus aportaciones a la historia literaria. Y no sólo literaria, sino humana, en la expectación de las motivaciones sociales”.








