Sin ayuda oficial, el historiador Gabriel Michel Padilla montó su propio museo en la cabecera municipal de El Limón, con 400 piezas, entre fósiles, objetos religiosos antiguos y ajuares de labranza tradicional de los siglos pasado y antepasado, que, según especialistas, será el más grande de la Región Costa Sur de Jalisco. Durante decenios, este amante de las artes recabó información, archivos y copias de documentos, tesoros arqueológicos y paleontológicos que, todo indica, serán registrados ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
EL LIMÓN.– Sin ayuda oficial, aun cuando el presidente municipal Abel Torres, del PRD, se la prometió, el historiador Gabriel Michel Padilla montó en esta cabecera municipal el museo más importante de la Región Costa-Sur de Jalisco, con cientos de piezas prehistóricas y prehispánicas que durante decenios fue coleccionando.
La colección cuenta con aproximadamente 400 piezas, incluidos 150 fósiles, objetos religiosos antiguos y ajuares de labranza tradicional de los siglos pasado y antepasado, que al principio tenía en una bodega cercana a su casa que improvisó como museo.
Posteriormente, cuenta, arrendó una casona en el centro del pueblo que hace 105 años era el casco de la hacienda de Almolón, núcleo esencial también del poblado de aquel entonces y después cabecera de este municipio.
En su búsqueda, Michel Padilla juntó todo tipo de piezas para hacer su colección –aún sigue haciéndolo–, que hoy tiene tesoros de incuantificable valor, como un gliptodonte (glyptodon), localizado en un predio situado muy cerca de la población de San Juan de Amula.
El fósil, prácticamente completo, mide más de metro y medio de la cabeza a la cola, y tiene 80 centímetros de altura. Su antigüedad mínima es de 8 mil 500 años, que es la fecha más reciente, estimada por los científicos, de la desaparición de la especie. El museo posee además huesos de mamut y mastodonte.
Hoy, en su museo, Michel Padilla incluye partes de caballos y camellos prehistóricos, así como restos de osos perezosos gigantes, según las clasificaciones que hicieron por separado las doctoras Patricia Holroin, de la Universidad de Berkeley, y Marisol Montellano, de la UNAM. En suma, hay alrededor de 150 fósiles.
Tiene también varios monolitos, entre ellos un ídolo de unos 60 centímetros de alto, al que él llama Acóatl, por el nombre del desaparecido poblado donde lo encontró, convertido ahora en terrenos labrantíos que son propiedad de él y de sus hermanos.
Esta figura está labrada en piedra de la región y asemeja a un niño asustado y con los brazos entrecruzados sobre su pecho. Es tan primitiva que podría pertenecer al preclásico, refiere el historiador, también aficionado a la arqueología y a la paleontología, quien con la ayuda de su esposa, Mariana Barreto, y de su hijo Gabriel, se han echado a cuestas la renta del edificio, el montaje y el mantenimiento del museo.
Hasta el cierre de edición, ni las autoridades municipales le han respondido a su solicitud de apoyo, más allá de desearle que tenga éxito.
Entre lo expuesto hay, además, dos columnas de cantera simétricamente bien labradas, con 14 serpientes cada una, que pudieron servir a los antepasados, según el doctor Bruces Benz, como especie de candelabros o pebeteros cuya base enterraban parcialmente en la tierra los antepasados, bien para iluminarse o bien para que sirvieran de incensarios (o copalarios, para ser más precisos), porque aquí no se conocía el incienso y lo que se utilizaba para rendir culto a sus dioses era el copal que produce una goma que también es muy olorosa al quemarse, agrega Michel Padilla.
Entre las piezas destaca una figura de apenas 30 centímetros, labrada en cantera maciza, que él mismo bautizó como Cihuatetli (mujer de piedra). Ese monolito, dice, no es originario de la región; es posible que incluso no sea del país.
“Es probable que haya llegado de Perú”, pues se dice que desde aquellas tierras venían los antiguos incas a llevar obsidiana de tierras jaliscienses, comenta el coleccionista.
El museo que montó Michel Padilla, también llamado Licho Santana –en homenaje a una benefactora del pueblo–, es hasta ahora el más grande de la Región Costa-Sur de Jalisco, tanto por el número de valiosas piezas prehistóricas, como el fósil de gliptodonte (precursor gigante de los actuales armadillos) y los monolitos prehispánicos y cerámicas diversas.
Amante de las artes, Michel Padilla también ha recabado durante decenios información, archivos y copias de documentos, tesoros arqueológicos y paleontológicos que, todo indica, serán registrados ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).








