James Salter (Nueva York, 1935) es un escritor que está siendo revalorado por los lectores y críticos. Quizá la desatención fue el resultado del lanzamiento en 1967 de su tercera novela: Juego y distracción (Salamandra. Col. Narrativa; Barcelona, 2013, 224 p.), cuyo contenido erótico lo marcó como un autor de relatos voluptuosos.
Sin embargo Salter siguió publicando libros como la novela Años Luz (1975), los relatos La última noche (2005), y las memorias Quemar los días (2010), entre otros, en donde ha mostrado una gran diversidad temática y una calidad estilística notable.
Salter fue piloto aviador y participó en la Guerra de Corea. Luego se dedicó al periodismo, a escribir guiones cinematográficos y dirigir algunas películas como Three, con los actores Charlotte Rampling y Sam Waterson. En 1957 publicó su primera novela, Pilotos de caza.
Juego y distracción es referida por un anónimo narrador y cuenta la historia de amor entre Phillip Dean, un joven estadunidense, y Anne-Marie, una muchacha francesa de 18 años. Dean ha dejado sus estudios en Yale y el padre le paga un viaje a Francia. Así visita la provincia y conoce a la chica con la que sostiene una relación pasional. El relator en algunos momentos narra los avatares por los que pasan los amantes y en otros los imagina. Luego el joven deja de recibir el apoyo paterno y busca mantener la aventura (pide dinero, vende su boleto de regreso), con todo lo que implica nivel de vida, viajes, bebidas…Hasta que no puede sostenerla y poco a poco los sueños, las visiones, los afectos, las intenciones cambiarán para que los amantes entren al curso tradicional de la vida.
El título de la novela proviene de un versículo del Corán que dice: “¡Sabed que la vida de acá es juego y distracción…!”, y eso es lo que muestra Salter. Hay un momento en la vida de los hombres y las mujeres en que la búsqueda del placer es importante. Así, los personajes se entregan al disfrute de sus cuerpos, de los licores, la comida, el descanso, la contemplación… El erotismo despierta su imaginación y rompe con las contenciones morales que los llevan a experimentar sensaciones desconocidas. Conocen entonces una de las partes de la existencia, nombrada por el Corán como vegetación que luego se marchitará. Sin embargo, los protagonistas saldrán fortalecidos porque podrán recordar aquellos momentos idos o recrear en otras condiciones esas relaciones de juego y distracción, aunque de manera limitada porque la verdadera intensidad sólo se da en la juventud.
Hay que indicar que las descripciones de sexo explícito que realiza Salter siempre las hace sin caer en lo vulgar o soez, sino con un dejo cuidado e intenso que lleva a reconocer lo mágico y sagrado que sucede entre dos amantes.
La lectura actual de esta obra, a partir de otros parámetros más abiertos que los existentes hace cuarenta años, ha permitido reconocer la profundidad con la que trató James Salter a esas pasiones que trastornan a los amantes. Así como una valoración diferente del autor como uno de los escritores más importantes de su país.








