Detrás de la amplia exposición de huipiles guatemaltecos que prepara el antropólogo René Bustamante para la próxima edición del Festival Internacional Cervantino, hay una justificación insólita, como lo indica el subtítulo de la muestra, “Un arte en resistencia frente a la conquista o un arte en vías de extinción”. Y es que, sostiene en la entrevista, la penetración de grupos evangélicos desde Estados Unidos tiene un propósito etnocida: suprime los símbolos cosmogónicos en los huipiles.
Con más de tres décadas de estudio de las culturas mayas de Guatemala y el sur de México, el antropólogo René Bustamante plantea que la migración actual, que ha adquirido visos de crisis humanitaria, es resultado de un largo proceso histórico que inició hace más de quinientos años con la llegada de los españoles y pasa por las dictaduras militares del vecino país del sur.
El problema se ha agudizado no sólo por cuestiones económicas, sino culturales. Nada es estático, la cultura siempre está en constante transformación, admite. Pero considera al mismo tiempo que hay ahora una destrucción deliberada, una especie de etnocidio cultural para borrar la memoria de la gente, a través de la invasión de grupos evangélicos que imponen nuevos usos y costumbres.
A Guatemala le pega además ser un país de pequeñas dimensiones donde lo que ocurre en los estados mexicanos vecinos como Oaxaca y Chiapas, se magnifica. Egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), Bustamante advierte que para completar el avasallamiento, México creará las condiciones para que los efectos del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) también le lleguen.
Nacido en el estado de Oaxaca, el antropólogo está preparando, para el próximo Festival Internacional Cervantino (FIC), una exposición con textiles guatemaltecos que llevará tentativamente el título de Textiles de Guatemala, un arte en resistencia frente a las conquistas o un arte en vías de extinción, pues dará cuenta de cómo este arte de tradición milenaria se ha visto afectado por todos los aspectos antes señalados, pero en la actualidad más por la incursión de los grupos evangelistas que de plano han prohibido a sus seguidores utilizarlos porque consideran que sus motivos bordados son paganos.
En entrevista con Proceso, el investigador y curador cuenta que el Cervantino lo buscó para invitarlo a presentar su colección de textiles y máscaras y le explicaron que el tema de este año es Fronteras. Dado que cuando se habla de frontera se piensa en la del norte con Estados Unidos, él quiso destacar la relación con Guatemala, con quien “compartimos tantísimo cultural e históricamente, y casi no escuchamos nada de ella o la de El Salvador”.
Actualmente trasciende más la de otros países centroamericanos, por el tema de la migración. Él está trabajando la idea de que este problema no es sólo por razones económicas, tiene que ver también con la pérdida de la cultura y ésta a su vez es provocada en parte por la presencia de los grupos evangélicos.
La barbarie
Guatemala tiene más de 500 años sujeta a un bombardeo constante, dice. Primero la conquista española, la iglesia católica, la esclavitud, la Inquisición, la Colonia, ya en la época moderna intervenciones extranjeras como la alemana (llegada durante la Segunda Guerra Mundial), que se apropió de las fincas cafetaleras, y luego las dictaduras terribles impuestas desde los años sesenta.
La cita que hace de los autores Alicia y Gerardo Reichel Dolmatoff en el catálogo de su exposición anterior Guatemala: Tejiendo la memoria, habla del inicio y de la magnitud de esa masacre cultural:
“Una larga noche en el año de 1562, el inquisidor de Yucatán fray Diego de Landa arroja a las llamas uno tras otro un cerro de códices, pergaminos y manuscritos que la Iglesia y las autoridades españolas consideran blasfemos y peligrosos. Alrededor de esta gran fogata, los herejes también quemándose aúllan de dolor, boca abajo. Desollados a latigazos, los indios reciben baños de cera hirviente mientras crecen llamaradas y crujen los libros. Esa noche se convirtieron en cenizas ocho siglos de literatura maya.
“Los sobrevivientes de esta hoguera fueron expulsados de sus tierras a lugares áridos y lejanos donde ya no crece ni el maíz, para arrancarles la tierra y la memoria, para que allá lejos se aíslen y olviden los cantos de cuando estaban juntos y libres, y eran poderosos y vestían mantos de plumas, seda y algodón y collares de piedras fulgurantes y oro, para que nunca más recuerden que sus abuelos fueron jaguares.”
Y hay más: Bustamante señala que Guatemala, el país “que dio a la humanidad en el siglo XVI el Popol-Vuh, el libro con la cosmovisión Maya Quiché”, ha sido una especie de laboratorio para Estados Unidos. Está documentado que experimentó ahí el uso del napalm que posteriormente utilizó en la guerra contra Vietnam:
“Lo comenzaron a utilizar en comunidades indígenas en la zona del Quiché después de 1954, luego del gobierno de Jacobo Árbenz que fue el primer intento de gobierno socialista en América Latina, antes de Cuba, y fue derrocado militarmente.”
Después de ese golpe, recuerda, hubo un fuerte exilio a México, con gente como el “extraordinario” crítico de arte Luis Cardoza y Aragón, “quien fue ministro en Guatemala durante el periodo de Árbenz”.
A decir suyo, Guatemala enfrenta un nuevo problema con la proliferación de los grupos evangélicos y, como nunca, existe un gran riesgo de que se pierdan las tradiciones de sus textiles. No habla de ellos como un objeto vistoso, decorativo, sino de un elemento cultural de gran importancia porque son una especie de documentos que la gente de las comunidades sabe leer y que los antropólogos y lingüistas aprendieron a descifrar hasta los años setenta del siglo pasado.
“Son como un libro, también aquí en zonas como Oaxaca y Chiapas… Y hay razones suficientes para pensar que van a desaparecer totalmente.”
Considera que con el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1994, hubo una revaluación de muchos de estos elementos culturales. Se dio una reafirmación de la identidad cultural importante, pero en Guatemala no ha habido un movimiento así, aunque haya gentes preocupadas por mantener la tradición del lenguaje a través de sus trajes y las ceremonias en las cuales los usan.
Dogmas
La religión evangélica rechaza el uso de imágenes e íconos como los que tiene el catolicismo (retratos de santos y crucifijos), por lo cual se considera a los símbolos plasmados en los textiles mayas y las figuras de sus danzas como paganos y le piden a la gente no usarlos.
Para Bustamante es una estrategia política que va más allá de lo religioso, pues estos grupos “ni siquiera son guatemaltecos, son gente de Estados Unidos. Es terrible porque además tienen cooptados la radio, televisión, los medios, donde uno vaya es muy insidioso…
“Además Guatemala es un país muy chiquito físicamente, apenas 10% más grande que Oaxaca pero con el doble de población. Y el 65% de la población de Guatemala es indígena de origen maya, parte de uno de los 21 grupos diferentes son quichés principalmente. El caso es que todo se magnifica, lo que aquí vemos más diluido, porque también están estos grupos en Chiapas y en Oaxaca, con la venia del gobierno federal, porque evidentemente es una herramienta para mantener a la gente dormida y controlada en muchos aspectos, se magnifica allá. Entonces siento que es un asunto orquestado desde los centros de poder, sobre todo de Estados Unidos.”
Relata que tiene más de treinta años yendo a Guatemala, donde hay poblaciones pequeñas de 600 y 800 habitantes, “rancherías les llamamos acá”, y de repente llegan estos grupos evangélicos “de un modo tan irrespetuoso, tan agresivo, siempre minimizando” a instalar sus templos con un tipo de estructura “fuera de toda lógica”: Concreto, tres niveles, “lujos que la comunidad no tiene”, puertas de fierro y vidrio, y bocinas hacia afuera para que se oigan en todas partes sus rituales.
Los ejemplos de lo dicho por el antropólogo se pueden ver en imágenes en la web. Está el Mega Frater, de San Cristóbal; la iglesia El Shaddai, en Ciudad de Guatemala; la Misión Cristiana Evangélica Lluvias de Gracia, en Mixco; y la iglesia Casa de Dios, en San José Pínula.
No es la única amenaza contra el uso de huipiles y textiles mayas. En los mercados se vende cantidad de ropa usada comprada por pacas en Estados Unidos. Las tejedoras y bordadoras han expresado a Bustamante su preocupación, pues la gente prefiere pagar entre uno y tres quetzales por estas prendas, cuando ellas invierten entre 200 y 300 dólares en materiales, y tardan unos seis meses en bordar un huipil.
Muchas mujeres, dice, conservan su enredo, pero la parte superior del atuendo, “que era la parte más importante, ya es totalmente occidental”.
–¿Cuándo comenzaron a llegar estos grupos evangélicos a Guatemala?
–Su presencia está desde los años setenta, no es nueva, pero fue durante el golpe de Estado de Efraín Ríos Montt.
Refiere que eso ocurrió durante la dictadura de este general, quien luego fue llevado a juicio y demostrada su culpabilidad como genocida aunque por su edad está libre: “Todos los dictadores mueren tranquilos en los hospitales o en sus casas”, se convirtió en una política de Estado dejar ingresar a esos grupos religiosos y ahora “ya están muy establecidos”.
“Y no es casual que en México también estén. Es parte de esa actitud imperialista que empezó con el TLC. En México está tratando de hacer todo tipo de infraestructura carretera hacia zonas de Guatemala donde no se llegaba antes. Es una irrupción increíble del sistema, el movimiento de mercancía al interior de Guatemala para integrarla a los mercados de México y Estados Unidos.”
Ya se han instalado allá, menciona, corporativos como Electra y Teléfonos de México, que al igual que las iglesias, construyen edificios que contrastan con las “hermosísimas” construcciones de más de 200 años hechas de adobe y piedra.
Historia en hilo
Si los textiles se pierden, advierte Bustamante, será una pérdida no sólo para las culturas mayas de la región, que históricamente han mantenido una relación cultural y económica, sino para toda la humanidad.
Muchos de los huipiles usados por las mujeres provienen de la época prehispánica. Los textiles no son sólo un símbolo de identidad, son libros abiertos en los cuales la gente sabe de dónde viene y hacia dónde va. Ahí están plasmados los conceptos que le dan vida a sus culturas.
Recuerda que comenzó a investigar sobre su significado porque le llamó la atención que Guatemala, siendo un país tan pequeño, tuviera tal diversidad en los textiles. Los propios españoles se dieron cuenta de esta variedad y la fomentaron como un mecanismo de control político: por el tipo de traje sabían de qué pueblo, ranchería o barrio era la gente. A veces incluso cada familia usa sus propios símbolos, un traje muy específico.
Ese hecho fue utilizado también por los militares de las dictaduras para identificar a la gente, reprimirla y desaparecerla:
“Rigoberta Menchú lo cuenta espléndidamente en su libro cuando salió de Guatemala, que era por los huipiles que los militares los identificaban y era cuando desaparecían los papás, los hermanos, ellas mismas, y comunidades enteras fueron arrasadas por los grupos militares.”
El antropólogo lamenta que ese crisol cultural que tuvo tanta importancia en la época prehispánica, tenga ahora tales problemas, que la gente siga huyendo de sus pueblos por las crisis económicas, el dominio de los militares (aunque se suponga que gobiernan democracias), y la violencia ocasionada por el narcotráfico.
La exposición, cuya museografía está a cargo de Carlos Ashida, reunirá en total 400 piezas entre textiles y máscaras. Se presentará durante todo el Festival Internacional Cervantino en el Museo del Pueblo de Guanajuato, fundado por el muralista José Chávez Morado.








