MÉXICO, D.F. (Proceso).- El paquete de seis dictámenes de la reforma energética que se aprobó por ambas cámaras del Congreso mexicano fue planeado, diseñado y cabildeado desde la oficina de un poderoso senador estadunidense, el republicano Richard Lugar, quien el 21 de diciembre de 2012 pronosticó, en un extenso informe al Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, presidido por John F. Kerry, que los Acuerdos Transfronterizos sobre Hidrocarburos (ATH) –para regular los yacimientos en el Golfo de México- se convertirán en el “Caballo de Troya” para permitir la apertura completa de las inversiones extranjeras en el sector.
En la parte medular de su informe de 33 cuartillas, el veterano senador por Indiana advirtió:
“Los Acuerdos Transfronterizos sobre Hidrocarburos (ATH) permitirán por primera vez a compañías petroleras internacionales que cotizan en Estados Unidos trabajar en asociación con Pemex, sin incluir contratos de servicio. Muchos observadores se muestran optimistas de que el ATH sea el metafórico ‘Caballo de Troya’ (equivalente del dicho en inglés camel’s nose under the tent; literalmente, la nariz del camello bajo la tienda), que pavimente el camino para una reforma más amplia en México”.
“No hay garantía de que ésta se dé”, escribió Lugar tres semanas después de que tomara posesión el gobierno de Enrique Peña Nieto, pero le advirtió a la administración de Barack Obama que si Estados Unidos no aprobaba los ATH “podría frenar el impulso para una reforma energética doméstica en México”.
“Los ATH ayudan a demostrar que el patrimonio petrolero de México puede ser protegido bajo un régimen de producción conjunta con compañías de Estados Unidos. Algunos funcionarios de alto nivel (mexicanos) sugirieron que la aprobación de ATH podría ayudar a promover una reforma energética más amplia en México”, abundó.
(Fragmento del reportaje que se publica en la revista Proceso 1971, ya en circulación)














