El título en francés de este último largometraje de Rithy Panh, (L’image manquante; Francia-Camboya, 2013) acentúa la noción de necesidad: el ausente no siempre hace falta. No existían imágenes para ilustrar la infancia abandonada del director, la deportación y la desaparición de su familia durante el genocidio organizado por el Khemer Rojo en su natal Camboya. El material documental proveniente del gobierno de Pol Pot, horrores, ejecuciones sumarias y humillaciones, sólo provoca más vacío; había que dejar jugar al niño para acceder a la realidad.
Figurillas de barro cocido y coloreado, maquetas y dioramas, atmósfera familiar, cuando el padre leía poesía en voz alta, inundan de luz el hoyo negro; posteriormente, durante el horror cotidiano de los campos de trabajo, las técnicas de reeducación, la inexorable extinción de referencias afectivas, triunfa la imagen. La creatividad humana como arte de recuperar la memoria.
Las miniaturas, a cargo del escultor Sarith Mang, se presentan fijas, de manera hierática, como corresponde a un altar de muertos; animarlas equivaldría a traicionar la mirada de azoro del niño. A cambio, la cámara recorre las composiciones escultóricas, se acerca a ellas desde diferentes ángulos. Lo que las anima es la voz en off del actor Randal Douc narrando historia y anécdotas, como si la imagen surgiese de la palabra. Fotografía y fragmentos de películas de los archivos oficiales del Khemer Rojo, insertados entre las secuencias multicolores, documentan el discurso.
Si se piensa, un mexicano posee referentes culturales, altares, arte popular, nacimientos, historieta, que le permiten apreciar mejor la propuesta de Panh que otras culturas donde predomina el discurso abstracto, como ocurre en Francia. La imagen ausente no es un documental, sino una puesta en escena en el sentido moderno de instalación, que recurre a la ficción y emplea el documental como materia prima, de la misma manera que el agua y la tierra de las esculturitas.
No es arriesgado hablar de arte gestual en este caso, el cine de Rithy Panh presenta esta tendencia desde el inicio; en un documental anterior, S21, la máquina de muerte del Khemer Rojo (2002), el realizador camboyano puso a los torturadores y a los guardias de las prisiones a reproducir los gestos y los modos que empleaban para mantener la obediencia y el terror en los prisioneros. Los carceleros se animaban repitiendo expresiones y movimientos corporales de su trabajo bajo el gobierno de Pol Pot; la vida del otro, del olvidado en los huesos y las fosas comunes, se animaba de repente.
Todos los muñequitos de La imagen ausente componen una sinfonía de gestos que evoca la nostalgia de un niño, y el temor de olvidar de un adulto. Como bien comenta la voz en off, La imagen ausente no es la imagen del Khemer Rojo, sino la imagen de una búsqueda.
El programa del Foro Internacional de la Cineteca continúa exhibiéndose en diferentes salas del área metropolitana.








