La sólida red alemana de Snowden

Desde junio de 2013, cuando Edward Snowden filtró los documentos que evidenciaron el espionaje estadunidense en todo el mundo, una red de hackers, abogados y activistas empezó a tejerse en torno suyo para brindarle apoyo económico, político y legal. Ese grupo tiene sus principales cuadros en Alemania, donde trabajan para que Rusia renueve el asilo a Snowden y al mismo tiempo solicitan se le permita ir a Berlín a declarar ante el Parlamento.

BERLÍN.- En mayo de 2013 la estadunidense Laura Poitras realizaba en esta ciudad un documental sobre las prácticas ilegales de los servicios secretos de su país, cuando recibió un correo electrónico de un desconocido que le ofrecía información en torno al tema.

Poitras contactó a su compatriota Jacob Appelbaum, activista y especialista en seguridad informática, para verificar la seriedad del informante, un consultor tecnológico llamado Edward Joseph Snowden, quien había trabajado para las agencias estadunidenses de Inteligencia (CIA) y Nacional de Seguridad (NSA).

Una semana después de haber recibido aquel correo, Poitras viajó con el periodista inglés Glenn Greenwald a Hong Kong para reunirse con Snowden. Los tres prepararon una entrevista con él y la difusión en junio de 2013 de los documentos que éste tenía y que revelaron los programas estadunidenses de espionaje masivo a gobiernos y ciudadanos de todo el mundo.

En paralelo se empezó a crear una red de apoyo internacional en torno a Snowden, la cual fue fundamental para que éste, desde Hong Kong, pudiera filtrar la información que poseía y mantenerse a salvo de la furia de Washington. También se le consiguió asilo en Rusia.

Esa red está asentada en Berlín, donde viven cuatro de las cinco personas que hicieron posible la difusión pública de los documentos en poder de Snowden y también le ayudaron a evitar la suerte del soldado estadunidense Bradley Manning, quien hoy purga una condena de 35 años por filtrar documentos confidenciales de Washington.

Círculo cercano

Poitras es el eslabón más conocido de la red de Snowden. Desde antes de que explotara el escándalo del ciberespionaje ella había decidido vivir en Berlín pues, según ha declarado, en Estados Unidos no hay seguridad para realizar su trabajo.

En colaboración con el semanario Der Spiegel, con el apoyo de Appelbaum y con los documentos aportados por Snowden, Poitras ha publicado desde Berlín una serie de textos que aportan detalles sobre los alcances del espionaje estadunidense en el extranjero, especialmente en Alemania.

Por su parte Appelbaum tiene una larga relación con Alemania. Como activista y especialista en seguridad informática, el joven participa en los congresos del Chaos Computer Club (CCC), la mayor y más importante asociación de hackers de Europa, con sede en la capital alemana.

En uno de esos congresos, en 2006, Appel­baum conoció a Julian Assange, fundador de WikiLeaks. A partir de esa relación, aquél asegura que se convirtió en objetivo de los servicios secretos estadunidenses.

Más aún, desde hace años también forma parte del proyecto Tor, el cual busca el anonimato en internet y donde trabajan diversas fundaciones y especialistas como él para desarrollar un software que permita a los usuarios navegar en la web sin ser ubicados.

Fue Appelbaum el primero en quien Poitras se apoyó para verificar la autenticidad y credibilidad de Snowden. Y es él también una de las pocas personas con acceso a los documentos originales en poder del exanalista. Además su conocimiento informático ha sido decisivo para que los periodistas los entiendan y descifren.

Luego de la revelación del escándalo de la NSA, Appelbaum decidió exiliarse en Berlín. Antes iba regularmente a Estados Unidos, pero en cada uno de sus viajes los agentes estadunidenses lo detenían, lo sometían a largos interrogatorios y le decomisaban documentos y aparatos electrónicos.

El círculo cercano de Snowden se completa con su “salvadora”: Sarah Harrison, inglesa de 32 años quien se encargó de gestionarle las solicitudes de asilo.

Harrison aterrizó en Berlín a finales de 2013 justo después de haber acompañado a Snowden en su vuelo de Hong Kong a Moscú y de haber pasado con él 40 días varados en el aeropuerto de la capital rusa.

En un artículo publicado en el diario The Guardian en marzo de este año, Harrison asegura que el gobierno de su país, Gran Bretaña, la considera una amenaza y no puede volver a su patria por sus vínculos con WikiLeaks y Snowden.

Ella es también una de las personas más cercanas a Assange, con quien trabaja desde 2009, cuando ingresó como practicante en el Centro para el Periodismo de Investigación de la Universidad de la Ciudad de Londres.

En Berlín, Harrison, Poitras y Appelbaum quieren mantener un perfil bajo, lejos de la lente pública. No obstante han recibido el cobijo del CCC, especialmente de un antiguo miembro de su junta directiva: Andy Müller-Maguhn.

En 2012 Müller-Maguhn publicó en coautoría con Assange y Appelbaum, el libro Cyberpunks. Libertad y futuro en internet. Él ha llevado a Harrison a los congresos del CCC y la introdujo al cerrado submundo de los hackers berlineses.

El pasado 11 de junio Poitras, Appelbaum, Müller-Maguhn y Harrison coincidieron en el escenario de la legendaria Sala de Espejos del Clärchensballhaus, de Berlín. El motivo: la presentación de la Fundación Valor, que presidirá la británica y pretende brindar apoyo jurídico y financiero a todo aquel que decida revelar ante la opinión pública, mediante datos, los secretos de la seguridad de los Estados. El primer beneficiado: Snowden.

Entre los asistentes estaba el secretario general del Centro Europeo por los Derechos Constitucionales y Humanos, Wolf­gang Kaleck, quien también desde febrero de este año asumió la defensa legal en Alemania de Snowden y trabaja para conseguirle aquí el derecho de permanencia.

“Esta fundación es importante para los Snowden de mañana. Tenemos que construir una organización preparada para proteger a la próxima persona que revele asuntos. Y las armas más importantes para ello son la solidaridad y la publicación de las informaciones”, dijo Harrison ese día.

Las ventajas de Berlín

No es casual que sea Alemania la nación donde se encuentre la principal red de apoyo a Snowden. La sociedad de este país es muy sensible respecto al derecho a la privacidad. Las revelaciones sobre el espionaje estadunidense –en complicidad con otros gobiernos, incluido el alemán– provocó enojo e indignación entre la población.

Además en Alemania las leyes protegen especialmente a las fuentes de información y los tribunales dan prioridad a los derechos de los ciudadanos sobre la seguridad. A diferencia de países como el Reino Unido, aquí la policía no puede obligar a una persona a declarar para incriminarse. Los servicios secretos alemanes tampoco pueden exigirle a un medio que destruya dispositivos informáticos, como le pidió la inteligencia británica a The Guardian.

Y en Alemania tampoco es delito organizar colectas de apoyo a favor de Snowden, como podría serlo en Estados Unidos.

Por otra parte el asilo que Rusia brindó a Snowden durante un año concluyó el viernes 1. Hasta el 31 de julio las autoridades rusas no se habían manifestado en torno a la solicitud que la defensa del exanalista presentó para ampliar y cambiar a permanente su asilo político.

Eso no significa, sin embargo, que será echado del país cuando el permiso expire.

“Snowden ya presentó la solicitud para continuar bajo la protección de las autoridades rusas, y hasta que éstas no tomen una decisión al respecto, él no saldrá del país. Ello hace que su estatus sea inseguro y, por tanto, todo el apoyo posible es muy importante”, comentó a Proceso una fuente cercana a su defensa en Alemania.

Pero el apoyo no le ha faltado. En un año Snowden ha recibido siete premios internacionales –cinco de ellos provenientes de Alemania– por su valor cívico y labor a favor de la transparencia.

Destacan el Premio Internacional Whistleblower 2013 que otorga la Asociación de Científicos Alemanes junto con Transparencia Internacional y la Asociación Internacional de Abogados contra las Armas Nucleares; el Premio al Valor Civil 2014, que otorgan artistas, intelectuales, periodistas y ciudadanos de la capital alemana; el Fritz-Bauer 2014 concedido por la fundación alemana Humanistische Union, instaurado en honor al fiscal y juez alemán iniciador de los juicios de Auschwitz; y el Sam Adams 2013 de parte del grupo Asociados por la Integridad en la Inteligencia, formado por extrabajadores, ahora pensionados, de la CIA.

Además fue nominado al Premio Nobel de la Paz y su candidatura fue impulsada por el antiguo ministro de Medio Ambiente noruego Snorre Valen y por el diputado del Partido Verde Alemán, Hans-Christian Ströbele.

De hecho Ströbele es uno de los políticos alemanes más comprometido con el caso Snowden. Este miembro del Parlamento desde 1998 integra la Comisión Especial que investiga el caso de espionaje de la NSA. El pasado 31 de octubre viajó a Moscú y se reunió tres horas con Snowden, quien ahí le entregó una carta dirigida al Bundestag en la cual expresó su disposición para declarar ante la comisión que investiga aquel tema.

Ante la negativa del gobierno alemán para que Snowden viaje a Berlín a declarar, la oposición de los verdes y la izquierda amenazó con recurrir al Tribunal Constitucional Federal, la máxima instancia judicial del país.

“Snowden recibirá la posibilidad de viajar a Berlín para el interrogatorio ante la Comisión Especial del Bundestag y el gobierno federal tendrá que otorgarle un permiso de residencia y protección adecuada. Y no lo hará voluntariamente, pero el Tribunal Constitucional Federal lo obligará cuando los verdes y la izquierda en el Parlamento presenten (este mes) un recurso de inconstitucionalidad contra el gobierno”, asegura a Proceso Christian Busold, consejero político y legal del grupo parlamentario verde.