Pese a que es la segunda institución de educación superior más importante del país y desde 1987 organiza cada año la Feria Internacional del Libro, la Universidad de Guadalajara mantiene su Librería Universitaria arrinconada en una bodega del Parque Industrial Belenes. Ahí se encuentra el acervo bibliográfico, lejos de la comunidad de estudiantes y académicos tapatíos. Y cuando algunos libros salen a la venta, según los lectores, tienen precios elevados. Así, comentan a Proceso Jalisco, es difícil que alguien los compre.
La Universidad de Guadalajara (UdeG), que se ufana de organizar desde 1987 la Feria Internacional del Libro (FIL) –la más importante de América Latina–, se muestra desdeñosa con su tradicional Librería Universitaria, que está a punto de desaparecer, pues carece de sede y sus ejemplares se encuentran amontonados en una bodega alejada del centro de la ciudad.
Desde la creación de la FIL, la Librería Universitaria ha perdido presencia. Ha cambiado de lugar en varias ocasiones y las autoridades la han ido alejando cada vez más de la comunidad universitaria, donde se encuentran sus potenciales lectores. Hoy son pocos quienes saben dónde se encuentra.
Y aun cuando la UdeG cuenta con una editorial que data de mediados del siglo pasado, sus publicaciones están arrinconadas en una bodega en el parque Industrial Belenes. Ahí sobreviven libros, revistas y documentos de la institución, cerca del flamante y oneroso Centro Cultural Universitario, donde se localiza el Auditorio Telmex y otras instalaciones, entre ellas el Canal 44 de televisión y Radio Universidad de Guadalajara.
Parte de la comunidad universitaria, así como egresados y lectores, han manifestado su inconformidad por esa situación. Algunos de ellos consideran que la librería fue perdiendo presencia desde que Raúl Padilla se apoderó de la UdeG, a finales de la década de los ochenta.
El 23 de mayo último, Silvia Linet Flores, secretaria técnica del Consejo de la Crónica y la Historia de Guadalajara –ubicado en Independencia 336–, envió una carta al rector de la UdeG, Tonatiuh Bravo Padilla, en la cual le pide que regrese la librería de la casa de estudios a un espacio céntrico, pues está en un lugar alejado del entorno estudiantil, lo que dificulta el traslado a esa zona para adquirir los textos.
“Quizá usted no esté enterado –escribió Linet Flores–, pero desde el año pasado movieron la librería de la UdeG de la calle Escorza (a un costado de la rectoría). Ya antes quitaron la promoción editorial para los estudiantes y amantes de los libros titulada ‘Jornada al Texto’, donde exponían los volúmenes en la explanada del edificio administrativo de la UdeG a precios módicos. Varios de mis mejores textos los compré ahí. Luego encarecieron tres veces su valor, las mismas ediciones.”
En la librería de Escorza, cuenta, “ya no vendían los libros de otros centros universitarios. ¡Imagínese que me interesa un libro de CU Ciénaga! ¿Cómo voy a ir a comprarlo hasta allá?”. También le informa a Bravo Padilla que cambiaron el local hasta una bodega en el Parque Industrial Belenes, y le manifiesta su desazón porque, dice: “¿La mejor librería de Guadalajara en una bodega?”.
Y advierte: “Van a desaparecer los libros, ya que van a requerir ese espacio. Los mejores libros con información histórica son los de la UdeG. Ni siquiera el Tec tiene tan buenas ediciones”.
Linet Flores suplica al rector que vuelvan a poner la librería en un espacio céntrico, ya que los estudiantes, investigadores y maestros acuden a la oficina de los cronistas con regularidad por información que viene en sus publicaciones y desean comprarlas.
La secretaria técnica del Consejo de la Crónica también le expuso al rector que era “orgullosamente parte de la familia de la UdeG”. Tiene cinco hijos egresados de la institución. Incluso, escribió: “Mis tres hijas obtuvieron los más altos promedios en el tiempo que realizaron sus estudios de bachillerato y universitarios”.
Ya pasaron dos meses y Linet Flores aún no recibe una respuesta de Bravo Padilla.
Libros caros
En entrevista con Proceso Jalisco, Linet Flores lamenta que los precios de los libros universitarios se hayan disparado. Y pone un ejemplo: la obra Tamazula y otros dos municipios más, que costaba 34 pesos, se vendió a 130 pesos en la FIL del año pasado; “y eso que los dieron a mitad de precio”, apunta.
Y cuando acudió a la librería de la UdeG para preguntar por qué se habían elevado tanto los precios, le respondieron que ellos no podían hacer nada, pues así les habían etiquetado el material.
“Estoy indignada –cuenta– por la forma en que han subido los precios (de los libros). Cuando uno estudia es cuando menos dinero tiene para comprar. Hay estudiantes talentosos y dedicados que no tienen posibilidades de adquirir publicaciones caras; algunos piden permiso para sacar copias, pero sólo se les autoriza un fragmento.”
Agrega: “Yo me pongo de rodillas y de corazón le pido al señor Tonatiuh (Bravo) que busque un lugar céntrico para instalar ahí la librería”. Es lamentable que cuando los estudiantes llegan a su oficina sólo pueda ofrecerles material bibliográfico para que lo consulten ahí mismo.
Es lamentable que aun cuando la UdeG tiene una excelente producción editorial, publique pocos volúmenes y los ofrezca a precios prohibitivos para el grueso de la comunidad. Hace poco, dice, la institución sacó una edición de cinco libros delgaditos sobre los penales de Escobedo y Oblatos, la casa de la misericordia, el palacio de los Cañedo, pero eran caros.
Esa situación, insiste, incrementa el fotocopiado: “La UdeG no pierde (si abarata los precios); nosotros le damos (recursos) del pueblo, y (éstos) son del pueblo y para el pueblo. Si son nuestros impuestos, por lo menos deben reinvertirse en libros”, expone la entrevistada.
Y fustiga: “En vez de estar metiendo dinero al equipo de futbol Leones Negros, la UdeG debería facilitar la compra de su propia producción editorial a precios asequibles”. Aclara también que no se opone a que se den recursos al club deportivo, pero, puntualiza, “la cobija debe alcanzar para todos”.
Y se pregunta: “¿Con qué estudian los estudiantes? Con libros, por supuesto. La lectura es básica para fomentar el futuro. La UdeG debe rebajar los precios y buscar un espacio apropiado para ubicar su librería, pero no lo hace, aun cuando tiene muchos lugares céntricos”.
“Aparte –se queja– nos fregaron porque la biblioteca que era del estado –no sé cuándo se metió la UdeG a esa biblioteca– se la robaron y se la llevaron a Belenes… ¿Qué hicieron con nuestro acervo que teníamos como ciudadanos?”
Recuerda que llevaba a sus hijos a esa biblioteca cuando se ubicaba en la Casa de la Cultura, pero ahora se encuentra lejos del centro. Además, ingresar a ella es difícil por el sistema de control. Los empleados piden credencial a todos los visitantes; si alguno no la lleva, simplemente no ingresa.
Proceso Jalisco consultó a personal de la UdeG para conocer cómo van las ventas en la Librería Universitaria. Desde que se cambió del centro a Belenes, dicen, que se desplomó. En Escorza se vendían 10 libros por día, ahora no se vende ni uno.
Antes, las ventas anuales eran por 400 mil pesos; en lo que va del año no llegan ni a 50 mil pesos, comentan.
Uno de los usuarios, Carlos López, refiere que se enteró del cambio de la librería por un amigo. “Ni siquiera dejaron un letrero para indicar la nueva sede”, se queja.
Y se pregunta: “¿Cómo es posible que una institución tenga una librería en esas condiciones? Es lamentable que la UdeG, la segunda universidad más grande del país y promotora de la FIL, que este año llega a su vigésima octava edición, no tenga una librería digna”.
Es probable que la UdeG quiera desaparecer la librería, dice otro cliente. “No hay otra explicación para venirla a arrinconar en este lugar tan lejano del centro de la ciudad, donde está todo el movimiento comercial”.
La vieja imprenta
La desaparecida Dirección de Publicaciones (1989-1995) publicó una investigación en la cual menciona un oficio firmado el 8 de julio de 1994 por el director del Departamento Editorial de la UdeG, Gabriel Vallejo, en el cual recuerda que la imprenta universitaria se fundó en 1952 “en lo que hasta entonces había funcionado como una sencilla imprenta en el Instituto Politécnico, donde se utilizaba con fines de enseñanza”.
También establece que en los años cincuenta la UdeG tenía “una notable actividad editorial”. En ese tiempo se imprimieron obras del pensamiento, la historia y la cultura jaliscienses.
“Los tomos de la serie que conocemos aparecieron bajo el sello de Ediciones del Instituto Tecnológico de Guadalajara. Se publicaron títulos de autores como Mariano Otero, Luis Pérez Verdía, Agustín de la Rosa y José López Portillo y Rojas. Tenemos conocimiento de que cuando menos se publicaron 12 títulos.”
En esa época “cuidaban las ediciones universitarias intelectuales como Ramiro Villaseñor, Alfonso Toral Moreno, Adalberto Navarro y Emmanuel Carballo”.
La investigación también refiere que la Imprenta Universitaria funcionó con ese nombre hasta 1974, cuando se formó una Comisión Editorial. Dos años después se creó el Departamento Editorial, producto de la fusión de la comisión mencionada y la imprenta.
En los ochenta, agrega la investigación, “se publicaban sobre todo libros de texto, así como la papelería oficial, propaganda y revistas de la UdeG y de la Federación de Estudiantes de Guadalajara. En esa época, por lo tanto, desempeñó las funciones de imprenta y editorial de manera simultánea”.
El 31 de agosto de 1990, por dictamen del Consejo Universitario, se cerró el Departamento Editorial y se creó la Dirección de Publicaciones, que desapareció en 1995.








