Autoridades del DF le “recogieron” y “destruyeron” dos automóviles

Señor director:

Le solicito publicar en Palabra de Lector esta denuncia en contra de autoridades del Gobierno del Distrito Federal.

El 6 de febrero de 2012, del exterior de mi domicilio, ubicado en avenida Arteaga y Salazar 446, casa 1, colonia Pueblo el Contadero, delegación Cuajimalpa, desaparecieron dos autos de mi propiedad.

Los vehículos fueron: un Ford 200 modelo 1962, placas 745 NWL, y otro Dodge Dart Custom 1972. Ambos automóviles, considerados como “clásicos”, se hallaban estacionados frente al lugar donde vivo y se los llevaron sin ningún aviso de alguna autoridad.

Lo primero que hice fue presentarme en la sede delegacional para preguntar si sabían algo al respecto. Busqué al delegado Adrián Rubalcava, quien me remitió a la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), con el director de Control de Estacionamiento en Vía Pública, Ricardo Cabrera Martínez, quien en un principio tampoco me supo informar.

En un recorrido que hice con mis propios medios por varias zonas de la ciudad, finalmente, en el corralón El Zarco, de la calle Talismán, delegación Gustavo A. Madero, di con ellos. Los encargados del depósito de vehículos me aseguraron que ahí se encontraban, aunque yo no los vi físicamente. Sin embargo, me indicaron que para recuperarlos debía pagar, por el arrastre y las infracciones, 10 mil pesos. A lo que me negué.

Por estos hechos, en junio de 2012 interpuse una queja ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo del Distrito Federal (juicio número IV-35311/2012). El 19 de septiembre, dicho tribunal falló en mi favor y ordenó a la SSP suspender cualquier sanción relacionada con el caso, así como la devolución inmediata de los vehículos infraccionados.

Pues bien, en la última visita que hice al corralón vi que mis carros estaban aplastados y uno encima del otro, es decir, convertidos en chatarra, y hasta la fecha no ha habido ningún ofrecimiento económico por parte de la autoridad.

Mi peregrinar en demanda de justicia, primero para librarme del cobro indebido, y segundo para que las autoridades capitalinas me paguen el valor de los automotores destruidos, me condujo no sólo a la SSP, sino también a la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, al jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera y a la Comisión de Derechos Humanos del DF.

Pero todo ha sido en vano.

Por eso ahora reclamo públicamente que se me haga justicia.

Atentamente

William March Denker Bosche