Todos en algún momento experimentan cronorragia, es decir esa sensación de que el tiempo pasa muy rápido, o de predubilación, estremecimiento justo antes de un estornudo. Si no conocía tales términos es porque se trata de neologismos del Lexinario, diccionario de lo inefable, de Javier Enríquez Serralde, cuya finalidad es darle un nombre a todo eso que encontramos indescriptible.
En esa edición de 211 páginas de Plaza y Valdés Editores, se incluyen 4 mil 531 acepciones que definen en su mayoría sensaciones, sentimientos o emociones que todos los seres humanos han tenido en algún momento pero que carecen aún de una palabra y, por tanto, no los encontrará en el Diccionario de la lengua española.
Del porqué de su existencia su autor, un médico cirujano mexicano con doctorado en ciencias y radicado en España, dice en la introducción que la idea del Lexinario… es aportar conocimientos, provocar reflexiones, o en última instancia simplemente ofrecer acepciones cómicas al lector.
Las invenciones de Enríquez Serralde no surgieron de la nada, muchas de ellas se encuentran –aunque no profundizan en su significado– en cuatro de sus tres novelas publicadas: Las primas segundas (1997), Las segundas trinas (2000) y Las trinas cuadradas (2013), así como en Los cuadros quinos, obra próxima a editarse en tres semanas bajo el mismo sello de Plaza y Valdés.
Dice el autor en entrevista:
“Muchos de los neologismos del Lexinario… están basados en palabras grecolatinas, como cronorragia, y son resumen de los conceptos que hay en mis libros en donde se describen emociones humanas que todos sentimos o hemos experimentado, pero al mismo tiempo el Lexinario… es ajeno a mis novelas, es decir, se puede leer de manera independiente.
“Un día mi editor, Fernando Valdéz, me sugirió que hiciera un diccionario y yo no le hice caso, pero me insistió tanto que accedí, y luego me sugirió que englobara unas tres mil palabras. Creí que no iba a poder y finalmente hice cuatro mil quinientas, fue una locura.”
–¿El Lexinario… tiene algún antecedente?
–No como tal, pero sé de un cómico español que hacía palabras muy graciosas y escribió un diccionario pequeño con las mismas, por ejemplo recuerdo la de telelecencia, que no se refiere a ver, ni a la adolescencia, sino cuando se dejan los pañales.
“Mi intención no es que la gente tome las palabras y las lleve a su lenguaje cotidiano, pero puede ser una buena idea, todos tenemos miedo a llegar a viejos y podemos decir tengo necrocronofobia, y así se pueden utilizar algunas palabras.”
–¿Cuál es su neologismo favorito?
–No tengo uno, me gusta mucho predubilación, pero sólo por la forma en cómo suena, y bueno, con amigos íntimos y familiares suelo utilizarlo, pero no hablo con neologismos siempre porque si no la gente no me entendería.
Lo define así:
“Extraña sensación de duda efímera que precede a un estornudo o a un orgasmo.”
Y está el que describe a su lexinario, “neobardismo”:
“Estilo literario que hace uso de ilimitados recursos literarios, tales como abundantes neologismos, metáforas delirantes, descripciones de lo indescriptible, hiperrealismo mágico, prosa paradójica, complejidad temática y múltiples sedimentos lingüísticos.”
En una segunda acepción, coloquial, es:
“Estilo heterodoxo en poesía o prosa que es leído y apreciado por pocas personas.”
Entre sus autores mexicanos favoritos se encuentran Juan Rulfo, Carlos Fuentes, y José Emilio Pacheco, el chileno Roberto Bolaño, el brasileño João Guimarães Rosa, los argentinos Julio Cortázar y Jorge Luis Borges, el inglés Alexander Pope, el irlandés Jonhatan Swift, el francés Marqués de Sade, y la catalana Mercè Rodoreda.
–En la vida real, ¿para qué puede servir este libro?
–Mi intención es aportar algo más que no se ha hecho, darle un sentido a algo que no existe. La mayor parte de los neologismos tienen un sentido, una raíz grecolatina, algunos son científicos –como neocosmía: novedosa visión del cosmos no observable, que lo representa como un conjunto de múltiples universos repartidos en múltiples dimensiones–, y otros simplemente graciosos.
“Es un libro para todos, pero para jóvenes también, por comentarios de hijos de mis amigos sé que lo han recibido bien.
–Hablando de los jóvenes, se ha señalado que hay una especie de decadencia en la escritura en mensajes electrónicos o de textos, una “k” para sustituir un “que”. ¿Qué piensa?
–Bueno, todos pensamos que es una degeneración del lenguaje, pero si nos ponemos a pensar en la evolución de las lenguas del mundo todas se han degenerado hasta formar una lengua nueva. Para nosotros el castellano de hace 500 años es casi incomprensible, pero es parte de la evolución de la lengua. Aunque tampoco estoy a favor de esta degeneración al escribir.
–¿Se puede decir que el Lexinario… es una degeneración?
–Sí, claro, pero pienso que es una parte de los inevitables cambios de la lengua que nos hacen evolucionar. De mostrar que hay otras formas de expresarnos. La mente humana es maravillosa, y el Lexinario es una expresión para decirle a la gente que hay varios universos que se pueden expresar con nuestra propia mente.








