La reciente aprobación del proyecto de dictamen de las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones y radiodifusión (Ley Telecom) en el Senado apunta hacia un retroceso legal que no considera la importancia de la cultura y del cine mexicanos. Así concuerdan para Proceso las voces críticas de Ernesto Velázquez, director de TV UNAM; Enrique Sánchez Ruiz, investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social de la Universidad de Guadalajara, y la perredista Alejandra Barrarales, presidenta de la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía, entrevistados al calor del debate.
El director de TV UNAM, Ernesto Velázquez, se muestra desesperanzado al ver que en las leyes secundarias de la Reforma en Telecomunicaciones no se incluyen proyectos culturales, como el cine nacional:
“Parte del atropello que presupone este dictamen que aparentemente se aprobará viene a refrendar la intención de no considerar a las propuestas culturales en las leyes de nuestro país. En el caso de los medios públicos simplemente desaparecimos, no se logró ninguna de las garantías establecidas en la reforma constitucional en telecomunicaciones aprobada en junio de 2013.”
El expresidente de la Red de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales de México se explaya:
“No se genera ninguna alternativa en la financiación, no se forjan las garantías para que los medios sean realmente públicos, independientes editorialmente, ni para acceder plenamente a las nuevas tecnologías. Y por supuesto, no se contemplan los medios audiovisuales, donde se encuentra inmerso nuestro cine.
“Hay un verdadero retroceso de criterio de apoyo a la producción independiente como sucedió con la antigua Ley Televisa, en 2006, y esta Ley Telecom no canta mal las rancheras porque es un esquema absolutamente parecido.
“Un productor de telenovelas de televisión comercial, contratado por encargo puede ser considerado un productor independiente apoyado con todo el respaldo de esta iniciativa, y no es así con los proyectos culturales de las televisoras culturales.”
Espera que la máxima del poeta español Francisco de Quevedo deje de ser el símbolo de nuestro país y cita: ¡Pobre de aquel que viviendo en un país sin justicia, tenga razón! Subraya:
“Y nosotros hemos tenido razón cientos de veces, pero de nueva cuenta nos quedamos con esa frase quevediana. Los medios educativos y culturales son desdeñados otra vez, por desconsideración de una visión oficial muy lamentable.”
–¿Cómo se afecta al cine nacional?
–Desde el lado de la producción, el cine cuenta con ese estímulo importante de la Ley del Impuesto Sobre la Renta (ISR), el artículo 226, ahora 189 (Eficine), el cual gracias a la gestión de Jorge Sánchez, director del Instituto Mexicano de Cinematografía que me parece ha sido muy lúcida, se está adecuando y mejorando en los criterios de selección y respaldo a proyectos cinematográficos.
Pero el cine mexicano, responde, se ha visto en un gravísimo problema de distribución en las salas de cine:
“Las películas del país se ven con verdadero respeto y como arte sólo en la televisión pública cultural, la cual cada día es más afectada por la carencia de recursos para poder participar en proyectos de coproducción cinematográficos o para poder adquirir filmes. Desde luego que va a ser una salida menos para el cine nacional, cada vez vamos a ver menos cine en nuestras pantallas y en los medios públicos. Se cierra una puerta más tanto para la producción independiente cultural como para la oferta de empleos.”
–Por cierto, ¿qué opina de esa campaña radial del Sindicato Industrial de Trabajadores y Artistas de Televisión y Radio (SITATYR) que dice: “No a la comercialización de espacios en medios permisionados… nos preocupan las fuentes de empleo…”?
–Es una campaña vergonzosa y absurda de ese siniestro sindicato, ¡por favor! ¿Que los medios permisionados, públicos, educativos y culturales no generamos fuentes de trabajo? ¡Claro que lo hacemos! Esta hipocresía demuestra el desdén para nuestras instituciones y en consecuencia habrá daños colaterales graves, en la producción educativa y cultural, y en lo audiovisual, en cuanto a nuestra unión a los proyectos cinematográficos y en nuestra adquisición de cine.
–Parece que se mantiene a la Secretaría de Gobernación como la autoridad para imponer sanciones en materia de contenido audiovisual, ¿es verdad?
–El regulador es el Instituto Federal de Telecomunicaciones, hasta donde tengo conocimiento. Si bien se suprimió lo de los contenidos por internet, se mantuvo el tema de los contenidos y su posibilidad de consideración de que estos puedan ser violatorios o atentatorios.
Pero lo que más le preocupa al responsable de la creación y lanzamiento del Canal Cultural de los Universitarios es que no se dice cómo los medios públicos van a lograr hacerle frente a la conversión tecnológica.
“No hay interés en la radiodifusión social y hay desde luego una consideración de proteger los negocios privados al amparo de la supuesta equidad y el impulso a la competencia.
“Es lamentable que en México se anteponga el negocio a los proyectos educativos y culturales. Y así nos va por permitir o dejar que estas cosas sucedan.”
Recuerda que con la Reforma Constitucional en Telecomunicaciones el año pasado, se celebró como algo histórico que a los medios públicos no se les definiera como oficiales. Precisa:
“Allí se específica que los medios públicos deberán tener independencia editorial, autonomía de gestión financiera y garantías de participación ciudadana, entre otras cosas; también se habla de la necesidad de ser medios incluyentes, democráticos y abiertos. Ahora con las leyes secundarias es una completa regresión y volvemos a aparecer como oficialistas…. Volvemos a desaparecer sin todas aquellas garantías.”
Reconoce que la producción independiente audiovisual es un tópico bastante avanzado en otros países. Tajante, concluye:
“Por un lado hay una reforma constitucional muy avanzada y por otro, una iniciativa legal que nos hace retroceder más allá de los años sesenta. Ya no podemos asumir como un tema de negociación entre partidos políticos a la cultura y la educación, estos son palanca del desarrollo de México. El mismo Quevedo decía que las puertas del poder son tan chaparras que para entrar hay que arrastrase.”
Marcha atrás
A su vez, la senadora perredista Alejandra Barrarales, presidenta de la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía, también evoca que la Reforma de Telecomunicaciones “fue un logro” el año pasado, después de casi 20 años de esfuerzo:
“Ésta permite un avance importante hablando de medios de comunicación, logramos democratizar a los medios, crear figuras importantes que garantizan que no hubieran excesos en el mercado de las telecomunicaciones. Hubo un avance…
“Pero ahora, con las leyes secundarias, nos preocupa que se regresa de nuevo a que el Estado retome facultades en el control de medios, que sea de nuevo el gobierno el que opine sobre contenidos. Como integrante de la izquierda, alarma que esta propuesta del Ejecutivo deje el concepto de medios públicos como medios oficiales, como voceros en turno de los gobernantes, y quede fuera la posibilidad de crecimiento de los medios sociales, radios comunitarias y todos esos esquemas que, por primera vez, la pasada reforma constitucional contemplaba.”
–¿Qué viene para el cine?
–No tendrá espacios en la televisión pública, no podrá la televisión pública adquirir cintas del país, ni producir.
A decir suyo, la palabra cine en las leyes secundarias sólo se menciona seis veces:
“La primera en las definiciones. Luego, un par de veces con respecto a las clarificaciones y otro par de veces más, con respecto al cine como objeto de impulso por parte del sistema de radiodifusión publica que se propone ahí. Y es todo.”
Enrique Sánchez Ruiz, investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social de la Universidad de Guadalajara y miembro del Sistema Nacional de Investigadores, señala que en México las comunidades de cine y televisión han padecido a través del tiempo una bifurcación de caminos:
“De repente como que se recuerda que son medios audiovisuales. El cine y la televisión han estado integrados desde hace muchos años y desde el principio de la pantalla chica; pero ello no alcanza a entrar en algunas cabezas. Por ejemplo, se efectuaron mediciones cada dos o tres años de la programación de la televisión abierta desde los años ochenta para ver cómo están distribuidos los géneros, y resulta que el cine ocupa el segundo y tercer lugar en términos de cantidad de tiempo dedicado por la tele en su programación.”
Tales datos han hecho pensar que el cine es un género televisivo:
“Eso a la comunidad cinematográfica no le gusta y ahora con todo el proceso de la convergencia tecnológica se incrementará la multiprogramación. Habrá mayor demanda de programación televisiva.
“Sin embargo, será en términos de cine que se transmite por la televisión mexicana, es el extranjero y en particular el estadunidense; por lo que se ve con estas leyes secundarias, no se tomó en cuenta el equilibrio existente entre la oferta y la demanda audiovisual, ni hay la posibilidad de impulsar la producción de cine nacional y que pueda ser parte de esa oferta, para cubrir la demanda que se está generando.”
Coinciden en la trascendencia del cine nacional y lamentan que, de nueva cuenta, esta industria quede marginada en la normatividad de las telecomunicaciones.








