La Fonoteca Nacional, por el camino de la digitalización

La era digital reclama nuevos retos a la Fonoteca Nacional que a pasos va resguardando un patrimonio cultural del cual se desconoce aún su magnitud: El acervo sonoro del país bien podría estar en las radiodifusoras de los estados, las universidades, colecciones privadas e incluso en una caja de zapatos en el rincón del clóset de una familia.

Creada en diciembre de 2008 por Lidia Camacho, su actual directora y extitular de Radio Educación, la Fonoteca organizó a finales de junio pasado el Sexto Seminario Internacional de Archivos Sonoros y Audiovisuales, con el tema La democratización del patrimonio sonoro y audiovisual en la era digital. En él se reflexionó sobre temas como el aprovechamiento educativo y cultural de los archivos sonoros y audiovisuales y las políticas de digitalización de archivos audiovisuales y fílmicos, entre otros.

En su sede, la antigua Casa de Alvarado, en Coyoacán, donde vivió el poeta Octavio Paz sus últimos días, Camacho explica que el origen del seminario, hace ya 13 años en Radio Educación, fue “concientizar a la gente de la importancia de conservar un patrimonio tan frágil como el sonoro”.

Recuerda que el primero de ellos se orientó a la capacitación de personal para realizar procesos de conservación y digitalización, un tema para entonces desconocido en México. Vinieron expertos de diversos países, congregados en instancias como la Asociación Internacional de Archivos Audiovisuales, la Federación Internacional de Archivos de Televisión y la Federación Internacional de Archivos Fílmicos, que diseñaron un seminario con tópicos básicos sobre la preservación del patrimonio sonoro, audiovisual y fílmico.

Este año se quiso avanzar en la reflexión para analizar de qué manera, con el uso de las nuevas herramientas tecnológicas, se puede dar mayor difusión al patrimonio que se ha venido digitalizando en la Fonoteca:

“Cómo democratizar este trabajo que nos ha costado tiempo, dinero y esfuerzo para darle acceso al mayor número de personas”, explica Camacho.

En el último encuentro, en el cual participaron especialistas de varios países, como Austria, Bélgica, Colombia, Chile, España, Estados Unidos, Reino Unidos y Suiza, se presentaron diversos proyectos, como el de la Fonoteca Itinerante, mediante el cual se descargó parte del material digitalizado en las 720 mil tabletas que la Secretaría de Educación Pública repartirá en cinco entidades del país en el próximo ciclo escolar.

Podrán escucharse ahí joyas de la Fonoteca Nacional, como las voces de Porfirio Díaz, Carlos Monsiváis o José Emilio Pacheco; programas emblemáticos, como el de la llegada del hombre a la Luna o el Doctor I.Q.; comerciales, como el del chicle maya, que fue el primero de la radio comercial, o el del detergente Fab Limón; radionovelas, como Chucho el Roto, y series, como La Tremenda Corte.

Otro proyecto terminado por la institución es la Red de Fonotecas Virtuales, a través de la cual en diferentes partes del país se tiene acceso al acervo ya digitalizado a través de la llamada “Nube”. Se puede solicitar también información sobre los acervos materiales no digitalizados, explicando los propósitos, y entonces la Fonoteca los digitaliza y los envía al solicitante.

Se le pregunta si no hay riesgo de que al disponer con tal facilidad del acervo de la Fonoteca en la red se utilice con fines ajenos a los de la institución, por ejemplo el lucro. Explica entonces que se ha puesto en terminales de instituciones públicas como fonotecas estatales, centros de investigación, universidades e instituciones de cultura. Además es necesario registrarse y tener una clave de acceso. Porque si bien se desea estar en todo el país, sí es necesario un control.

A pregunta expresa sobre el riesgo de que empresas como Google se apropien de algún modo del material, un debate que se da en países que, como los europeos, están en contra de que sea ésta la plataforma para la difusión de contenidos culturales, aclara:

“Sí, hay esas dos miradas al subir los acervos. Ésta es una nube privada, no tiene nada que ver con Google ni con YouTube ni nada, y nosotros tenemos la custodia de nuestros acervos; en el momento en que decidamos bajarlos de esa nube, lo hacemos.”

El acervo sonoro del país comprende bienes materiales y los ya digitalizados.

–¿Cuál es el avance en su conservación –se le pregunta a la funcionaria.

Responde que en primer término se desconoce cuánto material existe en el país, el número exacto de soportes y dónde se encuentran. Hay en estaciones de radio, con coleccionistas y hasta familiares.

Le han ofrecido materiales a la Fonoteca instancias como la XEW, que ha sido una de las radioemisoras más importantes, Radio UNAM y coleccionistas privados.

“Por fortuna tenemos un acervo representativo del país, pero siempre estamos aprovechando todos los espacios para convocar a quienes tienen materiales que quieran compartir y valgan la pena por su rareza, valor histórico o documental, que nos lo hagan saber y nosotros apoyamos sus procesos de digitalización.

“¿Cuánto nos falta? No lo podemos saber, pero en la medida en que el público se acerque a nosotros y podamos hacer una valoración de sus colecciones, será bueno.”

La más reciente donación en este sentido es la de Álvaro Gálvez y Fuentes, El Bachiller, entregada por su hijo, “y estamos seguros de que vamos a encontrar joyas.

“Así, poco a poco se va creando conciencia de que estos materiales y soportes forman parte de nuestra identidad, nos identifican como mexicanos, dan cuenta de nuestra cultura, de un periodo determinado de nuestra historia, y ojalá podamos recibir un mayor número de donaciones.”