El director del Centro Nacional de las Artes, Álvaro Rodríguez Tirado, a dos décadas de su inauguración (y apenas concluido el Seminario Arte y Ciencia: Terapia y Pathos en el Arte), hace un balance para asegurar que se trata de un proyecto social que ha alcanzado impacto en todo el país, no obstante los claroscuros de los dos sexenios panistas. Y ahora que está de vuelta en el puesto, considera también que aunque ha habido inyección de recursos, su infraestructura arquitectónica “de fábula”, muy demandante, debe ajustarse con el mantenimiento en general.
Inaugurado a toda prisa en los últimos días del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, luego atravesado por los claroscuros de los gobiernos panistas, el Centro Nacional de las Artes (Cenart) cumplirá sus 20 años el próximo noviembre, conducido de nuevo por su director fundador, Álvaro Rodríguez Tirado, quien se propone reencauzar los propósitos iniciales de esta institución que se vislumbró como la gran universidad de las artes.
En su oficina ubicada en la planta baja de la Torre de Investigación, el doctor en filosofía por la Universidad de Oxford y exministro para Asuntos Culturales en la Embajada de México en Estados Unidos, hace una evaluación de estas dos décadas y habla de los retos para los próximos años.
En su valoración sobre el impacto que el Cenart ha tenido en el desarrollo de la cultura y en el ámbito mismo de la vida nacional, Rodríguez Tirado no duda en considerar que es “a todas luces determinante en el curso del arte y la cultura en nuestro país”. Pero admite también, “con toda honestidad y verdad”, que a lo largo de estos 20 años hubo luces y sombras, y años mejores que otros:
“Desgraciadamente, por razones que me rebasan, hubo periodos donde tuvo dos, tres o cuatro directores generales. Eso era una clara muestra de que no había una orientación y un rumbo claro a seguir para el centro por parte de las autoridades del Conaculta (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes).”
Durante el sexenio de Vicente Fox estuvieron al frente del Cenart: Martín Díaz y Díaz, quien falleció a los pocos meses de su nombramiento; Lucina Jiménez, quien renunció al cargo para terminar su doctorado en antropología, aunque versiones extraoficiales hablaron de un desencuentro con la entonces presidenta del Conaculta, Sari Bermúdez. Moisés Rosas quien estuvo como interino, hasta que lo sustituyó Benjamín Juárez Echenique, que llegó mediante un concurso del Servicio Profesional de Carrera.
Juárez Echenique se hizo cargo los primeros años del sexenio de Felipe Calderón. En 2009 lo reemplazó Roberto Vázquez, quien enfrentó un escándalo por desvío de recursos etiquetados para el mantenimiento del Cenart, y en 2012 al ser nombrado secretario del Conaculta lo suplió Víctor Manuel González Esparza.
Todos estos cambios provocaban desconcierto en la gente, que comenzó a trabajar de manera aislada cuando uno de los propósitos del centro es lograr la interdisciplina y la integración entre educación, investigación y creación artística:
“No quiero exagerar y decir que durante estos 20 años estuvo totalmente desmembrado, pero hubo unos años mejores que otros, por lo que hace a la integración de esas actividades del centro y por lo tanto en su impacto.”
Menciona como uno de los logros la creación de 25 centros de las artes en toda la República. Entre ellos pueden mencionarse los de Ensenada, Mexicali, San Agustín Etla, el Regional de las Artes de Michoacán, el de Arte y Nuevas Tecnologías de San Luis Potosí, el de Formación y Producción de Artes Gráficas La Parota en Colima, el Veracruzano de las Artes Hugo Argüelles, y el de Formación y Producción Coreográfica de Morelos.
Los considera muestra del impacto nacional del Cenart, pues fueron creados a imagen y semejanza de éste: Todos tienen como pilares de su acción la formación académica, la promoción artística, y centros multimedias y de altas tecnologías cuyas actividades abarcan todas las artes.
Algunos son pequeños, otros grandes, enfocados a cierta actividad, como el de gráfica de La Parota, cuyos grabados se han presentado ya en exposiciones fuera del país, o diversos, como el de San Agustín Etla, en Oaxaca, “donde está una máquina como reactor nuclear que inyecta toda la energía que es Francisco Toledo”.
Ciencia y arte
El 19 y 20 de junio pasado se llevó a cabo en las instalaciones del Cenart el Seminario Arte y Ciencia: Terapia y Pathos en el Arte, cuyo propósito central fue reflexionar sobre los vínculos entre arte y ciencia como dos ámbitos con las fronteras cada vez más difusas. La conferencia inaugural Art as Therapy estuvo a cargo del doctor suizo Alain de Botton, y entre los participantes pueden mencionarse al pintor Emiliano Gironella, al escritor Jorge Volpi y al doctor en medicina Adolfo Martínez Palomo.
Se le pregunta a Rodríguez Tirado si luego de que se concibió como un espacio para la interdisciplinariedad y la relación entre los ámbitos académico, de investigación y profesional, se ha logrado realmente cumplir con esos propósitos, y entonces la idea de abordar la relación entre ciencia y arte anuncia una nueva etapa.
Recuerda que la primera vez que estuvo al frente del Cenart le tocó promover la excelencia y una cultura integral para los alumnos de las diferentes disciplinas artísticas y aprovechar en ello las nuevas tecnologías instaladas en el Centro Multimedia, pero admite:
“Sería quizá demasiado pretencioso de mi parte decir: ‘Ya logramos la transdisciplinariedad’, como les gusta llamarla ahora. Lo que sí quiero decir es que el esfuerzo se llevó a cabo y tuvo sus éxitos, tuvo sus luces y sus sombras, pero hubo un empeño que fue bien recibido por la comunidad y por las mismas generaciones.”
Fue necesario porque no se podía seguir formando a los futuros artistas como se venía haciendo desde hace 50 años. El profesor que lo haga, advierte el funcionario, se quedará sin alumnos porque éstos sentirán que no se les está preparando para asegurarse una fuente de trabajo y estimular su creatividad. Y si en una primera etapa fue la formación interdisciplinaria, ahora es multidisciplinaria por su relación con la ciencia:
“Un artista el día de hoy debe tener una concepción y debe entrarle a cuestiones de biología molecular, de física, teoría de autómatas, de inteligencia artificial, de robótica. Y es donde empezamos a cruzar la cuestión de nuevas tecnologías con el Centro Multimedia, en donde tenemos un taller de gráfica digital, un taller de realidad virtual, uno de robótica, de imagen fija, en movimiento, etcétera.”
Desde hace 20 años, añade, se emplean en ese centro tecnologías de punta aplicadas a las manifestaciones artísticas: Realidad virtual, por ejemplo, para estudiantes de danza.
Conviene recordar que el Cenart alberga las escuelas nacionales de Arte Teatral; de Danza Clásica y Contemporánea; de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda; la Escuela Superior de Música (el Conservatorio Nacional no aceptó trasladarse); la Escuela de Capacitación Cinematográfica.
Las actividades que se ofrecen en el Centro Multimedia no forman parte de los planes de estudio oficiales. Son extracurriculares, ya que por ley la educación formal está a cargo del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Lo que ofrece el Cenart es una “suerte de extensión académica” y está abierto tanto a estudiantes de educación formal como al público general.
A decir de Rodríguez Tirado, la falta de marco jurídico del Conaculta, tema cuestionado desde su creación, no afecta el desarrollo académico del Cenart, ya que si éste no tiene facultades para certificar estudios, lo hace el INBA, y el Cenart reconoce sus cursos, talleres y actividades extracurriculares.
Retos
El escándalo mediático en el cual se vio involucrado Roberto Vázquez por un supuesto desvío de 45 millones de pesos destinados al mantenimiento, denunciado por el pintor Agustín Portillo, no fue el único asunto que evidenció el abandono de la infraestructura del Cenart. Juárez Echenique habló también en su momento de falta de recursos suficientes.
Se le pregunta a su director cómo recibió el centro después de 12 años de gobiernos panistas. Antes de responder reitera que hubo buenos años y otros no tanto y se dispersaron las acciones y actividades, y recuerda que el centro se hizo “bajo la égida” de Rafael Tovar y de Teresa (quien presidió el Conaculta durante el gobierno de Salinas de Gortari, luego con Ernesto Zedillo y repite con Enrique Peña Nieto):
“Ahora que él está de regreso y me dio la oportunidad de estar otra vez, se está retomando la concepción original, pero también –debo decirlo– recogiendo frutos que sí se lograron en 20 años. En particular se echaron a andar esos 25 centros de las artes de los estados.”
Entonces indica que ha sabido de las críticas por falta de mantenimiento, y asegura que retomó el centro “en buenas condiciones, aunque, ciertamente, siempre hay aspectos que mejorar. Hubo problemas de goteras, en algunos casos bastante serias, en los baños, detalles pequeños y otros no tanto, que se iban atendiendo”, pero si ocurrían en el momento en que se estaba cambiando de director pues el asunto empeoraba.
El punto es que, aunque ha habido inyección de recursos, este tipo de infraestructuras –que “son de fábula, la expresión de arquitectos de renombre internacional, como Ricardo Legorreta, Teodoro González de León”– son muy demandantes de recursos. Debe lograrse entonces que los ajustes necesarios sean respetuosos de su arquitectura, y al mismo tiempo realizar el mantenimiento.
Desde su origen hubo cuestionamientos al proyecto y una queja constante de los investigadores que tienen sus cubículos en la Torre de Investigación, creada por Legorreta, por la falta de espacio para los expedientes y documentos propios de su tarea.
El director dice que esas críticas no le preocupan, porque donde hay “gente pensante” habrá aspectos que se celebren y otros que se critiquen. Asegura que cuando las críticas están justificadas las considera, pero en el asunto de los expedientes han sido los investigadores quienes tienen un celo respecto de dónde quedará su material de trabajo.
Y evoca que uno de los problemas antes de inaugurar el centro fue la reticencia de algunas escuelas a mudarse, pese a que se les brindaban instalaciones “que no podían haber pedido ni en sus sueños más enloquecidos, una estructura de Legorreta a cambio de una casa improvisada en la colonia Guerrero para ‘La Esmeralda’, era mucha la diferencia, y aun así había resistencia porque se generan hábitos y es difícil romperlos”.
–Quizá en aquel momento se veía no como el cumplimiento del sueño de alumnos y maestros, sino el de Salinas de Gortari, o quizá hasta su imposición para crear un proyecto con el cual él quería trascender.
–No, no, a mí no me preocupa esa crítica a Salinas de Gortari que me trae usted 20 años después.
Relata que en aquel momento se hizo una investigación hemerográfica sobre la creación del Museo Nacional de Antropología y el Campus de la UNAM y hubo mucha crítica porque consideraban que eran faraónicos, la pretensión de un político que quería trascender, cuando a la vuelta de los años el museo es uno de los lugares más importantes del país y aun del mundo.
–No faltará quien le diga que con Adolfo López Mateos (quien mandó construir Antropología) hubo un proyecto social y con Salinas de Gortari no.
–¿Pero por qué no habría un proyecto social? ¿Qué entendemos por proyecto social si se trata de impactar la educación artística? Estamos impactando la educación, que probablemente es el tema más importante de la República Mexicana en el ámbito que nos corresponde a nosotros, que es el de la educación artística.
“Nosotros creemos que este proyecto es social por excelencia, ¿por qué no verlo así? ¿Qué se opone a verlo como un proyecto social? ¿Qué es un proyecto social comparado con la creación de un centro de las artes de la más alta calidad y del cual han surgido en toda la República algunos similares? ¿Qué más social que eso?”
–¿Cómo impacta esto en el ciudadano común y en la educación en general, no sólo la artística?
–Claro, impacta en que estamos capacitando a los maestros que se van a ir a todas esas escuelas de la República y que van a hacer algo de calidad y de actualidad.
“Ya pasó la Guerra Fría, que si estábamos en la educación socialista, marxista-leninista, capitalista… eso ya no existe, ¡por Dios! Tenemos un problema de justicia y de equidad en todo el mundo, es cierto, pero tenemos que ponernos de acuerdo en cuáles son las mejores estrategias para generar riqueza. Y el arte colabora en todas estas discusiones y con las ciencias, por duras que éstas sean, en la medida en que prevalezcan el diálogo, la reflexión, no los sentimientos y pasiones.”
Señala que en su nueva gestión tiene como retos consolidar la excelencia académica y el aprovechamiento de las plataformas digitales para ese fin. Además, en la vertiente de difusión artística, ofrecer actividades de la más alta calidad, y a través de las nuevas tecnologías poner la señal para que todo el país, probablemente el mundo, tengan acceso a ellos.
“Y que el centro se convierta en un espacio de encuentro de mentes brillantes para discutir los temas que están en la agenda, no nacional, sino internacional. Para muestra un botón: en el seminario que acabamos de tener estuvo gente de primera línea discutiendo un tema del momento: El arte y la ciencia y cómo se han diluido sus fronteras.”








