El lunes 23 murió en un consultorio-clínica situado en el fraccionamiento Colonial de Tlaquepaque, Carla Flores Castillo, luego de que se le suministró la anestesia aparentemente sin seguir los protocolos adecuados. Tenía 34 años y se iba a someter a una liposucción. Según el médico que la atendió, Óscar Macías Parada, se le aplicó el fármaco correspondiente pero la paciente entró en shock. El presunto responsable quedó en calidad de detenido. El fallecimiento de Carla Flores ocurrió 24 horas después de que médicos, estudiantes de medicina, enfermeras, familiares y sus amigos se manifestaron por las calles de Guadalajara frente a las instalaciones de la PGR con una demanda central: que se despenalice la praxis médica en caso de negligencia, y en solidaridad con 16 profesionistas del ramo que tienen órdenes de aprehensión por su presunta responsabilidad en la muerte del menor Roberto Gallardo en enero de 2010 en Pediatría del Centro Médico Nacional de Occidente del Seguro Social. No por casualidad, el viernes 20 vino a Guadalajara el director general del IMSS para brindar su apoyo total a la anunciada marcha, pues sobre la institución pesan, además de esta orden judicial, distintas quejas ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos por desatenciones, tratos indebidos y negligencias médicas que luego han derivado hacia la Comisión Nacional de Arbitraje Médico (Conamed). En ese organismo, las quejas generalmente chocan con roca, pues casi nunca son resueltas satisfactoriamente para los pacientes o sus familiares. En declaraciones previas a la marcha, la Asociación Médica de Jalisco se pronunció por liberar de cualquier responsabilidad penal a los de su gremio, concretamente porque se despenalice cualquier acción de este gremio; es decir, quieren un estatus especial. Eso es tanto como exigir impunidad sin importar falta o hasta posible delito. ¿Cómo querer impunidad para quienes por negligencia personal, institucional o ambas cosas no atienden debidamente a un enfermo? Ciertamente, los médicos no son Dios para curar milagrosamente, pero si un humano tiene en sus manos la salud, la enfermedad o la muerte –pues el individuo no es un objeto o máquina–, es el mismo galeno el que debe poner todo su esfuerzo en ello, pero también el Seguro Social, los centros de salud o los hospitales civiles, aportar su parte; el instrumental y los medicamentos indispensables. Claro que hay muchos médicos que se esmeran hasta donde sus conocimientos y fuerzas alcanzan, pero hay otros –y cada vez son más, desgraciadamente– a quienes no les interesa cumplir a pie juntillas con el mandato de Hipócrates.
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Por cierto, una alumna del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara comentaba recientemente que un maestro les dice que cuesta tanto esta carrera que, una vez en el ejercicio profesional, “tienen que cobrar, y bien”. Y que nada de pensar en servicio social o servicio a los demás ni en caridades. ¡Hasta dónde hemos llegado! Cada día hay mayor insensibilidad hacia el enfermo; y vale, en la medicina privada al menos, la medida de sus recursos económicos. Eso por un lado; por el otro, en cuestión de instancias de salud pública, su actividad está casi totalmente politizada. Quienes dirigen los nosocomios o centros de salud son precisamente los favorecidos del gobernante en turno, sin importar la preparación y disposición de servicio de aquel que debe ser “servidor” de la sociedad. Baste echar un vistazo a los médicos políticos que asistieron a la manifestación. No faltaron priistas pero tampoco panistas ni perredistas.
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Por otra parte, una paciente del IMSS me comentaba la semana pasada que le perdieron su expediente en el Seguro Social. En confianza, su especialista le informó que eso está sucediendo ahí desde hace tiempo. Las personas que no acuden a consulta durante algunos meses tienen ese problema porque hay la orden de depurar expedientes. ¿Pero cómo va uno a acudir con más frecuencia al especialista del Seguro si para una cita tardan más de medio año”, lamenta la afectada.
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Usuarios de la Ruta 13 de pasaje urbano se quejan porque desde hace tres meses los concesionarios recortaron a la mitad su recorrido. Antes, las unidades iban de Tesistán, en Zapopan, hasta la colonia Jalisco, en Guadalajara. Ahora sólo cubren el trayecto por el Periférico hasta Federalismo. Esto implica al pasajero pagar doble, afirma Jesús González Aldrete, uno de los afectados.
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