Señor director:
Vemos en las noticias que los narcos de Tamaulipas hacen desde hoy realidad la promesa de nuestro gobierno de bajar el precio del petróleo a menos de la mitad. Claro que no les cuesta, y por eso lo malbaratan, pero ¿acaso a nuestros corruptos les cuesta desperdiciar tanto hidrocarburo malversado a lo largo de 75 años, haciéndonos pensar que el petróleo es nuestro, aunque sus beneficios jamás han llegado a la población?
Siempre he pensado que acabar con la última esperanza de los mexicanos, sus vastos recursos de hidrocarburos, tiene que ver con la corrupción.
Sugiere el Jefe Diego (el verdadero jefe es Salinas, como diría El Peje) que los mexicanos nos hagamos socios de Pemex y que sería loable que el gobierno promoviera e hiciera realidad ésa que no es más que una quimera, como ya lo han sugerido antes otras voces. Pero pregunto: ¿No es esto acaso una burla de los que ostentan el poder político y económico, quienes bien saben que a más de la mitad de los mexicanos no les alcanza tan siquiera para el sustento diario, menos para hacerse socios de Pemex?
Está claro que la idea de Peña Nieto de abaratar luz y gasolina con sus cacareadas reformas es una más de las vaciladas de los diferentes gobiernos para distraer enconos y protestas de tantos millones que opinan diferente.
También ¿se deben admitir como “legales” esas reformas que no representan el pensar de más de la mitad de nuestra población? Está demostrado que el PRI y el PAN juntos no obtuvieron más de 50% de la votación en las elecciones de hace dos años y, por consiguiente, responden a intereses aviesos de los poderes de facto y extraños a nuestro suelo.
¿Podrá decir alguien qué se ha recuperado del monto de los saqueos que panistas y priistas han hecho en los últimos 30 años?
La desilusión de los mexicanos aumenta a cada paso. Un ejemplo es que a un mandamás de Oceanografía se le da como preso en un palacete de Acapulco; luego se le consigna por delitos leves para que pueda recuperar su libertad. De seguro, Amado Yáñez es tan amado por el actual gobierno que éste prefiere no “hacer olas”, porque de moverle el tapete podría apestar más la cloaca que tanto afecta al país.
Otro ejemplo es el lamentable episodio de la guardería ABC de Hermosillo, respecto al cual nuestras máximas autoridades persisten en su silencio porque no quieren que surjan nuevos nombres de coludidos en tantos robos a las arcas nacionales, pues ya sabemos que por miles de millones de pesos se mandaron quemar los archivos del inmueble contiguo a esa guardería.
Atentamente
Pablo González Reynoso








