Fando y Lis ha sido una obra representativa del teatro existencialista identificado con el teatro del absurdo. Su autor español, Fernando Arrabal, reconoce influencias de Beckett y Asimov, y trae a la escena una obra que puede colocarse en cualquier época y en cualquier contexto. Su esencialidad humana respecto a las relaciones de pareja, las necesidades individuales, los impulsos que construyen o destruyen en la vida, el sadomasoquismo y tantas otras formas que se expresan en cualquier relación humana.
Emmanuel Morales adapta y dirige esta obra en el Círculo Teatral, protagonizada por María del Carmen Félix y Enrique Alguibay, tomando como punto de partida la tecnologización de las relaciones personales: sexo por internet, facebook, videos porno y la tablet como tablita de salvación para el vacío del ser y el miedo al otro.
Fernando Arrabal elige la imagen de dos seres incapacitados: ella es inválida y él es el hombre del carrito. La imagen propuesta implica ya una interpretación desvalida del ser humano y la dependencia destructiva a pesar del amor; una visión pesimista que nos hunde en la desesperanza, aunque ambos personajes estén en constante búsqueda. Los personajes de Arrabal buscan salir del sinsentido, y en la adaptación de Morales esta búsqueda se enuncia con énfasis más en la palabra que en la concreción de ésta.
La obra Fando y Lis de Arrabal, gracias a su sentido universal, puede ser llevada a escena desde múltiples perspectivas, de una visión inocente y pulcra de los amantes hasta una concepción violenta y provocativa. La propuesta de Emmanuel Morales corresponde a esta segunda acepción, tomando al texto del autor como un simple pretexto para mostrar su punto de vista. La adaptación elige sólo unos cuantos diálogos y construye la relación con base en acciones físicas e imágenes de video. Muchas veces estas visiones hacen que se pierda la atención de lo que está ocurriendo en escena, aunque la sugerencia es poderosa.
En la puesta en escena con las interpretaciones de María del Carmen Félix y Enrique Alguibay, el sexo casi explícito que se desarrolla entre sus personajes es de gran verosimilitud y violencia, muy bien resuelto por el director y las interpretaciones. Los actores realizan un asertivo trabajo donde el cuerpo tiene una gran expresividad. A pesar de que sus técnicas actorales no llevan a la interioridad emotiva del personaje, la proyección que los actores dan a su personaje es de gran efectividad. Impacta el dolor y la energía vital que ella manifiesta y la agresión silenciosa y la técnica acrobrática de él.
El manejo del espacio del director es muy dinámico y resuelve las situaciones con cuantos elementos van cobrando significado a lo largo de la obra: una silla, un baúl y una tablet. Anexa una escena de clown y momentos graciosos, aunque lo que prevalece es la violencia.
La metáfora de Fernando Arrabal en esta obra escrita en los cincuenta, es la búsqueda de la felicidad de estos dos personajes para encontrar la paz. Quieren llegar a un país “imaginario”: Tar, como forma de concretar su ideal. El objetivo, por supuesto, no se cumple y sus deseos se enredan en los vínculos afectivos que los destruyen. El Fando y Lis que este martes cierra temporada en el Foro del Círculo Teatral, resalta la acción sobre la palabra y hurga en la expresión sexual como forma más de dominio y placer que de amor.








