Detrás del violento conflicto entre Moscú y Kiev, envuelto en posturas nacionalistas, en discursos políticos prorrusos y proeuropeos, parece no haber nada más que intereses comerciales. Ucrania es un país estratégico en lo que respecta al comercio del gas ruso hacia Europa. Las grandes multinacionales petroleras están librando en la república exsoviética una guerra por el control del mercado del gas.
La explosión, el martes 17, en un ducto ucraniano que transporta gas ruso simboliza la crisis de las relaciones entre Moscú, Kiev y la Unión Europea (UE), luego de la decisión de Rusia de suspender –a partir del lunes 16– el suministro del combustible a Ucrania.
En la capital ucraniana el gobierno se disponía a declarar el estado de emergencia energética y la UE teme que la nueva disputa afecte la provisión de gas el próximo invierno, como ha sucedido varias veces en la última década.
Alexei Miller, director ejecutivo de Gazprom, el monopolio ruso del gas, dijo que los ucranianos quieren “chantajear” a Rusia para obligarla a vender el gas a un precio menor; agregó que Ucrania recibió desde comienzos de este año un volumen enorme de gas para sus depósitos y se niega a pagar la deuda acumulada en los últimos meses, de 4 mil 400 millones de dólares. “Hoy tiene más de 12 mil millones de metros cúbicos de gas acumulados y nos debe 11 mil 500 millones de metros cúbicos”, señaló.
Para el primer ministro ucraniano, Arseni Yatseniuk, se trata de “un plan general ruso para destruir a Ucrania”.
En diciembre de 2013 Rusia concedió a Kiev una reducción del precio del gas hasta 268.5 dólares por cada mil metros cúbicos, luego de que el presidente Víctor Yanukovich suspendiera la firma del Tratado de Asociación con la UE; pero tras la destitución del mandatario el pasado 22 de febrero, Gazprom canceló la rebaja y aumentó el precio a 485 dólares.
En las actuales negociaciones, la empresa rusa ofreció reducir el precio a 385 dólares siempre y cuando Ucrania girara al menos mil 950 millones de dólares de la deuda acumulada.
Kiev, con apoyo de la Comisión Europea, propuso pagar sólo mil millones, dividiendo el resto en seis cuotas, y no aceptó el descuento de 100 dólares, porque exige modificar el contrato firmado con Gazprom para que la rebaja no dependa de la buena voluntad del gobierno en turno. El conflicto está ahora en manos del Tribunal de Arbitraje de Estocolmo.
No parece coincidencia que esta nueva fase de la disputa surja en vísperas de la firma –el viernes 27– de la parte económica del acuerdo de asociación entre Ucrania y la Unión Europea, la misma que Yanukovich suspendió en noviembre.
Duro invierno
Ucrania importa de Rusia casi la mitad del gas que utiliza. Por el momento la suspensión del suministro no tiene consecuencias pues es verano y, como señaló Andrei Koboliov, presidente de la compañía ucraniana de gas Naftogaz, en los depósitos subterráneos quedan 14 mil millones de metros cúbicos, lo cual permitiría aguantar hasta entrado el otoño.
Pero si no se resuelve el problema, las consecuencias serán graves.
El especialista Oleksiy Leschenko, del Instituto Gorshenin, dice a Proceso desde Kiev que las necesidades de consumo de la población se cubren con el gas producido por Ucrania: alrededor de 21 mil millones de metros cúbicos por año y a un precio muy bajo, máximo de 100 dólares.
“El gas importado va a la industria y a la energía para la calefacción, pero es un gas caro, subsidiado por el Estado a las empresas, las cuales lo reciben barato y pueden después competir en el mercado mundial, como la industria química”, explica.
El problema, según Leschenko, es que “Ucrania debería importar gas todo el año, porque el precio se forma en función del precio del petróleo con nueve meses de retraso, y en verano es el mejor precio; si ahora no se recibe, esto no va a alcanzar en el invierno”.
La fecha límite, según expertos, es el 15 de julio: “Si no empezamos a llenar los depósitos antes, no vamos a estar listos para la estación de calefacción. Este es un punto de no retorno, porque lo que tenemos no alcanza, ni siquiera ante la perspectiva de que nos envíen gas desde Eslovaquia”, dijo Valentin Semlianski, exfuncionario de Naftogaz, en una entrevista publicada por el diario electrónico Vesti.
Naftogaz pidió a la Comisión Europea aumentar la venta desde Eslovaquia del gas que Rusia provee a Europa, pero se trataría de un volumen pequeño que no estaría en condiciones de compensar los envíos rusos.
Por otra parte, los proyectos de construir terminales para importar gas natural licuado o los planes de producir gas no convencional “demorarán cinco años por lo menos”, según Leschenko.
Europa teme que se desate una nueva guerra del gas, como en 2006 y 2009, cuando ante la suspensión de las ventas de Gazprom a Ucrania, ésta apeló a las reservas que se dirigían hacia Europa, dejando a varios países, especialmente del sur del continente, sin combustible en pleno invierno.
Todos contra Rusia
Como en todos los litigios por petróleo o gas, detrás del conflicto Rusia-Ucrania se libra una batalla que trasciende las discusiones de precios y pagos y envuelve los intereses de la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia y de las grandes multinacionales petroleras por el control del mercado en el espacio exsoviético.
“Ucrania es el segundo consumidor de gas ruso, sólo superado por Alemania. Por eso hay que ver quién depende más, si Rusia de Ucrania o Ucrania de Rusia, porque Gazprom recibe 14 mil millones de dólares de nosotros y además depende de Ucrania, por donde pasan de 100 mil a 120 mil millones de metros cúbicos que van a Europa”, señala Leschenko.
“Por eso para Gazprom es muy difícil técnicamente frenar la provisión a Ucrania, porque tiene que enviar el gas a Europa, y si se detiene es posible una guerra del gas este invierno”, agrega.
Rusia provee 30% del gas consumido por Europa, la mitad del cual pasa por Ucrania en dos ductos: Hermandad y Unión.
Antes, cerca de 80% de las exportaciones a Europa pasaban por Ucrania, pero esta cifra cayó a 50% desde 2011, cuando se puso en marcha el gasoducto North Stream, que une directamente a Rusia con Alemania por debajo del mar Báltico.
Por eso tanto Europa como Rusia buscan caminos alternativos para evadir los conflictos en Ucrania. De allí surgió el proyecto South Stream, entre Gazprom y la italiana ENI, para construir un gasoducto por el mar Negro y Bulgaria, que atraviese Serbia, Hungría y Eslovenia; estaba proyectado para empezar a funcionar en 2015.
Desde un comienzo la Comisión Europea estuvo contra el proyecto, buscando rutas alternativas. Todas fracasaron. Para frenarlo, en diciembre de 2013 la Comisión Europea anunció que los contratos firmados por Gazprom con los países por donde pasará el gasoducto no están de acuerdo con las normas europeas, que exigen separar las empresas proveedoras de gas de las propietarias de los gasoductos, pues Gazprom es a la vez dueña de las rutas y proveedora.
Moscú alega que ese es un intento de impedir la construcción del gasoducto, pues los contratos fueron firmados antes de aprobarse las nuevas regulaciones europeas. Alega también que las legislaciones nacionales están por encima de las de la UE.
Por la presión de Estados Unidos y de la UE, el domingo 8 el primer ministro de Bulgaria, Plamen Oresharski, anunció la suspensión del proyecto South Stream y Serbia anunció lo mismo a renglón seguido.
Bulgaria había resistido las presiones para abandonar el proyecto, pero cedió tras la visita de tres senadores de Estados Unidos, entre ellos, el republicano John McCain, quien se destacó por su presencia en la Plaza Maidan en Kiev durante las protestas de fin de año contra el gobierno de Yanukovich y por su intensa actividad en el este de Europa en apoyo al gobierno de Kiev contra Rusia.
La decisión desató una crisis en el gobierno búlgaro: militantes del gobernante Partido Socialista criticaron la posición del primer ministro, pero la oposición proeuropea apoyó la suspensión.
Para Leschenko el principal problema del mercado ucraniano de gas es “su falta de transparencia. Tenemos un monopolio, Naftogaz, que se dedica a la importación, transporte y distribución, y esto le da posibilidad a distintos grupos de sacar dinero del presupuesto estatal. Un experto ruso dijo que todos los ricos de Ucrania hicieron sus fortunas con el gas”.
Kiev prepara dos proyectos: la emergencia energética, que facultará a Naftogaz a reducir la provisión de gas a empresas y a las encargadas de la calefacción en invierno, y el de la división y privatización de Naftogaz, que será partida en tres empresas para la producción, el transporte y el depósito.
Según el proyecto, 49% de estas empresas será entregado a las multinacionales extranjeras “que pertenezcan o sean controladas por residentes de la Unión Europea, Estados Unidos o la comunidad energética europea”, excluyendo de esa manera a Gazprom y colocando en manos de empresas europeas o estadunidenses el control de los gasoductos por donde deberá pasar el combustible ruso.
La creación de un nuevo operador de los gasoductos “nos dará la posibilidad de imponer nuevas condiciones al transporte del gas ruso. Esto permitirá detener la construcción de South Stream y dirigir todo el volumen que se planeaba desviar por South Stream a través de Ucrania, puesto que en esto estarán interesados en primer lugar los países de la Unión Europea”, señaló con toda claridad el primer ministro Yatseniuk el miércoles 18 durante la presentación del proyecto de ley.
Así, por la doble vía de frenar el proyecto de South Stream obligando a Gazprom a utilizar los gasoductos ucranianos, y privatizando la empresa transportadora, que quedará en manos de la UE y Estados Unidos, Occidente habrá logrado una importante palanca para presionar sobre una de las claves de la economía rusa: la venta de gas a Europa.
Además las petroleras occidentales ya han hecho varios avances en Ucrania. En diciembre Chevron firmó un acuerdo de 50 años para desarrollar proyectos de gas y petróleo en el occidente de Ucrania; y Royal Dutch Shell firmó un acuerdo para explorar el yacimiento de Yuzivska, en la región de Slaviansk, foco más sangriento del conflicto en la región del Donetsk, entre el gobierno de Kiev y los separatistas prorrusos.
Burisma, la mayor compañía privada de petróleo y gas de Ucrania, nombró a Hunter Biden, hijo del vicepresidente de Estados Unidos Joe Biden, en su junta de directores, de la cual también forma parte Devon Archer, exasesor del actual secretario de Estado John Kerry.
Ante la perspectiva de que la provisión de gas a Europa y Ucrania disminuya, Rusia y China firmaron a finales de mayo el “contrato del siglo”, para proveer a China con 38 mil millones de metros cúbicos anuales de gas durante tres décadas.
El contrato es por un valor de aproximadamente 400 mil millones de dólares, con un precio de los mil metros cúbicos de alrededor de 380 dólares, similar al que pagan los países europeos. Para cumplir el contrato, Gazprom deberá construir el gasoducto Fuerza de Siberia, que costará 55 mil millones de dólares y tardará por lo menos cuatro años.
Para Valentin Zemlianski, investigador del Centro de Economía y Relaciones Internacionales, “el gas es hoy, como nunca antes, parte de un gran juego político y por eso ni el presidente de Naftogaz ni el ministro de Energía de Ucrania pueden resolver el complejo de problemas, que van desde Crimea, la situación en el oriente del país, la cuestión de la cooperación industrial y del gas”.








