“El empresario” mozartiano

Si bien es cierto que la ópera es el espectáculo más completo que pueda encontrarse sobre escenario alguno en el planeta, también es el más caro. Por eso, varios de los productores independientes mexicanos optan por hacer versiones lo más económicamente posibles y/o escoger óperas de cámara que por su misma naturaleza requieren de montajes menos costosos.

Uno de estos casos es el realizado por Producciones Arándano, A. C. y Concertistas Internacionales, S. C., quienes presentaron El empresario, ese delicioso juguetito cómico de Wolfgang Amadeus Mozart en dos únicas funciones, los pasados viernes y domingo en el bello Teatro de la Ciudad, Esperanza Iris.

El argumento (libreto de Gottlieb Stephanie) es bien sencillo pero, curiosamente, mantiene tal actualidad en cuanto a las decisiones burocráticas por un lado y los “divismos” de los cantantes por otro; fácilmente se le pueden hacer adaptaciones que, manteniendo toda la esencia y forma del original, nos sitúen en el contexto actual. Y, esto fue, acertadamente, lo que hicieron Óscar Tapia en  su  adecuación  del libreto y en la dirección escénica, y Marivés Villalobos en la producción ejecutiva.

Tenemos así un empresario que, a piano solo, mantiene todo el sabor y época de la creación mozartiana pero con pequeños y graciosos (algunos elementales) gags que, por conocidos, gustan al público.

La historia nos cuenta que un empresario quebrado, Don Escrúpulos, es nombrado director del Teatro de la Ópera pero no se le asigna presupuesto; en su ayuda acude un empresario particular, Don Ángel, quien se compromete a financiar la temporada a cambio de que en los papeles estelares figuren sus dos “protegidas”, las sopranos Madame Corazón y Trino de Plata quienes, como buenas divas, pretenden imponer sus condiciones sin importar si éstas demeritan la calidad. Un quinto personaje, Señor Buff, mil usos del teatro y con pretensiones de cantante, es el pivote sobre el que se desarrollan las acciones.

Buena puesta en escena en la que Tapia no se mete a recovecos y resuelve, simpáticamente, con lo que tiene (ya dijimos: a piano, no con orquesta, un par de telones y unos cuantos trastos de utilería y un muy buen vestuario). El empresario descansa, como no puede ser de otra manera, en el trabajo de los intérpretes en donde, necesaria y justicieramente, debe destacarse el de Armando Gama (Monsieur Buff), barítono de amplias tablas que, por mucho, sobrepasa a sus compañeros, los actores Carlos Felipe López (Don Escrúpulos) y Mauricio Esquivel (Don Ángel), y las señoritas Karla Muñoz (Madame Corazón) y Citlali Carrillo (Trino de Plata).

Los cuatro muestran su inmadurez escénica tanto en lo actoral como en lo vocal y esto, claro, hace que el concepto de dirección (si bien no en todos los momentos) esté acorde con su realización. No obstante ello, la puesta en escena de esta bella y piccola ópera de Mozart resulta plenamente disfrutable, en buena medida gracias al joven ejecutante, Abd El Hadi Hillen.

Es deseable que esta obra pueda reponerse muy pronto y, se me ocurre, un lugar ideal podría ser el Salón de los Reyes del Casino Español que, por su construcción, daría una ambientación natural.