Fujimori vs Fujimori

El expresidente Alberto Fujimori –quien enfrenta un nuevo juicio por desvío de recursos públicos– observa desde la cárcel cómo empieza a perder influencia dentro de su partido, Fuerza Popular. Lo curioso es que su propia hija, Keyko, se ha convertido en su gran rival político; es ella quien le está arrebatando el control de sus huestes. Como en una tragedia griega, a Keiko –quien se perfila como candidata presidencial– le es más útil tener al padre en la cárcel, consideran analistas.

LIMA.- El expresidente peruano Alberto Fujimori (1990-2000) se muestra inquieto en el penal del este de Lima en el que cumple varias penas de prisión por actos de corrupción y por graves violaciones a los derechos humanos, incluidas dos matanzas.

El motivo de sus tribulaciones no parece ser tanto el nuevo juicio que se lleva a cabo en su contra por el desvío de dinero público a varios periódicos a cambio de que hiciera propaganda a favor de su nueva reelección en el año 2000 y de paso realizar una campaña de calumnias y desprestigio contra sus rivales políticos.

En realidad, lo más preocupante para él es la progresiva pérdida de influencia en su propio movimiento político, encarnado en el partido Fuerza Popular, y porque ve que ya nadie, ni siquiera desde esta organización, presiona para que sea puesto en libertad.

Lo curioso es que su gran rival interno, quien le arrebató el control del fujimorismo y lo está haciendo menos radical y más aceptable democráticamente, es ni más ni menos que su primogénita, Keiko Fujimori.

Él cayó en desgracia en 2000, cuando se hicieron públicas las grabaciones realizadas por su hombre de confianza y jefe de los servicios secretos peruanos, Vladimiro Montesinos. Ello mostró que su gobierno había sumido al país en un marasmo de corrupción. Fujimori renunció al cargo por fax desde Japón, aprovechando que el escándalo lo agarró en un viaje oficial. Después de eso, el fujimorismo se sumió en un periodo de ostracismo.

En 2011, sin embargo, dicho movimiento se quedó a las puertas de regresar al poder. Keiko quedó a tres puntos porcentuales de distancia de Ollanta Humala en la segunda vuelta de los comicios presidenciales.

El repudio al autoritarismo y a la corrupción del gobierno de Fujimori resultó entonces ser mayor que el apoyo que todavía tiene en un porcentaje importante de la población y fue un factor decisivo en el triunfo de Humala.

Desde entonces, la heredera del legado fujimorista intenta cambiar a Fuerza Popular para vencer dichas reticencias y ganar la próxima elección presidencial en 2016. No obstante, algunos analistas coinciden en que para ello tiene que alejarse de los postulados de su padre. Y eso es lo que éste, quien intenta por todos los medios mantener su influencia en la política nacional, no termina de asumir.

El politólogo Carlos Meléndez asegura que la heredera de Fujimori “está institucionalizando el partido. Está haciendo cosas que su padre nunca hizo: un partido político organizado, autónomo del Estado, enraizado en la sociedad, con procesos de democracia interna, trabajando con ONG’s democráticas en temas de cooperación internacional, tratando de hacer talleres de formación de líderes…”.

Por su parte, el analista Carlos León Moya considera que Keiko pretende llevar a Fuerza Popular hacia el centro. De hecho, puntualiza, ya lo intentó en las elecciones de hace tres años: “Hábilmente pide perdón por los errores del padre y jura que no lo va a amnistiar”. El problema es que “eso, para el resto de los fujimoristas, es una traición”, por lo que “a nivel de base tenía mucha oposición, pero también tenía mucha oposición arriba, la oposición del papá y de los albertistas fuertes”, dice.

Con todo, coinciden ambos analistas, en la actualidad Keiko controla políticamente al fujimorismo y redujo a una minoría al núcleo más duro, el de los albertistas más recalcitrantes.

“Cada vez más la balanza se inclina a favor de Keiko Fujimori y el trabajo y la formación del partido es distinto”, sostiene Meléndez. “No es este partido clientelar que utilizó el aparato del Estado para comprar votos. Es un fujimorismo distinto, muy pragmático, con una ideología que viene de antes, pero más organizado y más técnico”, asegura.

“Tensiones internas”

Las elecciones regionales y municipales del próximo 5 de octubre han provocado tensiones internas entre Fujimori y su partido, en lo que algunos medios han querido interpretar como el inicio de una ruptura dentro del fujimorismo.

El pasado 4 de abril, en la víspera del aniversario del autogolpe de Estado que en 1992 dio El Chino (como se le conoce popularmente en Perú al expresidente), su abogado, William Castillo, anunció la creación de lo que supuestamente es un nuevo partido político: Avanza Frente Libertad.

Castillo indicó que este hecho no supone ninguna división dentro del fujimorismo. Si bien añadió que respalda la candidatura de Keiko para 2016, hasta ahora no queda claro cuál sería la función de la nueva organización, que todavía no está registrada oficialmente.

Diez días después, en la cuenta de Twitter del exmandatario que alguien maneja en su nombre desde fuera de prisión se subió una carta en la que criticó la designación de un candidato regional fujimorista que fue desaforado.

Y a principios de mayo pasado, durante las audiencias del juicio en su contra, comenzó a anotar nombres de políticos y a hacerlos visibles al enjambre de cámaras de video y de foto que tiene justo detrás en cada sesión. Rápidamente surgieron las elucubraciones sobre si estaba mostrando a posibles candidatos de su nuevo partido.

Cuando las magistradas encargadas de su caso le llamaron la atención por estas acciones, él se hizo el desentendido. “De una manera inopinada lo dejé en mi mesa sin darme cuenta que atrás había cámaras”, sostuvo con aire inocente, como si fuera posible no darse cuenta de la multitud de reporteros gráficos que cada semana se pelean por un buen lugar para poder grabar –detrás de una mampara de cristal– cada movimiento del exgobernante.

“A veces me encuentro no muy bien (…) estoy un poco desubicado, abro las hojas y las dejo allí. Y había una anotación, no sé cómo, que no tiene absolutamente nada que ver y de nombres que a mí me sorprendieron”, agregó.

Pero cuando la audiencia prosiguió su marcha, volvió a las andadas y apuntó en su libreta “maltrato”, “hipertensión” y el nombre de otra política, encargándose de que esté muy visible para las cámaras.

Desde que comenzó el nuevo juicio, en octubre pasado, Fujimori cambió su estrategia hasta entonces desafiante y se ha mostrado como un anciano enfermo, con el objetivo poco disimulado de ser excarcelado por motivos de salud. A la primera sesión se presentó despeinado, casi en pijama y con un tensiómetro que se puso él mismo para mostrar a las jueces, y de paso a la prensa, que sufría problemas de presión arterial.

A partir de ese episodio, se dispuso que las sesiones duraran un máximo de dos horas y que hubiera un médico presente que controlara de vez en cuando la salud del acusado.

Sin embargo, en una ocasión fue grabado con un celular cuando, al ingresar a un hospital para chequeos rutinarios, reprendía iracundo a una enfermera tras salir de su habitación en bata porque no dejaban entrar a sus familiares.

Semanas después se difundieron otras imágenes de cómo daba una entrevista no autorizada a una emisora de radio desde el teléfono de la enfermería de la cárcel y se quejaba de que los funcionarios de la prisión lo estaban interrumpiendo desde la puerta mientras su hijo Kenji y un congresista sentados les bloqueaban el acceso de forma pasiva.

Polémicas

La referida estrategia de defensa de Alberto Fujimori coincidió con la contratación de un nuevo abogado, William Castillo, quien ha buscado desatar polémicas en torno al nuevo juicio; se ha convertido no sólo en el defensor del exmandatario, sino también en su portavoz político, al tiempo que Fujimori multiplica sus declaraciones en las redes sociales.

Castillo ha tenido agrios intercambios de críticas con varios congresistas de la bancada fujimorista, quienes le han pedido que no haga declaraciones políticas y se limite a los aspectos legales de la defensa del expresidente. Incluso, los legisladores han insinuado que el abogado busca utilizar a su cliente como trampolín para lanzarse a la política. De paso, algunos han aludido veladamente a una pérdida de facultades mentales de su líder histórico.

“Creo que los problemas de salud han quitado un poco de objetividad al expresidente y de eso se aprovecha actualmente Paco Castillo”, dijo uno de ellos, Héctor Becerril, actual portavoz de Fuerza Popular en el Congreso.

“Mucha gente lo visita y no me extrañaría que entre esas visitas haya gente opositora al fujimorismo. Él es muy vulnerable en la cárcel”, agregó otra diputada, Luz Salgado.

Por su parte, Castillo respondió: “Si yo intervengo en situaciones de política (…) es con el consentimiento, la autorización o el designio que hace Alberto Fujimori”. Y puntualizó que “él es el líder (del fujimorismo), él es el estadista, él es el exgobernante, de él hay que aprender mucho”.

Pero está claro que Alberto Fujimori no tiene la autoridad de antaño entre sus propias huestes. En una entrevista con el diario La República, el nuevo secretario general de Fuerza Popular, Joaquín Ramírez, señaló al respecto:

“Nosotros no le pedimos consejos ni guía. Por su estado de salud, lo que hace es descansar. Por ejemplo, yo no lo visito porque tengo claro que está enfermo. (…) Él no toma decisiones, eso que quede clarísimo. Nosotros recibimos propuestas, incluso de él, pero, repito, sólo propuestas”.

No obstante, unos y otros han reiterado que no existe ninguna división dentro del fujimorismo.

Con ello está de acuerdo Carlos Meléndez: “Lo que estamos viendo, más que una división o un fraccionamiento, es una resistencia que tiene que ver con el giro ideológico o programático de Keiko Fujimori”.

Tanto él como Carlos León Moya coinciden en que el Frente Avanza Libertad es un intento de Fujimori padre por mantener una cuota de poder, un elemento de negociación dentro de su movimiento político.

Moya también opina que es un “un intento de levantar en la agenda pública el indulto”.

“Tragedia griega”

Pese a la promesa electoral de Keiko de no amnistiar a su padre, el fujimorismo intentó sacarlo de la cárcel mediante un indulto humanitario alegando sus problemas de salud.

Sin embargo, el actual presidente, Ollanta Humala, rechazó la solicitud en dos ocasiones. Durante el periodo de transición de poderes, su antecesor, Alan García, le propuso liberarlo entre los dos, pero Humala se negó. Y se mantuvo en esta postura tras una nueva solicitud de indulto humanitario, lo que provocó la ira del fujimorismo. Después, el tema ha salido de la agenda pública salvo por peticiones aisladas del abogado Castillo.

Según Moya, cuando García le hizo a su sucesor la propuesta en 2011, le explicó “las bondades políticas que tenía: ‘Si indultas a Fujimori ahora, cancelamos el fujimorismo. La hija, con el padre afuera, no es nada’”.

“Como en una tragedia griega, a Keiko le es más útil tener al padre muerto o en la cárcel que vivo. Es un poco cruel pero creo que lo sabe. No digo que no lo ha batallado: ha sido muy dura con Humala en esos casos (por negarle el indulto), pero políticamente ahora es mucho más conveniente que el papá esté en la cárcel o muera en la cárcel”, sostiene el analista.

“Al electorado peruano las narrativas de drama le son muy simpáticas”, explica. Y recuerda el caso de Alan García, quien sufrió el exilio durante la época fujimorista después de haber sido una vez presidente (1986-1990) y, en el segundo intento, volvió al cargo en 2006. O el de Alejandro Toledo (2001-2006): “Su ánimo de superación, de lustrabotas a graduado en Stanford”.

Keiko y el propio Alan García son considerados como los políticos con mayores posibilidades de ganar la presidencia en las elecciones de 2016.

Pese a que García es uno de los líderes políticos que menos se proyecta en los medios de comunicación, en los sondeos se mantiene desde hace meses en las primeras posiciones de aprobación con porcentajes que rondan el 40%. La consultora Ipsos lo ubicaba en abril pasado a la cabeza con 26% de la intención de voto, tres puntos porcentuales más de los que necesitó en 2011 para pasar a la segunda vuelta y disputar la presidencia con Humala.

Fuerza Popular “es lo más cerca a un partido político que tenemos ahora. Tiene candidaturas en 15 regiones (más que ningún otro partido nacional, en un país donde las elecciones regionales y las nacionales no tienen nada que ver). Es lo más armado y lo más articulado de nuestra política”, asevera Meléndez.

El problema, añade, es que “a Keiko Fujimori le conviene la ambigüedad, no le conviene decir que ha dado la transición democrática al fujimorismo” porque necesitará para la primera vuelta el voto de ese núcleo duro albertista, que estima en torno al 6% o 7%.

“Una vez en la segunda vuelta el núcleo duro fujimorista va a votar por Fujimori, no va a votar por otro. Ahí veremos al verdadero fujimorismo keikista”, augura.

“Su vocación es más democrática que la de su padre”, quien “no tiene capacidad de enmienda, es un discurso mucho más autoritario, es más mano dura, es un discurso radical”, subraya.

Sin embargo, agrega, Keiko “ya tiene la experiencia y la capacidad de transformar el fujimorismo en un partido político distinto al que quisiera su padre”.

Pese a todo, advierte que su movimiento todavía genera mucho repudio entre algunos sectores, por lo que, “así como Humala generaba temores económicos (en las elecciones de 2006 y 2011), Fujimori genera temores políticos y democráticos”.

“Tendría que atenuar esos temores. Así como Humala tuvo una hoja de ruta económica, ella tiene que tener una hoja de ruta democrática, una hoja de ruta política.”

Para Moya, si el fujimorismo llega a ganar en 2016, “sería un caso raro, un caso de supervivencia al líder fundador de un partido casi netamente personalista. (…) Keiko intenta eso, hacer sobrevivir a un partido que está asociado a su padre”.