Partidero

Vendedores de ilusiones, de sueños y fantasías. Eso son quienes, con información proporcionada indudablemente por el Instituto del Fondo Nacional para la Vivienda de los Trabajadores (Infonavit) se presentan o se hacen pasar como “consejeros patrimoniales” de la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi). Estos individuos que no proporcionan ni su domicilio ni su número de teléfono de oficina –si acaso un número de celular–, tratan de sorprender y enganchar a personas que intentan comprar un departamento o una casa. Cuando algún trabajador o trabajadora, soltero o casado, obtiene el mínimo de puntos que demanda el Infonavit, sin importar si tiene recursos o no, recibe ofertas de vivienda a 10, 15 o 20 kilómetros de distancia del centro de la capital del estado, sobre todo en la periferia. Por lo general son inmuebles usados o en remate abandonados por sus propietarios originales –hay decenas de miles– por falta de vías de comunicaciones, vigilancia y alumbrado, agua, drenaje, escuelas, mercados y demás servicios urbanos.

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Estos “consejeros patrimoniales” y las promotoras inmobiliarias suelen hurgar en las listas del Infonavit de sus cientos de miles de afiliados. Y cuando detectan que pueden reunir 60 mil pesos se lanzan sobre ellos para encajarles un crédito que por lo general resulta oneroso e impagable. Pero a esta gente eso no le importa. Se esmeran, eso sí, en amarrar el enganche. Sobre los pagos subsecuentes, toca a los adquirientes resolver el problema; si no pueden liquidarlos, ya vendrá otro cliente. A ello se debe que muchas mujeres y hombres hayan perdido su poco capital por falta de solvencia y se han visto obligados a huir de su departamento o casa –la mayor parte de ellas son pichoneras o ratoneras–, que por lo demás carecen de lo indispensable para vivir con un mínimo de tranquilidad.

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Una vez que detectan a los clientes potenciales les entregan machotes con el logotipo y la leyenda de la Conavi y le ponen el nombre del o de la interesada con la siguiente leyenda: “Me es grato informarle que usted ha accedido al programa nacional de apoyo a la vivienda de Infonavit. Este programa de fomento a la vivienda tiene el fin de otorgarle un apoyo federal. Ayudándole a que usted pueda ejercer un crédito para vivienda de una manera adecuada y totalmente conveniente, con la mejor opción de bienestar para su familia. Es muy necesario proporcionarle personalmente la información sobre el trámite a seguir para que aproveche este apoyo de fomento a la vivienda”. Luego viene el nombre del consejero patrimonial, su firma y su número de celular. De esta manera han vendido miles de viviendas. Los ganones han sido los grandes negocios inmobiliarios; se enriquecen a costillas de quienes apenas sobreviven con lo indispensable, por lo que éstos, a los pocos meses, deciden abandonar los precarios inmuebles o bien por los múltiples problemas de estructura y falta de servicios. En suma, la siembra de pocilgas –más que casas dignas– en los antiguos terrenos agrícolas provoca un crecimiento urbano desordenado. ¿Quién pondrá freno a tan desmedida situación, en la que el pobre se hace más pobre y se le apagan sus ímpetus? Debe señalarse que algunas casas del Infonavit tienen una recámara donde apenas cabe una cama. Y olvídense de parques y jardines en el entorno…

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¿Por qué el presidente Peña Nieto, su escudero Luis Videgaray y sus corifeos se encienden cuando el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dice que México tiene un desarrollo inferior al de su país? La verdad, Brasil ha crecido a un promedio anual de 5%. En otras palabras, 28 millones de brasileños salieron de la pobreza y 30 millones más transitaron hacia la clase media. En contraste, aquí el índice de pobreza aumentó de 36.3 a más de 37%. Brasil juega en grandes ligas mundiales, tiene consolidadas empresas nacionales y marcas propias, es el tercer fabricante y vendedor de aviones comerciales (Embrear), está entre los cinco primeros exportadores de armas y su empresa Petrobras es más eficiente y menos corrupta que Pemex. De futbol, mejor ni hablar. l

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