El municipio de Guachinango ha sido escenario de dos hechos sangrientos en un siglo, asegura el cronista local Felipe Arreola. En mayo de 1914, cuenta, el bandolero Ignacio Soto tomó el pueblo y arrasó con todo. Cien años después un grupo criminal emboscó a una partida de militares. Y aunque hubo víctimas, casi ninguno era de la localidad, dice Arreola, quien el sábado 14 presentó el libro ¡Albricias, Guachinango!, un poemario del sacerdote Salvador Santiago Iglesias, oriundo del lugar. El propósito, dice, es mitigar la mala imagen que nos dejó el suceso del mes pasado.
Hace un siglo –se cumplió el 27 de mayo pasado–, el bandolero Ignacio Soto llegó temprano al pueblo de Guachinango al mando de 500 supuestos revolucionarios y lo ocupó. Dos kilómetros antes del lugar, tropas del gobierno –la llamada Acordada– que se dirigían en esa dirección fueron avisadas de que Soto había tomado Guachinango.
Desde el cerro de La Catarina, próximo al poblado, vieron cómo los bandoleros incendiaban algunas casas, desatándose luego una balacera que duró todo el día y en la que murió mucha gente, pero sólo cuatro lugareños, precisa el cronista municipal Felipe Arreola.
Al día siguiente, Soto ordenó a sus huestes incendiar el caserío. “Ardió todo el centro, sobre todo los comercios; y mientras unos queman, otros se roban a las muchachas. Huyen los bandoleros y dejan el pueblo en llamas”, llevándose a 60 mujeres, relata Arreola.
El párroco Bibiano Mena se refugió en un rancho cercano, y desde ahí vio el pueblo ardiendo. Ahí, el cura “hizo una promesa a la patrona local, Santa María de la Purificación, pidiéndole que retornaran las muchachas y que el revoltoso Ignacio Soto ya no regrese, porque amenazó con volver y arrasar con todo el pueblo”.
Soto fue detenido y fusilado en Guadalajara. El padre Bibiano cumplió su promesa, y al año siguiente, durante las fiestas patronales, se iniciaron las peregrinaciones, que consistían en que las mujeres jóvenes portaran pequeñas coronas de carrizo adornadas con coloridas flores de papel de china, iniciándose así la tradición de Las Coronas, que la gente porta en señal de agradecimiento.
Ahora, al cumplirse 100 años de aquel cruento acontecimiento –que en 1915 dio origen a Las Coronas–, se presentó en Guadalajara el libro ¡Albricias, Guachinango!, un poemario del sacerdote Salvador Santiago Iglesias, oriundo del poblado. El evento se realizó a las 19:00 horas en la capilla Elías Nandino del exConvento del Carmen, con los comentarios del poeta Fabián Muñoz y la intervención del coro de niños y adolescentes del pueblo, que lleva el nombre del guitarronista guachinanguense José Natividad Santiago.
Homenaje merecido
Felipe Arreola, cronista de Guachinango desde 1984 y actual director de la Casa de la Cultura, comenta que de los 125 municipios de Jalisco, éste y otros 14 más son los únicos que tienen un Consejo Ciudadano de Cultura, compuesto por un coordinador, un secretario, un tesorero y cinco vocales. Su función, asegura, es presentar proyectos que salgan de la ciudadanía.
Refiere también que este consejo recibió un apoyo económico tripartito, proveniente de los gobiernos federal, estatal y municipal, para presentar tres proyectos culturales, uno de los cuales es la edición del libro de poemas ¡Albricias, Guachinango!
Y aun cuando la obra literaria de Iglesias es muy conocida en Nayarit, donde reside el autor, quien ha ejercido el sacerdocio durante casi 60 años, es casi desconocida en su tierra natal. Por ello, el Consejo Ciudadano de Cultura de Guachinango decidió difundirla en el municipio donde nació y en todo Jalisco.
El maestro Arreola le pidió a Iglesias una recopilación de sus poemas para publicarlos en un libro que abarca temas sobre Guachinango, así como de la familia, la patria, el sacerdocio y la imagen de la patrona del lugar, La Purificación, La Pur, como se le conoce popularmente.
Para la edición, se le entregaron 40 mil pesos y el consejo puso el dinero restante para imprimirlo en papel couché. El volumen va acompañado de fotografías a color tomadas por el propio Arreola. Se hicieron dos tirajes, uno rústico y otro en pasta dura.
El libro fue presentado por primera vez el 3 de febrero pasado en la plaza principal de Guachinango y, según el cronista, ha tenido mucho éxito de venta. Los fondos, asegura, sólo son para recuperar lo invertido, pues no hay afán de lucro.
Iglesias, quien cumplirá 80 años el miércoles 18, ingresó al Seminario Conciliar de Santa María de Guadalupe, en Tepic, Nayarit, en octubre de 1946. Luego pasó al Seminario Nacional y Pontificio de Montezuma, Nuevo México, donde empezó a escribir crónicas y poemas que aparecieron en distintas publicaciones de la institución.
En 1957 fue ordenado sacerdote, y enviado a la catedral y al seminario de Tepic, donde ha vivido desde entonces y ha ocupado diversos cargos en la diócesis de ese lugar. En 2006 el Papa Benedicto XVI lo nombró monseñor.
Iglesias escribe primordialmente poesía épica y lírica, y ha ganado varios premios: en 1972 se adjudicó el Amado Nervo en el centenario de su nacimiento; en 1983 obtuvo el primer lugar en el certamen de poesía de las fiestas de Guachinango, y en 1991 la presea anual de poesía nayarita de la Fundación Cultural Doctor Julián Gascón Mercado, entre otros.
Para el autor, dice Arreola, “la literatura es la más universal de las artes, ya que el usar el lenguaje, la palabra oral y escrita, viene a ser la necesidad vivencial más requerida por el hombre”.
Añade que a pesar de que Iglesias ha residido la mayor parte de su vida en Nayarit, no ha perdido el vínculo con su pueblo natal, al que visita durante las actividades más importantes; incluso ha participado en los acontecimientos más relevantes de la comunidad. Además, ha exhortado a la gente para que conserve la fisonomía del pueblo, y no sustituya los tejados por techos de ladrillo o concreto, e influye en las decisiones de las autoridades en aspectos que afectan a la ciudadanía.
Con respecto a la estructura del libro, Arreola indica que los títulos de cinco de los seis apartados en que se divide fueron tomados directamente de algunos versos de los poemas; el último, titulado “Colofón”, contiene poemas dedicados por el autor a su propia muerte.
Coincidencias
Se le comenta al cronista la coincidencia del incendio intencional perpetrado por Ignacio Soto hace 100 años, con el incendio y ataque a militares por parte de miembros del crimen organizado ocurrido el 12 de mayo último en el crucero La Estancuela, bajo el arco que da la bienvenida al municipio de Guachinango.
“La historia es cíclica”, dice Felipe Arreola, y recuerda las coincidencias de la guerra de Independencia y la Revolución. “Hace 100 años Guachinango vivió tres días de zozobra, y en el mismo mes: mayo. Cien años después, el municipio vivió nuevamente un hecho de sangre los días 12, 13 y 14 de mayo. Nadie salió de sus casas y las clases se suspendieron. Cuatro soldados murieron en esta ocasión. El 27 de mayo de 1914 fallecieron cuatro personas inocentes, originarias de Guachinango. “No sé cómo se le llama a eso; quizá coincidencias. A mí me sorprende”, refiere.
Precisamente el 28 de mayo último el cronista de Guachinango dictó una conferencia en el jardín principal sobre la toma del pueblo por parte de Ignacio Soto y sus huestes 100 años atrás.
Como director de la Casa de la Cultura, dice estar convencido de que “sólo la cultura nos puede salvar” de la violencia. “Es el medio para hacer consciencia en la gente de que es mejor vivir en armonía que crearle problemas a la sociedad”.
Señala que los sucesos del 12 de mayo último le reconfortan como cronista. Se dio cuenta, insiste, que Guachinango sólo prestó el escenario para que ese hecho violento ocurriera, pues ninguna persona originaria de ahí estuvo inmiscuida. Los involucrados, agrega, no eran del municipio.
Y concluye: Una de sus responsabilidades como cronista “es difundir a Guachinango, pero en sus valores que tiene, darlo a conocer por lo bueno: sus minas, sus bosques, su templo forrado de pedacería de porcelana, sus personajes, sus dulces de guayaba, sus tradiciones, etcétera. Y me entristece que Guachinango sea noticia por lo ocurrido el 12 de mayo pasado. Espero que la presentación del libro ¡Albricias, Guachinango! en Guadalajara contribuya a mitigar la mala imagen que nos dejó ese suceso”.








