Con el título en portada de “Juegos perversos. Aristóteles y los medios”, el número 500 de Proceso Jalisco (8 de junio, de 2014) presentó tres trabajos periodísticos que describen prácticas de colusión entre el poder público y los medios de comunicación en el estado. El tema es grave y preocupante, aunque se trate de la remasterización de una vieja película: la colusión que aceita al sistema y lo hace funcionar a favor de los grupos poderosos.
En la débil democracia mexicana los reacomodos y los ajustes entre medios y poder son cíclicos, y siempre –tarde o temprano– llevan al mismo lugar: a la complicidad, a la complacencia, a los arreglos convenientes entre poderes; pero hay estilos.
La relación del actual gobierno de Jalisco con los medios, bien captada en el reportaje de Proceso Jalisco, es de férreo control ante la crítica a la administración del gobernador Jorge Aristóteles Sandoval (al menos en portadas y programas de amplia audiencia), de vigilancia y marcaje a reporteros incómodos, de cooptación de periodistas (con premios) o de su anulación o congelamiento (castigos); de suministro estratégico de la publicidad oficial (un salvavidas para muchos, en medio de la crisis financiera que sufre el sector) y, algo que es novedad en Jalisco, de reacción inmediata ante la menor crisis, con fórmulas de Cuarto de guerra (no es metáfora) para neutralizar, minimizar o enterrar los asuntos que se salen del control.
El “sello de la casa” se dejó ver desde el proceso electoral de 2012, que estuvo terriblemente viciado, según lo vivieron numerosos periodistas, que los llenó de un sentimiento de náusea, frustración, impotencia, tristeza; incluso de resignación ante el control total en materia de información, lo mismo en medios comerciales que en aquellos de carácter público. Lo que vimos en materia de control informativo en 2012 (tanto en Jalisco como a nivel federal) fue sólo un anticipo: el huevo de la serpiente.
Después de 18 años de vaivenes, traspiés y contratiempos en el manejo de la comunicación social de los funcionarios del PAN en Jalisco, el regreso del PRI incluyó sus prácticas de control informativo, ahora refinadas y selectivas, y aunque prevalecen las pequeñas compensaciones para los reporteros de “la lista”, no son el mecanismo de control más importante.
Desde el proceso preelectoral de 2012, las piezas se empezaron a alinear en torno al candidato que hoy gobierna. La cobertura de los medios fue ensombrecida por la búsqueda de la millonaria publicidad (propaganda). Para los reporteros que iniciaron su carrera en la década de los noventa, esta fue, sin duda, la experiencia de censura y parcialidad más descarada que hubieran conocido hasta entonces. Los periodistas más experimentados sólo vieron regresar viejas prácticas de control, aderezadas con tácticas del marketing político. En apariencia es la normalización de la censura, ante la aplicación desde el poder político de la máxima “están conmigo o están contra mí”, y ante la exclusión en las empresas de medios de todo aquel que no siga las reglas del que paga la música.
Sin embargo, por eficiente que sea el control, el descontento que se acumula (entre los ciudadanos y los propios periodistas) terminará por manifestarse. El periodismo crítico también está en escena, marginado, pero en escena. Si los medios informativos también viven de la credibilidad, algo tendrán que hacer para recuperarla. Espero que sea periodismo. l
*La doctora María Elena Hernández Ramírez es profesora investigadora especializada en medios del Departamento de Estudios de la Comunicación Social y fundadora de la Coordinación de Comunicación Pública de la Universidad de Guadalajara.








