Cuando “el arte es ética”

VALPARAÍSO, CHILE.- Ad augusta per angusta es la obra más lograda y comentada del artista visual Francisco Tapia, Papas Fritas, quien ha hecho del arte vinculado con las luchas sociales y políticas chilenas, su sello distintivo.

En la VI Bienal de Arte Contemporáneo (2008) se tatúo en la espalda el logotipo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y se ofreció desnudo, atado de manos a un travesaño, para ser golpeado a latigazos a quien estuviera dispuesto a pagar un dólar por hacer eso. Buscaba ridiculizar las políticas culturales basadas en fondos concursables.

Aquel mismo año causó revuelo cuando en su exposición La isla de Papas Fritas, en el en Museo Nacional de Bellas Artes, ridiculizó a la entonces ministra de Cultura, la actriz Paulina Urrutia, esculpiéndola como la santa chilena Sor Teresa de Los Andes. Luego de hacer una procesión con “fieles” que le hicieron mandas para ganarse un fondo de cultura, lanzó la obra al río Mapocho.

En 2010 fue elegido entre los 10 mejores artistas de la Bienal 798 de Beijing gracias a un video de un hoyo que unía a China y Chile a través de teléfonos hechos con tarros de café.

En 2012 expuso un hueso calcinado de uno de los 81 reos muertos en el incendio de la cárcel de San Miguel y ha acompañado, con diversas acciones, la lucha de los familiares de éstos por alcanzar justicia.

Papas Fritas es un artista autodidacta que proviene de una humilde familia avecindada en la comuna de San Miguel (en el sur de Santiago). Ha encontrado en los performances y en las instalaciones artísticas un camino de expresión.

En entrevista con Proceso, Papas Fritas dice que en las últimas semanas “ha recibido el amor de mucha gente”, pero advierte que la atención de la cual ha sido objeto tiene sus peligros. “He tratado de mantener templanza para no caer en el egocentrismo”, comenta. Y señala lo que más desea: que su obra “se traspase a mi pueblo, hacia mis amigos, a mis hermanos”.

–¿Cómo nace la idea de realizar Ad augusta per angusta?

–Nace básicamente inspirada en el movimiento estudiantil. Pienso que gracias a éste comenzamos nuevamente como pueblo a reunir un poco de fuerza y perder el miedo a la dictadura constante a la que hemos estado sometidos. Me refiero no sólo a la dictadura mundialmente conocida de Augusto Pinochet Ugarte, sino también a la dictadura del sistema neoliberal, del sistema capitalista, el cual ha estado violando a los pueblos de Chile con una violencia estratégica, psíquica y física constante.

“En ese contexto nace la idea de construir una obra que pudiera contribuir al movimiento estudiantil en su lucha por conseguir una educación gratuita y porque fueran implementados los derechos básicos, que hemos estado perdiendo con estos gobiernos que tenemos que son parte de la endogamia del sistema capitalista.”

–¿Qué motiva esta obra?

–La inspiración es más que nada emocional: se origina en lo vivido con los estudiantes de la Universidad del Mar mientras éstos permanecían en toma (2013). Ellos son un emblema de lo que es la violación a los estudiantes en Chile: se les dejó botados, aniquilados; se les asesinó socialmente.

–¿Cómo se fue desarrollando esta propuesta? ¿Cuáles son los hitos más importantes?

–Los jóvenes de la Universidad del Mar, que pertenecen a la clase trabajadora, fueron tan dañados que esto me tocó superfuerte en lo emocional. Entonces viví un proceso que podríamos definir como de contemplación política. Terminado este proceso, me propuse hacer una acción de arte específica que pudiera afectar la realidad. Para conseguirlo, me fui nutriendo de información proveniente de los medios de comunicación independientes y me asesoré lo más posible. Entonces, fui directamente a sacar de la Universidad del Mar los pagarés.

“Luego, en un proceso de meses fui quemándolos, lo que implicaba quemar la deuda de los estudiantes. Quemé la estafa que se ha ido realizando a los estudiantes.”

–¿Cuál es el significado de exponer los pagarés quemados en un gran centro cultural, como el Gabriela Mistral?

–Para mucha gente la única forma de entender el arte es la belleza; siempre lo han comparado con la belleza. Para mí el arte es ética. Pero creo que esta vez coincido con la gente que dice que el arte es belleza, porque para mí esto que hemos hecho ha generado belleza inconmensurable… no es una ilusión. Lo realizado supone una gran victoria que llena mi corazón de felicidad. Me alegra haber podido generar la belleza de poder creer que nosotros, como pueblo trabajador, podemos ser los gobernantes de esta sociedad y emanciparnos de este control, de la violencia, de la represión constante que ejercen y han ejercido los gobiernos y el Estado chileno.

–¿Cuál es el sentido íntimo y final de esta obra?

–Es un regalo para que posteriormente los movimientos sociales, la clase trabajadora, anule la concepción de esta obra como un gesto heroico de mi parte, y que ahora venga algo mucho más grande que esto, lo que se logrará solamente reuniendo el cuerpo social. En este momento estamos con este brillo de esperanza que nos da el corazón, para poder crear este camino y poder recuperar el cuerpo social que ha sido mutilado.

Papas Fritas afirma que su proyecto de arte “está lleno de sentido simbólico, pero es completamente literal: dice claramente lo que es y lo que no es. No tiene un trasfondo restringido a personas hiperletradas que puedan leerla, sino que el material está ahí. La información está ahí. Ahí está todo dispuesto para que la gente lo pueda entender”.

“Simbólicamente –añade–, hay muchas lecturas por detrás que son las lecturas históricas y contingentes. Pero esto no es una noticia, un momento noticioso, sino que hay una historia por detrás que ha generado que tengamos una estructura de poder como la que tenemos y un sujeto social afirmando esta estructura. Creo que ahí está la lectura semiótica que uno podría encontrar de esta obra. Claramente hay una comprensión del arte profundamente abrazado de lo político y lo social. Hay que decir que en Chile y a nivel internacional se ha perdido el sentido del arte como un trabajo para y en conjunto con la sociedad.”

–Cuál es la relación central del proyecto Ad augusta per angusta con el resto de tu obra?

–Los trabajos anteriores han sido un campo de ensayo para poder llegar a esto. Siempre había querido llegar a trabajar con un proyecto de obras que puedan interferir e influir en la realidad.

–¿Cómo espera que se despliegue en el futuro este trabajo?

–Lo que pido es que esta obra se colectivice y que pierda la autoría. Esta obra ya dejó de ser mía: es de un sinnúmero de amigos, compañeros, que se han alineado con el fondo del asunto, que es lo político, que es la lucha contra las injusticias sociales que tenemos en Chile y que van más allá de la educación. Mi obra apunta a las estructuras de poder de la oligarquía, a las estructuras de la economía, de la prensa que juega con nosotros.