Propone arrebatar a los circos los animales-espectáculo

Señor director:

Me dirijo a usted atendiendo la invitación que en días pasados recibimos los asistentes a la función del Circo Chino de Pekín ofrecida en Ciudad Juárez. El presentador del espectáculo nos pidió que diéramos testimonio de lo que vimos, y es eso precisamente lo que haré a continuación.

 Poco después de terminar el acto de cebras y dromedarios, se nos hizo saber que los animales no presentaban señales de maltrato, que tampoco dejaban ver una conducta “huraña y violenta”, propia de las bestias víctimas de golpes o entrenadas a base de negarles alimento. Se hizo hincapié en la postura de la empresa contra la violencia animal y el tráfico de especies exóticas o en vías de extinción. Por último, amablemente se nos instruyó sobre la procedencia de las criaturas, asegurándosenos que ninguna fue apartada de su hábitat y que todas se adquirieron en criaderos de México y Estados Unidos.

 No tengo elementos de peso para contrariar alguna de estas afirmaciones. Sería irresponsable hablar de lo que parece ser; no soy especialista en zoología o medicina veterinaria; si nos desplazáramos en el terreno de la especulación, diría que en ese circo hay un grupo de acróbatas que ejecutan actos sumamente peligrosos y parecen ser menores de edad.

Pero sí puedo opinar con certeza que hubo falta de respeto al criterio de los espectadores. ¿Se asiste a una función de circo o se va a ser adoctrinado? Antes de entrar a la carpa, un enorme cartel exhibe la inducción: “El circo es un arte y el arte es cultura”. Después de hablar del evidente bienestar de los animales circenses, el presentador cuestionó a organizaciones que reprueban los métodos seguidos por domadores y entrenadores. ¿A quién se dirigía en realidad? ¿Había interlocutores que en ese momento pudieran debatir?, o ¿sólo se buscaba llevar a la audiencia a un aletargamiento del juicio?

 Como dije, no cuento con los elementos para saber cómo luce una jirafa enferma y torturada; empero, me parece inaceptable pensar que, a pesar de recibir un excelente trato –como sostiene el Circo Chino de Pekín–, sea lo óptimo para un animal viajar de una ciudad a otra en vehículos-prisiones, presentarse dos veces al día en un escenario ruidoso y repleto de reflectores, en climas extraños y, para rematar, ejecutando suertes y trucos que no son precisamente cómodos.

 Dudo que la naturaleza, Dios, la evolución, el orden cósmico o como quiera llamársele, diseñara organismos tan complejos para divertir a las personas. Animales perfectamente alimentados, cuidados y amaestrados son vulnerados en sus derechos inherentes de seres vivos. Podríamos discutir si los seres irracionales tienen derechos, si los circos rescatan especímenes de ser cazados, y también podríamos perder el tiempo dilucidando si el hombre puede o no manipular la naturaleza para hacer ciencia o arte.

 Me queda claro que los espectáculos circenses no se reducen a actos con animales. Sé que antípodas, malabaristas, payasos, trapecistas y otros acróbatas obtienen el sustento de su trabajo, que es muy digno. Mas de ahí no se desprende que todo lo que suceda en la pista sea loable.

 Creo firmemente que es esencial llevar una sola vez en vida a los niños al circo, para después explicarles conceptos elementales de biología y ecología, además de mostrarles material que documenta el maltrato histórico que los circos “del pasado” propinaban a sus animales –los soviéticos eran maestros en el adiestramiento de osos bailarines, por poner uno de muchos ejemplos–. Haciendo, pues, eco de la exhortación recibida, y no teniendo la posibilidad de manifestar mi rotundo desacuerdo con el florido discurso del presentador, escribo estas líneas con la esperanza de que siga avanzándose en la legislación mexicana para arrebatar los animales-espectáculo, de una vez por todas, a los circos que se presenten en nuestro territorio, aceptando que ha habido logros significativos en algunos estados de la República.

Atentamente

Doctor Jorge Ordóñez Burgos